Por qué el judaísmo dice no a los pequeños hurtos


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Una iniciativa que, más de una década después de su creación, sigue encendiendo corazones y hogares con una idea simple pero transformadora.
Este Shabat, cuando en las sinagogas del mundo se lea la parashá Vaierá, millones de judíos en más de 90 países se preparan para una experiencia compartida: el Shabat Project 2025, una iniciativa que, más de una década después de su creación, sigue encendiendo corazones y hogares con una idea simple pero transformadora: vivir un Shabat completo, todos juntos, tal como la Torá nos lo enseña.
El proyecto nació en 2013 en Sudáfrica, impulsado por el rabino Dr. Warren Goldstein, entonces Gran Rabino de ese país. Su propuesta era modesta en apariencia: invitar a cada judío practicante a acercarse a alguien de su entorno —un amigo, un familiar, un compañero de trabajo— que tal vez se había alejado de la observancia, y ofrecerle compartir un solo Shabat. No un compromiso a largo plazo, no una revolución en el estilo de vida, sino una oportunidad de experimentar la paz, la santidad y la alegría de veinticinco horas desconectadas del mundo y conectadas con el alma.
El impacto superó todas las expectativas. Las calles de Johannesburgo y Ciudad del Cabo se llenaron de mujeres amasando jalot juntas, miles de familias abrieron sus mesas para recibir invitados, y un país entero descubrió que la magia del Shabat puede ser contagiosa. Al año siguiente, comunidades de todos los continentes se sumaron, y lo que había sido una experiencia local se convirtió en un movimiento global.
Hoy, el Shabbat Project es celebrado en grandes centros urbanos y en pequeñas comunidades, en sinagogas ortodoxas y en hogares donde apenas se encienden las velas por primera vez. Cada participante lo vive a su manera, pero todos comparten una misma intención: detener el tiempo y encontrarse, por un día, con lo que realmente importa.
Este año, sin embargo, el Shabbat Project 2025 llega con un tono especial.
El pueblo judío, en Israel y en la diáspora, sigue marcado por los duros acontecimientos de los últimos dos años. La tragedia del 7 de octubre abrió una herida profunda que aún no termina de cicatrizar. Durante meses, el clamor por el retorno de los secuestrados se convirtió en un símbolo de unidad y esperanza. En paralelo, crecieron los episodios de antisemitismo en ciudades donde los judíos se sentían seguros, recordándonos que la solidaridad y la fe son hoy más necesarias que nunca.
En medio de ese panorama, el Shabat se transformó en refugio.
Para muchas familias, especialmente aquellas con seres queridos secuestrados, cada encendido de velas fue un acto de resistencia espiritual, una súplica envuelta en esperanza. Tomar sobre sí el Shabat se convirtió en una forma de conexión: con Di-s, con la comunidad, con las raíces. Y cuando finalmente llegaron las noticias de las liberaciones, el agradecimiento inundó los corazones. Hubo lágrimas, abrazos, tefilot. Hubo un sentimiento compartido de haber presenciado algo que roza lo milagroso.
Por eso, este Shabat Project 2025 será, más que nunca, un Shabat de agradecimiento.
Agradecimiento por la vida, por la fe, por la fuerza interior que sostiene a un pueblo entero incluso en sus horas más oscuras.
Y también será un Shabat de reafirmación: de volver a mirarnos unos a otros y recordar que, más allá de nuestras diferencias, somos una sola familia.
El mensaje del Shabat Project nunca fue sectario. No exige etiquetas ni niveles de observancia. El único requisito es el deseo de participar. Cada quien puede sumarse desde donde esté: encendiendo las velas, compartiendo una comida familiar, evitando el celular por un día, o simplemente deteniéndose a reflexionar sobre el sentido del descanso. El Shabat no pide perfección; pide presencia.
En cada hogar, el Shabat representa una pausa necesaria, un respiro en medio del ritmo de la semana. A menudo lo vivimos como una experiencia íntima y personal. Sin embargo, en pocos días tendremos la oportunidad de transformarlo en algo más grande: una vivencia compartida, un gesto colectivo de unión en torno a un símbolo milenario.
Para quienes deseen participar, el sitio www.theshabbosproject.org ofrece información, recursos y materiales en distintos idiomas y niveles, para que nadie quede afuera. En Latinoamérica, numerosas comunidades se están preparando con eventos previos, amasados de jalá comunitarios y actividades para toda la familia.
Las fechas están marcadas: 7 y 8 de noviembre de 2025, Shabat Parashá Vaierá.
Pero más allá del calendario, la invitación es atemporal: dejar entrar al Shabat, y dejar que el Shabat entre en nosotros.
Porque, después de todo, el Shabat no es sólo un día de descanso. Es un recordatorio semanal de quiénes somos y de hacia dónde queremos ir. Y cuando lo vivimos juntos, el milagro se multiplica.
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