La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La porción de la Torá de esta semana contiene la dramática historia de Nadav y Avihú, dos de los hijos de Aharón, quienes ofrecieron un fuego extraño ante Dios. Esto fue tan inaceptable que un fuego los consumió en el acto y murieron. El Midrash (Ialkut Shimoni 524) sugiere siete razones por las cuales los hijos de Aharón podrían haber merecido la muerte:
Aunque estas razones parecen no estar relacionadas, podemos sugerir que todas derivan de una misma falla fundamental. Nadav y Avihú eran grandes personas y eran conscientes de su elevado nivel espiritual. Sin embargo, sentían que ya habían alcanzado la cima de su desarrollo, y por lo tanto no necesitaban seguir creciendo ni mejorando. Este error fue la raíz de todas las posibles razones de su muerte:
Ahora que vemos el origen común de estas siete razones, examinemos otro detalle. La Torá nos dice (Levítico 10:2) que un fuego consumió a Nadav y Avihú después de ofrecer su sacrificio extraño. Según el Ialkut Shimoni, este fuego provenía del Kódesh HaKodashim (Santo Sanctorum). ¿Por qué es relevante saber su origen?
El Kódesh HaKodashim contenía un solo objeto: el Arca Sagrada. A diferencia de los demás utensilios del Templo, sus medidas eran fraccionarias: 2,5 × 1,5 × 1,5 codos (Éxodo 25:10). Según el comentarista Kli Iakar, estas medidas fraccionarias nos enseñan que siempre debemos sentir que nos falta algo en nuestra sabiduría. Cada dimensión del Arca transmite una dimensión diferente de esta lección. La altura indica que nos falta profundidad de conocimiento; la longitud indica que nos falta amplitud de conocimiento; y la anchura indica que nos falta comprensión.
En hebreo, la palabra midot significa tanto “medidas” como “rasgos de carácter”. Por eso, el fuego que consumió a Nadav y Avihú provenía del Kodesh HaKodashim, el lugar donde reposaba el Arca. El Arca, con sus medidas fraccionarias (midot), nos enseña que nosotros también somos “fraccionarios”: carecemos de conocimiento de la Torá y somos imperfectos en el refinamiento de nuestro carácter (midot). Nadav y Avihú pensaron que ya habían alcanzado la perfección. El origen del fuego que los consumió demostró que aún tenían trabajo por hacer.
Si esta lección era relevante para personas tan grandes como Nadav y Avihú, cuánto más lo es para nosotros. Aunque debemos alegrarnos por nuestros logros positivos, nunca debemos caer en el orgullo. No debemos sentirnos tan satisfechos con nuestros logros que perdamos el deseo de superarnos y seguir creciendo.
Que siempre anhelemos ir más allá de nuestro nivel actual, y que por el mérito de esta actitud, pronto merezcamos ver el regreso del Arca, con la construcción del Tercer Templo.
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