Los iraníes celebran la muerte de Khamenei, pero algunos periodistas occidentales lloran


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La carga y el privilegio de ser judía e israelí.
Hay cierta pesadez en ser israelí.
Es entender el peso de la guerra siendo niña, pero que nunca te permitan ser la víctima. Es aprender a llorar y seguir adelante tras pérdidas devastadoras, aunque el mundo te niegue la oportunidad de expresar tu dolor. Es crecer con desapego y endurecida por traumas que mis amigas ni siquiera pueden llegar a imaginar. Es aprender a ser resiliente porque no tienes otra opción.
Siempre he sentido esta pesadez.
Aunque amaba a Israel, a veces me preguntaba si sería más fácil si hubiese nacido en otro lugar.
Es aprender a mentir sobre tu lugar de origen cuando estás en el extranjero a los seis años, para evitar ser agredida físicamente. Es que tu pasaporte sea escupido a los catorce por un oficial de inmigración que desea que “ardas en el infierno” simplemente por existir. Es que alguien a quien admirabas te diga a los dieciséis años que tú y tu país no existirán cuando tengas treinta. Es ser siempre el villano en la historia de otra persona, sin tener nunca la oportunidad de compartir la tuya.
Aunque amaba Israel, a mi familia y a mi país, al crecer en la Diáspora a veces deseaba una identidad que fuera un poco menos pesada. ¿Acaso sería más fácil si hubiera nacido en otro lugar? ¿Revelar mi nacionalidad limitaría mis oportunidades de hacer amigos? ¿Comprometería mis notas y mi futuro?
En ocasiones, la respuesta claramente era que sí: mi vida habría sido más simple si no fuera israelí.
Al ver mi identidad convertirse en un insulto, comprendo que muchos en la comunidad judía han sentido el peso de la palabra “sionista”. Cuando la escucho, imagino que se siente tal como sonó durante siglos la palabra “¡judío!”: algo que debía ocultarse y de lo que tenías que avergonzarte.
Mi generación (y honestamente la generación previa) ha redefinido a "sionista" como “colonizador”. Me he visto obligada a debatir con mis pares sobre este tema, incluso antes de esta guerra, especialmente sobre si tengo derecho a existir. A lo largo de mi vida, me han preguntado una y otra vez: “Bueno, pero no eres sionista, ¿verdad?” Y sé que muchos piensan que dado que soy sionista, no debería tener el privilegio de estar en la misma aula que ellos.
Desde gritar “resistencia por cualquier medio” hasta atacar físicamente a mis compañeros judíos, la mayoría ha dejado claro que son anti-sionistas.
Desde gritar “resistencia por cualquier medio” (que incita a la violencia y el terrorismo contra un pueblo) hasta atacar físicamente a mis compañeros judíos, la mayoría ha dejado claro que son anti-sionistas.
Aunque muchos lo redefinieron como “supremacismo blanco”, el sionismo es simplemente la creencia de que Israel tiene derecho a existir. El sionismo es la idea de que los judíos, expulsados por el exilio a integrarse a múltiples tierras donde fueron tratados como extranjeros, tienen derecho a la autodeterminación y a un Estado en su patria ancestral, la Tierra de Israel. Para mí, ser israelí es tener este principio como pilar de mi identidad y nacionalidad.
Claro que se puede criticar al gobierno de Israel y sus políticas (y muchos israelíes lo hacen), pero las críticas al gobierno israelí y al sionismo a menudo se convierten en chivos expiatorios para el odio que existe en el mundo. Cuando el discurso se convierte en “ojalá Hitler todavía estuviera aquí”, o alguien en mi clase enfatiza que sería justicia que me asesinara un terrorista, comprendo que ser israelí significa ser visto como subhumano.
Mucho antes de que Israel renaciera, se acusaba a los judíos de ser causa de sus propias desgracias. Como resultado, muchos se distanciaron de su identidad judía o eligieron ocultarla, incluso convirtiéndose a otra religión, lo cual no ayudó cuando los nazis tomaron Europa.
Así como los judíos en un momento se alejaron de su tribu buscando protección, ahora también se alejan de Israel.
Me duele escribir esto, pero veo paralelos en la comunidad judía internacional actual. Así como los judíos en un momento fueron culpados por el antisemitismo, ahora tanto no judíos como judíos anti-sionistas culpan a Israel. Desde el 7 de octubre, he tenido a un judío anti-sionista tras otro diciéndome que la existencia de Israel, y su negativa a ceder a demandas de destrucción, es la razón por la que son discriminados en la Diáspora. Como resultado, así como los judíos en un momento se alejaron de su tribu buscando protección, ahora también se alejan de Israel.
El despertar que hemos visto en el mundo en el último año demuestra que eso no los salvará. Ya sea el estatuto original de Hamás, el lema de los hutíes, o la retórica pro-Hitler en protestas occidentales, tarde o temprano nos verán a todos como iguales.
Irónicamente, el antisemitismo que sufren los israelíes a menudo es ignorado por el resto del mundo judío. Aunque los judíos somos mayoría en Israel, somos una minúscula minoría en el Medio Oriente, enfrentando un antisemitismo y odio que supera al de generaciones previas, quizás comparable sólo con la era nazi.
Cuando los terroristas de Hamás atacaron el 7 de octubre para matar, secuestrar y violar civiles, creían que iban “hacia el paraíso”. No les bastaba sólo con asesinarnos: destrozaron nuestros cuerpos para que muramos de la forma más dolorosa, porque en su mundo destruir a los israelíes es redención. De ataque terrorista en ataque terrorista (lo que mis compañeros celebran y llaman “Intifada”), parece que una parte no despreciable de la gente mataría israelíes si pudiera. Se ha normalizado tanto, y se justifica moralmente, que el mundo lo acepta como un punto de vista legítimo, incluso en instituciones como las universidades de elite, la ONU y la CPI.
El quiebre del colectivo de identidad judía, que ve el sionismo como parte integral de nuestra identidad tribal, corre el riesgo de llevarnos de vuelta a tiempos oscuros, porque legitima narrativas falsas como los Protocolos de los Sabios de Sión y otros relatos antisemitas del pasado. Los estereotipos antisemitas de los nazis ya están vivos en nuestras universidades. Profesor tras profesor, administrador tras administrador, estudiante tras estudiante en Columbia han dejado claro que, para ellos, es completamente legítimo expresar que los judíos son codiciosos y ambiciosos de poder.
El antisemitismo ha alcanzado su máximo nivel desde la era nazi porque este odio ha unido al supuesto progresismo liberal con el islamismo fundamentalista radical, cuyos valores contradicen lo que los progresistas dicen defender. El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, envía su saludo a los estudiantes universitarios de Estados Unidos en X (Twitter), mientras asesina estudiantes universitarios en Irán por protestar contra la persecución religiosa.
Para que nuestra generación sobreviva a esto, judíos sionistas y no sionistas deben unirse.
Al vivir este período de antisemitismo rampante, algo que mis antepasados conocieron muy bien, entiendo que mi vida no sería mejor si hubiese nacido en otro país. Al crecer en la Diáspora y relacionarme con gente de todas las tendencias, cada aspecto de mi identidad fue vilipendiado, politizado y excluido. Cada argumento que hice fue descartado a causa de mi nacionalidad. Incluso en la universidad, profesores bienintencionados me aconsejaron ocultar mi nacionalidad para no ponerme en peligro. Al perder amiga tras amiga, mentor tras mentor, tristemente comprendí que tenían razón.
Soy israelí. No lo elegí, pero si hubiera podido elegir, no habría elegido ninguna otra cosa.
Pero, ¿cómo podría ocultar quién soy?
Soy israelí. No lo elegí, pero si hubiera podido elegir, nunca habría elegido ninguna otra cosa.
¿Cómo ocultar algo de lo que no tengo por qué avergonzarme? ¿Cómo mentir sobre un país que amo tanto? ¿Cómo pedir perdón por ser la realización del sueño de mis antepasados, que sufrieron y construyeron esperando que un día sus descendientes regresaran a salvo a su patria?
Y como nuestros ancestros previamente, aprendí que ser israelí es aprender a amar a través de cada desafío. Elegir luchar en nombre del amor frente al odio que el mundo te muestra.
En Israel, cuando la gente protesta, no es por el odio que he visto en otras naciones, sino por amor. En las manifestaciones, los israelíes llevan y ondean la bandera porque amamos incondicionalmente nuestro país y lo que él representa. No es perfecto, pero es nuestro hogar, y aunque como israelí nacida en el siglo XXI siempre he conocido Israel, llevo el peso de las generaciones anteriores y entiendo lo que significa no tener este hogar.
Es saber que aunque no te lleves bien con alguien, cuando es importante y cuando algo sale mal, los israelíes siempre se respaldan mutuamente. Somos de los pocos pueblos del mundo que realmente entiende que somos más fuertes unidos.
Ser israelí es llorar cada pérdida como si fuera de tu propia familia.
Ser israelí es devolver mil terroristas por sólo uno de los nuestros, porque no dejamos a nadie atrás.
Ser israelí es tener setenta y cinco años y ofrecerte como voluntario para luchar contra los terroristas de Hamás que invaden un pueblo y queman a vivos a sus habitantes vivos.
Ser israelí es llorar lágrimas de alegría cuando uno de los nuestros vuelve a casa, como si fuera tu hijo o hija que estuvo secuestrado.
Israel no es perfecto, pero es el hogar que recuperamos y que nunca, jamás volveremos a perder. Es un honor tener el privilegio de llevar este peso.
Ser israelí es elegir correr directamente hacia Israel cuando está en llamas, en lugar de huir, sin importar lo abrumador y peligroso que sea.
Israel no es perfecto, pero es el hogar que recuperamos y que nunca, jamás volveremos a perder. Es un honor tener el privilegio de llevar este peso.
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La comunidad judía mundial está dividida: entre quienes esperan sobrevivir a esta ola de antisemitismo distanciándose de Israel, y quienes han decidido no temer, sino mantenerse firmes ante el odio mundial. Pero no importa en cuál grupo estés. Ya sea que la narrativa diga que los judíos son codiciosos de dinero o poder, sionistas o no, los judíos siguen siendo codiciosos de dinero y poder. Si muestran a israelíes o sionistas como animales en los pósteres, siguen siendo esos mismos tropos nazis que una vez se usaron para exterminar a un tercio de nuestro pueblo.
El odio abrumador en medios de comunicación y periódicos es difícil de soportar, pero exactamente por eso debes resistir.
El 7 de octubre sentimos juntos el impacto, lloramos, nos sentimos devastados… pero la mayoría del mundo no lo sintió con nosotros. Algunos, tus compañeros de trabajo, tus amigos de clase, lo celebraron. Otros encuentran formas de deshumanizar lo que nos pasó, como si nuestras vidas fueran una especie de juego.
Aunque jamás hayas vivido ni visitado Israel, como judío los antisemitas te confunden con nosotros, por eso eligen protestar ante sinagogas o en barrios judíos.
Israel no es tu problema. Los antisemitas sí lo son.
De hecho, Israel es lo único que impide que se repitan las tragedias que han perseguido a los judíos por siglos. Por primera vez, nosotros, el pueblo judío, protegemos a los nuestros. Y lo hacemos junto a millones de árabes musulmanes, cristianos, drusos y otros conciudadanos. Cuando los antisemitas vengan por ti (y un día vendrán, ya sea en una década o en un siglo), no cedas ante sus mentiras. Mantente erguido.
Eres un israelí honorario, y no deberías avergonzarte de ello. Debería ser una insignia de honor.
Me siento honrada de llevar junto a todos ustedes el peso de ser judía e israelí.
Extraído de "Young Zionist Voices: A New Generation Speaks Out" (New York: Wicked Son, 2024), editor David Hazony.
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Comprendo muy bien lo que siente. Tengo 70 años y soy médico retirado, además de geopolítico. Le seré muy franco: La visión negativa de Israel no va contra la gente normal. Va contra NETANYAHU. Creo que todos lo saben. Empecé a estudiar al "pueblo judío" cuando tenía 17 años y desde entonces no he parado de hacerlo. He leído la amplia autobiografía de él "BIBI. MÍ HISTORIA". Creo que para que el mundo vea a ISRAEL con una visión positiva son necesarias dos cosas: Quitar el mando a Netanyahu y poner a alguien menos agresivo en su lugar y desligarse de EEUU.- Con todos mis respetos le envío un cordial saludo y mucha resiliencia.