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El techo de la sucá transmite un mensaje oportuno respecto a cómo sentir la protección de Dios en tu vida.
Hace unos días, mi hija de dos años me dio una vela y me dijo: “Aba, ábrela”. La miré con una sonrisa y le respondí: “Cariño, no está cerrada”. Ella volvió a mirar la vela y me dijo: “¡Está rota!”. “Javiva, no está rota, sólo necesitamos encender la mecha con un fósforo”, la tranquilicé.
Entendí que a menudo percibimos nuestra vida con la misma ingenuidad infantil. Observamos nuestras circunstancias y pensamos que las puertas “correctas” están cerradas. Esperamos y buscamos una llave mágica que las abra. Cuando tenemos una dificultad y todo parece roto, si miramos nuestros obstáculos con una perspectiva estrecha, perdemos la imagen completa.
Incluso cuando no podemos entender por qué experimentamos desafíos en nuestra vida, hay algo muy poderoso que nos permite resistirlos e incluso crecer a partir de ellos. Ese “algo” es la emuná, lo que se suele traducir como fe en Dios.
La emuná es la piedra angular del pueblo judío. Cuando Dios nos habló directamente en el monte Sinaí, sólo nos dijo una cosa: “Cree en Mí y no creas en otros dioses”. Dios hubiera podido transmitido cualquier mensaje en ese evento que cambió el mundo, y eligió este. ¿Por qué? Porque creer que Dios dirige el mundo es la base de nuestra religión.
Así como ayudé a mi hija a ver que la vela no estaba rota, también como judíos debemos creer que la vida no está rota. Ha sido diseñada perfectamente, tal como debe ser. Al enfrentar obstáculos y desafíos, recordamos que todo forma parte del plan más grande que Dios tiene para nosotros, orquestado para ayudarnos a crecer y alcanzar nuestro potencial espiritual único. Vivir con esta conciencia de Dios nos permite prosperar, no sólo sobrevivir.
Sucot nos da la oportunidad de profundizar nuestra emuná, nuestra fe. El Zóhar dice que la sucá brinda la “sombra de la fe”.
Las hojas de palmera (o sjaj) que forman el techo de la sucá deben cumplir ciertas regulaciones para poder ser usadas. El versículo en Números explica que deben ser el “desperdicio”, es decir, que el sjaj debe estar hecho de la parte secundaria e indeseada de la planta, no de su codiciado fruto.
¿Por qué algo aparentemente tan sagrado debe estar hecho de lo que normalmente consideraríamos desechos?
La respuesta arroja luz sobre el significado de la “sombra de la fe”. Sucot llega en la convergencia entre el inicio de un nuevo año y el fin del año agrícola. Es un momento en el que celebramos nuestros nuevos sueños para el año que comienza, mientras reflexionamos sobre el año pasado. En este punto, podemos mirar hacia atrás todas las cosas que pensamos que “salieron mal” y considerar cómo se conectan con la imagen más grande de hacia dónde nos dirigimos hoy. Podemos comenzar a ver cuántas de las “basuras” (las dificultades y errores) de nuestro pasado han dado forma a quienes somos hoy y abren el camino hacia la siguiente etapa de nuestras vidas. Por eso el sjaj de la sucá está hecho de materiales descartados: nuestra basura.
Construimos el techo de nuestra sucá, la parte de la casa que nos protege del calor, la lluvia y los elementos naturales, con las partes no deseadas de la planta para mostrarnos que Dios nos protege constantemente precisamente con las mismas cosas que quizá percibimos como desecho. Esta es la sombra de la fe.
La vida no siempre es fácil y no podemos ver el cuadro completo. Pero al recordar que existe algo más, algo que va más allá de nuestra visión limitada del mundo, podemos empezar a vislumbrar cómo Dios contempla la imagen más amplia.
Las puertas nunca están realmente cerradas y nuestras vidas nunca están realmente rotas. Sólo necesitamos encender el fósforo, el fuego de nuestra alma, para empezar a mirar el mundo con una nueva luz. Este Sucot, tomemos un tiempo para reflexionar sobre el año pasado y descubrir los tesoros que quizás estaban enterrados bajo la apariencia de "basura". Considera cómo una experiencia o giro de los acontecimientos que percibiste como negativo en realidad ha sido una fuente de luz y bendición en tu vida, y compártelo bajo el sjaj de tu sucá, sintiendo el cálido abrazo de Dios desde lo alto.
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