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Seis herramientas judías para trabajar con la ansiedad desde la raíz.
En el año 2024, el 43% de los adultos dijeron sentirse más ansiosos que el año anterior. Este estado mental es una experiencia universal: una sensación de que algo está mal, incluso cuando todo parece estar bien por fuera. El mundo se mueve más rápido de lo que nuestras almas pueden procesar, y enfrentamos tiempos de temor y presiones por las expectativas.
Buscamos y tratamos de calmarnos con las redes sociales, aplicaciones de meditación e incluso repeticiones de comedias (sí, eso me ayudó durante la pandemia). Pero gran parte de lo que encontramos sólo silencia el ruido de forma temporal.
¿Y si el alivio duradero no viniera de escapar, sino de una reconexión profunda?
Lo que realmente buscamos es descargar las emociones negativas desde su raíz, cambiar nuestra programación interna. ¿Cómo? Desarrollando y conectando con algo real: la divinidad dentro de nosotros, lo que verdaderamente ofrece sanación duradera. Ahí es donde la sabiduría judía entra en escena maravillosamente.
La sabiduría judía ofrece herramientas probadas, centradas en el alma, para transformar la ansiedad de fuente de pánico a portal de propósito, presencia y paz.
A continuación, seis herramientas judías para manejar la ansiedad, no evitándola, sino trabajando con ella desde la raíz:
La ansiedad muchas veces nace de la ilusión de no tener poder. ¿Y si el miedo fuera en realidad una señal de que estás ante algo significativo?
Herramienta: Pregúntate: ¿y si este miedo me está señalando mi misión?
Ejemplo: La Reina Ester sintió intensa ansiedad cuando le pidieron arriesgar su vida para salvar a su pueblo. Su miedo inicial era real. Pero cuando le recordaron que quizás fue puesta en el palacio “para un momento como este” (Ester 4:14), su miedo se transformó en acción. Ester ayunó, rezó y actuó con valentía. La ansiedad no desapareció, pero su sentido de propósito le dio fuerza.
Reencuadra tu miedo en acción. El coraje no es la ausencia de ansiedad sino la disposición a actuar a pesar de ella, basado en un propósito superior.
Cuando surge la ansiedad, nuestro instinto es suprimirla o ignorarla. Pero es importante nombrarla, sentirla, incluso rezar a través de ella.
Herramienta: Da lenguaje a tus emociones. Dilo en voz alta. Escríbelo. Transfórmalo en plegaria.
Ejemplo: El rey David hizo esto al escribir muchos capítulos de los Salmos. Él expresó sus miedos más profundos, su soledad y dolor, así como su esperanza y fe. Su honestidad emocional no lo debilitó, sino que lo conectó más con Dios, con los Salmos como su mapa emocional. “Desde lo profundo, te llamo, oh Dios” (Salmo 130:1).
Él ofrece una representación cruda y poética de la lucha emocional, donde expresa miedo, abandono, desesperación, pero también confianza, esperanza y alegría.
No reprime su ansiedad; la expresa y le da voz, transformando su caos interior en plegaria. Esto es un ejemplo poderoso para nosotros, especialmente para quienes sienten que deben ocultar sus luchas mentales.
Tener a alguien con quien hablar, un amigo, un miembro de la familia o un profesional, ayuda a sanar y disminuye la ansiedad. Además, no necesitas saber hebreo ni ser religioso para hablar con Dios como lo harías con un amigo. Sólo necesitas ser honesto. Los maestros espirituales judíos alientan las conversaciones directas, sin filtro, con Dios.
Herramienta: Habla con un amigo y también con Dios como si fuera tu amigo.
Ejemplo: Rabí Najman de Breslov dijo: “Si crees que puedes dañar, cree que puedes reparar”. Él veía la ansiedad y la desesperación como ilusiones de separación de Dios. ¿Su antídoto? Hablar con Dios. Todos los días.
Él alentaba la práctica de la hitbodedut: una conversación privada, libre y abierta con Dios como práctica espiritual terapéutica. Sabía que las mentes ansiosas necesitan tanto expresión como consuelo divino, y nos recuerda que la desesperación es una mentira. La alegría, incluso en medio de la oscuridad, es posible.
Intenta practicar una plegaria personal diaria, no estructurada. Camina y habla con Dios. Susurra. Llora. Quéjate. Escucha. Hablar honestamente con alguien de confianza y con Dios calma una mente ansiosa.
La ansiedad nos arrastra hacia el futuro. Vuelve al ahora.
Herramienta: Practica la presencia diciendo “Hineni” (Aquí estoy) en momentos de agobio. Respira. Regresa a ti mismo.
Ejemplo: En el libro El poder del ahora de Eckhart Tolle, se habla de anclarse en el presente. En la historia judía, cuando Dios llamó a Abraham o a Moshé, su respuesta no fue un plan o una excusa, sino simple presencia: Hineni. Aquí estoy.
Esto también se refleja en las prácticas judías de mindfulness, como el Shabat, un descanso semanal de la presión del rendimiento. Desconéctate, desacelera y regresa a lo que más importa: relaciones, descanso y alma. El Shabat no es sólo un descanso, es un reseteado del sistema nervioso y del alma.
Encender velas o tener una hora sin tecnología puede calmar tu sistema nervioso.
La ansiedad crece en el silencio. La conexión rompe ese hechizo.
No es sólo un estado psicológico, sino también un reflejo de desconexión de uno mismo, de los demás y de Dios. La conexión con el propósito, con Dios y con la comunidad es clave para restaurar la paz interior.
Herramienta: Busca conexión en la comunidad, en el estudio, en comidas compartidas o conversaciones sinceras.
Ejemplo: La vida judía florece en comunidad por una razón. La tradición judía enfatiza la comunidad como fuente de apoyo y sanación. Un grupo de estudio, una comida de Shabat, incluso una clase o blog de Torá online no son sólo rituales, son prácticas de anclaje.
La ansiedad aísla. La comunidad reconecta.
La actividad sana la ansiedad.
La sabiduría judía honra el equilibrio: confía en Dios, pero ata tu camello.
Puedes creer en Dios y también ir a terapia. Se espera que actuemos, sabiendo que no controlamos el resultado final.
Herramienta: Haz al menos una acción concreta cada día. Ir a terapia, escribir un diario, poner límites, pedir ayuda… no son debilidades, son actos de fuerza.
Ejemplo: Practicar mitzvot (mandamientos) ancla el alma en acciones con sentido. Incluso algo pequeño (una palabra amable, dar caridad, encender una vela) puede reorientarte. El agradecimiento diario es otra herramienta poderosa. La tradición judía enseña a comenzar cada mañana con un simple “Gracias” a Dios por despertar (Mode Ani). La gratitud no niega el dolor; recuerda lo que aún es bueno, incluso cuando las cosas son difíciles, incluso cuando sentimos ansiedad.
La ansiedad no significa que estés roto; significa que eres humano.
La sabiduría judía no promete una vida sin lucha. Ella valida nuestras luchas emocionales y ofrece guía espiritual y herramientas para atravesar la ansiedad con honestidad, conexión y propósito.
Existen señales de cómo cambiar nuestra respuesta a la ansiedad desde la raíz. La ansiedad no es una barrera para la conexión con Dios ni con uno mismo; es una puerta. Con confianza, plegarias, presencia, propósito y comunidad, no sólo podemos sobrellevarla, sino también transformarnos.
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