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Terror en Orlando

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14/06/2016 | por Yvette Alt Miller

Debemos empatizar y sentir el horror de cada ataque terrorista, tanto si ocurre en Tel Aviv como si ocurre en Orlando.

Se suponía que la mañana sería perfecta.

Era Shavuot, la festividad en la que los judíos celebramos la entrega de la Torá. Desperté a mis hijos temprano, los vestí con sus elegantes ropas festivas, y disfrutamos del buen clima mientras caminamos a la sinagoga.

En Shavuot no escuchamos noticias en la radio ni leemos el periódico, por lo que esa mañana no sabía nada sobre el horrible ataque terrorista que había ocurrido la noche anterior. Me senté en la sinagoga, y se me acercó una señora que reza con nosotros. Ella vive en un complejo de apartamentos muy ajetreado, por lo que había escuchado sobre lo ocurrido.

"¿Supiste lo que pasó en Florida?", me preguntó, moviendo la cabeza en señal de tristeza. "Terrible", dijo ella, "simplemente terrible".

La mujer se quedó en silencio y, cuando me incliné para preguntarle qué había pasado, titubeé. En lugar de eso, dirigí la mirada hacia adelante. Mi hijo estaba liderando el rezo matutino, y yo disfrutaba oírlo cantar. La sinagoga estaba decorada con flores por la festividad. Todos estaban vestidos con sus ropas de fiesta, y yo esperaba con ansias almorzar con mis amigos y luego asistir a una clase.

Lo último que quería en el mundo era interrumpir ese sentimiento. No quería escuchar las horripilantes noticias que tenían tan alterada a mi compañera de asiento, no quería que me alteraran a mí también.

Pero desentenderme no era una opción.

La Torá exige que seamos responsables por el mundo, que nos preocupemos los unos por los otros. Nos enseña que todas las personas fueron creadas a imagen y semejanza de Dios, que todos y cada uno de nosotros somos infinitamente valiosos y únicos. Exige que nunca nos quedemos de brazos cruzados mientras otros están en peligro. Debemos romper nuestra burbuja de ensimismamiento para acercarnos a otros y sentir su dolor.

Me armé de valor y le pregunté a la señora qué había ocurrido, y quedé devastada al oír las horripilantes noticias.

Instantáneamente pensé en otro atentado perpetrado por radicales islámicos que había ocurrido pocos días antes. El miércoles 8 de junio del 2016, dos terroristas abrieron fuego en un concurrido restaurante de Tel Aviv, asesinando a cuatro personas e hiriendo a muchos otros. Fue el mismo terrorismo islámico asesinando a víctimas inocentes.

Mi corazón estaba herido después de ese atentado, y me pregunté por qué no más personas alrededor del mundo condenaron el ataque. ¿Por qué había recibido tan poca atención en la prensa mundial? ¿Dónde estuvo la muestra espontánea de solidaridad con las víctimas? Quizás la gente estaba —al igual que yo— demasiado sumergida en su propia vida, en sus propios “momentos hermosos”, y no querían arruinar su alegría permitiéndose empatizar con la tragedia de otros.

La Torá exige que nos pongamos en los zapatos del otro, que nunca le demos la espalda ni ignoremos el dolor de otros. Es el antídoto para la insensibilidad. En unos años más, la gente recordará dónde estaban cuando se enteraron de la masacre de Orlando, así como ocurrió con el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001. Yo estaba en la sinagoga en Shavuot, aceptando la Torá y su exigencia de empatizar con el resto de la humanidad.




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