Teshuvá y la alegría en Sucot

12/10/2025

5 min de lectura

La alegría de reconectarnos con nuestro yo perdido.

"Rebe, por favor rece para que no me recluten en el ejército", le suplicó un joven al Rebe de Vizhnitz en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Aunque no era observante, sabía que el Rebe era un hacedor de milagros, un hombre cuyas plegarias realmente eran respondidas.

El método del Rebe era pedir a la persona necesitada que le dijera una mitzvá, una buena acción que hubiera hecho. Entonces el Rebe decía en sus oraciones: "Amo del Universo, esta persona cuida el kashrut… o el Shabat, etc. Por ese mérito, por favor sálvalo".

El Rebe miró al joven que ahora le pedía rezar para no ser reclutado en el ejército.

—¿Recitas las plegarias de la mañana? —le preguntó.

—No, no me levanto hasta mucho después del mediodía y luego voy a jugar al fútbol.

—¿Guardas el Shabat?

—¿Cómo podría hacerlo? El sábado está reservado para los partidos de fútbol más importantes.

—¿Comes kasher?

—Es más barato comer cerdo.

El Rebe insistió, pero una y otra vez recibió la misma respuesta. El joven no tenía un solo punto de mérito. Finalmente, el Rebe le dijo:

—Te envidio.

—¿De verdad?

—Sí. ¿Puedes imaginar que en un solo instante puedes convertirte en un tzadik (justo) más grande que yo?

—¿En serio?

—Sí. Verás, cuando alguien hace teshuvá (arrepentimiento) por temor a Dios se le borran sus pecados borrados. Pero cuando alguien se arrepiente por amor a Dios, entonces sus pecados se transforman en méritos. Definitivamente tú tienes más pecados que yo méritos. En un minuto, puedes dar vuelta a todo y terminar con más méritos que yo.

Una mirada reflexiva y pensativa se iluminó en el rostro de este joven. Sin pestañear, dijo:

—Rebe, ¡espere otro año y me envidiará aún más!

Iom Kipur es el momento para obtener perdón por nuestras transgresiones y deficiencias. Como no queremos que Dios nos juzgue negativamente, tratamos de alejarnos de ellas lo más posible. Hacemos esto por temor a Dios. No queremos que Él nos juzgue con dureza.

Sucot, en cambio, llega después de que se sella el juicio. Ya hemos sido perdonados. Sucot, por lo tanto, es la primera oportunidad de hacer teshuvá puramente por amor. La teshuvá por amor significa que amamos tanto a Dios que no podemos creer que cometimos esos pecados en el pasado, y en consecuencia sentimos un increíble impulso de acercarnos a Él más que nunca. Un impulso imposible si nunca hubiéramos cometido los actos que crearon la distancia en un primer momento.

El pecado, por lo tanto, se convierte en una fuerza motivadora fundamental para el bien. Por eso enseñan los Sabios: "A quien hace teshuvá por amor no sólo le perdonan sus pecados, sino que se convierten en méritos".

Tashlij, la ceremonia realizada inmediatamente después de Rosh Hashaná cuando vamos a un cuerpo de agua y "arrojamos" nuestros pecados a sus profundidades, simboliza la teshuvá por temor a Dios. Nos arrepentimos de nuestras malas acciones pasadas y nos desligamos de ellas al arrojarlas simbólicamente al agua donde quedarán cubiertas y olvidadas.

La teshuvá por amor está simbolizada por la simjat beit hashoevá, la "ceremonia de libación de agua", que tenía lugar en tiempos del Templo en Jerusalem en el segundo día de Sucot (el primer día de Jol Hamoed). En esa ceremonia, de la cual los sabios decían: "Si nunca la viste, nunca viste alegría en tu vida", se sacaba agua de profundos pozos bajo el Templo y se vertía sobre el altar.

Simbólicamente, es como si los pecados que arrojamos al agua durante Tashlij ahora fueran extraídos de nuevo de las profundidades, por así decirlo, para ser convertidos en mitzvot. Ya no queremos que los pecados queden cubiertos y olvidados, sino que sean recuperados y usados de manera positiva para el bien.

Cada persona falla de alguna manera. Somos seres humanos, es imposible no hacerlo. A menudo, en un primer momento minimizamos nuestras fallas, y las racionalizamos (racionalizar significa contar "mentiras racionales") o las negamos por completo. En algún momento posterior, recuperamos la cordura y nos sentimos terriblemente mal por nuestro pasado. Rechazamos ese pasado y no podemos creer que lo hicimos. Es como si nos convirtiéramos en una nueva persona. Esa persona del pasado no éramos nosotros; era otro.

Esta es una parte muy valiosa de la experiencia de teshuvá. Sin embargo, más grande que eso es no sólo repudiar a ese yo rechazado, sino encontrar la manera de reincorporarlo a nuestro ser de formas apropiadas, sanas y beneficiosas.

Los Sabios nos dicen que todo ayuno que no incluya la participación de los poshei Israel, los "pecadores de Israel", no es un ayuno verdadero. Para ilustrar, citan el ejemplo de los besamim, las especias que se ofrecían en el Templo. Los besamim incluían una especia que por sí sola tenía un olor repugnante.

Sin embargo, esa misma especia hacía que el aroma de las especias agradables fuera mucho más dulce y aromático al mezclarse con ellas. Sin la especia de olor desagradable, las especias de buen olor no daban la intensidad de su fragancia. Así también, dicen los Sabios, la intensidad de un día de ayuno sólo puede lograrse cuando todas las partes del pueblo judío están incluidas, incluso aquellos que no hacen buenas acciones.

En Sucot nos reunimos con la chispa de bondad que reside dentro de esas partes abandonadas.

La teshuvá por amor es un nivel más alto que la teshuvá por temor, porque los actos abominables que uno cometió, combinados con los actos de buen aroma, crean una combinación pungente incalculablemente más potente que la fragancia sin ellos.

Sucot es el momento en que nos damos cuenta de que incluso el "rechazado" tiene valor. El mal (aquello que pensábamos que solo tenía valor negativo) de repente se convierte en un trampolín para el mayor bien. Aunque nos alejamos de Dios por causa del pecado, es ese mismo pecado el que ahora se convierte en el combustible que enciende el fuego del amor a Dios (ahavat Hashem). Y ese es el combustible que nos catapulta más allá de la atracción gravitacional de nuestra naturaleza terrenal hacia alturas inalcanzables tan sólo mediante el temor.

De acuerdo con el Midrash, el Todopoderoso inicialmente quiso que el fruto y la corteza de los árboles del Jardín del Edén tuvieran el mismo sabor. Los árboles se rebelaron, y sólo un árbol conservó esta cualidad: el árbol de etrog. La corteza del etrog y el etrog mismo tienen el mismo sabor.

Sucot, la época en que usamos el etrog y otras tres especies vegetales como pieza central de nuestras plegarias, representa un retorno a ese estado ideal donde nada se desperdicia; donde todo tiene propósito y sentido, donde incluso la "corteza" sabe como el "fruto".

Quizás pensamos que los pecadores (la "corteza") no tenían conexión con el pueblo judío. Quizás pensamos que los pecados (la "corteza") que cometimos en el pasado no tenían una conexión positiva con nosotros. En Sucot nos reunimos con la chispa de bondad que reside dentro de esas partes abandonadas, ya sea de nuestro pueblo o de nuestro propio ser. Y esa es la mayor alegría.

La alegría suprema es la alegría de recuperar algo perdido. Y por eso sólo Sucot se llama el "tiempo de nuestro regocijo". En Sucot no recibimos nada nuevo. Recuperamos aquello que una vez tuvimos. El agua en la que habíamos arrojado nuestros pecados ahora se recupera para usarse en la ceremonia más alegre.

Esta alegría es realmente la alegría del reencuentro con una parte de nuestro ser que dábamos por perdida. Esa alegría es un sentido de plenitud y totalidad, una alegría que, "si nunca la viste, nunca viste alegría en tu vida".


Dedicado a la memoria de mi padre, Rav Jaim Biniamin ben Iaakov Reuven, a"h.

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Juan Wulff
Juan Wulff
7 meses hace

Las imágenes de la Teshuvá por temor o sea, que aparta y la deTeshuvá por amor o sea que incorpora y crea son de gran lucidez y acompañan. Gracias Rabi.

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