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tkm: Te Quiero Mucho

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05/08/2012 | por Slovie Jungreis-Wolff

Conectarse con parejas e hijos en un mundo loco por los mensajes de texto.

Mientras conducía la otra noche, me fijé en una pareja a la distancia. Ellos estaban dando un relajado paseo nocturno. Que genial que esta pareja se tomó el tiempo y decidieron disfrutar de la compañía del otro, pensé para mí misma. Luego mientras pasaba con el auto, me di cuenta que ambos estaban en sus Blackberries, enviando mensajes de texto.

Hoy en día vivimos al lado del otro, pero residimos en nuestro propio mundo.

Han aparecido innumerables artículos discutiendo el impacto de los teléfonos celulares y de los mensajes de texto en las vidas de nuestros hijos. Padres preocupados asistimos a talleres en los cuales se nos enseña cómo monitorear el acceso a Internet y películas en los teléfonos de nuestros hijos. Hay preocupaciones en cuanto a fotografías comprometedoras que son enviadas, y el efecto del constante envío de mensajes de texto.

Yo pienso que tenemos que estar igualmente preocupados por el ambiente familiar que estamos creando a medida que nosotros los padres, nos hacemos adictos a nuestros teléfonos y Blackberries.

¿Cuán a menudo recogemos a nuestros hijos de la escuela sosteniendo nuestros teléfonos con una mano y saludando a nuestros hijos con un distraído “hola” mientras terminamos nuestra conversación? “Sólo un minuto más”, hacemos la seña, con un cauteloso dedo apuntando al aire.

Si somos tan afortunados de tener hijos que quieren contarnos sobre su día, ¿cómo podemos echarlo a perder enviando mensajes de texto y hablando con aquellos que ni siquiera están con nosotros?

¿Cuántas veces vamos a un restaurante y creemos que estamos pasando un increíble tiempo familiar? Pero si miras con mayor detención, encontrarás tanto a padres como a hijos con sus ojos absortos mientras miran hacia abajo. Cada individuo está mirando su pantalla y está enviando mensajes a otros mientras ignora a la familia que se sienta a su lado.

Sin saberlo, hemos construido barreras invisibles que obstruyen nuestra conexión con los que supuestamente deberíamos querer más.

Celos, daño y competencia son comunes en muchos hogares cuando hijos y parejas compiten por atención que está siendo entregada a la tecnología en vez de a ellos.

El periódico The New York Times presentó recientemente un estudio por Sherry Turkle quien ha estado observando los efectos de la tecnología en padres e hijos durante los últimos cinco años. Ella ha encontrado que celos, dolor y competencia son comunes en muchos hogares cuando hijos y parejas compiten por atención que está siendo entregada a la tecnología en vez de a ellos.

Hijos hablaron sobre sentirse heridos a la hora de la cena, en eventos deportivos o a la hora de salida de la escuela cuando encontraron a sus padres más interesados en sus teléfonos que en ellos.

"Hay algo tan fascinante sobre el tipo de interacción que las personas tienen con una pantalla, ellos bloquean el mundo", dijo ella. "He hablado con niños que trataron de hacer que sus padres dejaran de enviar mensajes de texto mientras estaban manejando y obtuvieron resistencia", "Sólo uno, sólo uno más cortito, cariño". Es como "un trago más".

Un padre que conozco estaba en una excursión de verano con su esposa e hijos en las montañas de Vermont. El paisaje era impresionante, el aire delicioso. El teléfono del padre increíblemente tenía señal a pesar de la altitud. Cada tantos minutos su oficina estaba llamando. Él estaba caminando mientras miraba su Blackberry la cual constantemente zumbaba con otro email. Finalmente su hija de seis años le habló.

"Papi", dijo ella, "¿puedo tener tu teléfono un minuto?".

"Seguro querida, ¿para qué?", preguntó él.

"Para tirarlo por la montaña y que tú seas parte de la familia".

Él apagó su Blackberry y decidió intentar compensar por el tiempo perdido.

¿Podemos Hablar?

Hablar con nuestras parejas e hijos es más que tener una conversación. Estamos demostrándole a nuestra familia que estamos interesados en sus vidas y que nos importan sus palabras. Cuando miramos a nuestra esposa en vez de mirar nuestra Blackberry, estamos mostrándole que nos importa y que no estamos aburridos o somos apáticos con ella. Si una esposa saluda a su esposo cuando el entra a casa al final del día con una bienvenida desganada mientras está ocupada terminando de escribir su último mensaje de texto, ¿qué puede sentir un esposo?

Y si este es el efecto en los matrimonios y en las relaciones de pareja, ¡imaginen el efecto que estamos teniendo en nuestros hijos!

Los niños pequeños necesitan interacciones verbales con sus padres para aprender sobre el mundo y desarrollar su vocabulario. Ellos llegan a sentirse seguros sabiendo que sus padres están conectados con sus preocupaciones y preguntas.

Niños mayores necesitan sentir que los padres están comprometidos y atentos con sus vidas. Esta es la base de la vida familiar, el pegamento que nos mantiene a todos unidos. Si los niños sienten que nosotros escuchamos con medio oído, ellos tristemente irán a otra parte en busca de atención. Ellos llegaran a percibir nuestra conexión con los "seres tecnológicos" como un distanciamiento y una falta de preocupación.

El amor y el afecto se demuestran no solamente a través de decir "te quiero", sino a través de contacto visual, atención, y ser capaz de desentenderse de las distracciones externas.

5 Preguntas para Cada Hogar

Hazte estas preguntas:

  1. Esposos: ¿revisas constantemente tu celular/Blackberry después de que regresas del trabajo a expensas de tener una conversación sin interrupciones con tu familia?

  1. Esposas: ¿Estás en tu celular/Blackberry cuando tu esposo o hijos llegan a casa al final del día?

  1. ¿Has creado un ambiente en donde pareja e hijos sienten que tú eres alguien que escucha atentamente?

  1. ¿Haces contacto visual con tu pareja e hijos cuando ellos te hablan?

  1. ¿Generas sentimientos de pertenencia y de relación dentro de tu familia?

La familia es más importante hoy en día que lo que nunca ha sido. Hemos sido testigos de crisis matrimoniales y de relaciones padre-hijo a una velocidad alarmante. Incluso familias que permanecen intactas tienen padres e hijos que han dejado de hablarse mutuamente ya que están constantemente conectados con aquellos que no están presentes. No podemos darnos el lujo de perder nuestra conexión con nuestros hijos. Tenemos que hacer de nuestra familia nuestra prioridad.




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