Todo viene del Cielo

11/08/2025

2 min de lectura

Ekev (Deuteronomio 7:12-11:25 )

En la parashá de esta semana, Moshé advierte al pueblo judío sobre el peligro del éxito y la prosperidad. La Torá nos dice en Devarim 8:11-18: “Cuídate, no sea que olvides a Hashem, tu Dios, al no observar Sus mandamientos, Sus ordenanzas y Sus decretos que te ordeno hoy; no sea que comas y te sacies, y construyas buenas casas y te establezcas, y aumentes tu ganado y ovejas y cabras, y multipliques plata y oro para ti, y todo lo que tienes se incremente, y tu corazón se enaltezca y olvides a Hashem, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te condujo por el desierto grande e imponente, de serpiente, serpiente ardiente y escorpión, y de sed donde no había agua, que hizo brotar agua para ti de la roca de pedernal, que te alimentó con maná en el desierto, el cual no conocieron tus padres, para afligirte y probarte, para hacerte bien al final. Y digas en tu corazón: ‘Mi fuerza y el poder de mi mano me hicieron esta riqueza’”.

Moshé se dirige a la generación posterior a la que salió de Egipto. La generación anterior pasó de ser esclavos sin tener nada a amasar una gran riqueza por medios milagrosos al salir de Egipto. Sería absurdo que se atribuyeran el mérito de tener ganado, plata y oro, ya que lo recibieron únicamente porque Hashem creó una situación milagrosa que les permitió adquirir riquezas. ¿Es esta idea aplicable a nosotros hoy, cuando no recibimos nuestro sustento por medios milagrosos, sino a través de mucho trabajo?

Lección:

Se siente bien trabajar por lo que uno tiene. De hecho, este concepto está presente incluso en la mitzvá de dar tzedaká, caridad: es preferible darle a alguien un empleo para que gane su sustento, en lugar de simplemente darle dinero. Nos sentimos realizados cuando recibimos un sueldo después de trabajar duro; nos sentimos bien al usar ese sueldo para comprar algo para nosotros o nuestra familia. Sin embargo, cuando pensamos en lo que tenemos, no es menos que recibir maná, ese alimento especial que caía del cielo.

¿Quién nos dio las capacidades físicas e intelectuales para tener éxito en nuestro trabajo? ¡Hashem! ¿Quién nos dio todo lo necesario para conservar ese empleo? ¡Hashem! ¿Quién nos dio ese trabajo, en primer lugar? ¡Hashem! La parashá nos advierte contra atribuirnos el mérito del éxito. No sólo Hashem te dio todo lo necesario para tener éxito, sino que Él mismo te hizo exitoso. Hay muchas personas que vemos y pensamos: “¿Cómo logró triunfar ese tipo?”, y otras que son extremadamente talentosas y nunca logran triunfar. No te atribuyas el mérito de tus logros porque, si lo haces, Dios no lo quiera, “tu corazón se enaltecerá y olvidarás a Hashem”. Cuando reconocemos que nuestros logros vienen de Hashem y Le damos las gracias por ello, elevamos nuestros éxitos y a nosotros mismos, al tiempo que cultivamos una conexión más profunda con Dios, que es el mayor éxito posible.

Ejercicio:

Mira todo lo que tienes, incluso aquello por lo que trabajaste duro, como maná del cielo. Piensa en algo que hayas logrado y de lo cual te sientas orgulloso. Ahora agradece a Hashem por ello.

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