Que todos lo hagan no significa que está bien

01/09/2025

3 min de lectura

El oficial de policía no estaba de humor para excusas. Me habían atrapado con las manos en la masa.

El año pasado hice algo ilegal. El estacionamiento donde muchos dejamos nuestros autos está justo en la esquina de una calle de un solo sentido y, técnicamente, se supone que no debes salir en reversa hacia la vía principal. Se supone que debes salir por la derecha, aunque sea un poco más largo y tengas que esperar en el semáforo de la esquina. Pero todos lo hacen y aparentemente hace años que es así, desde mucho antes de que yo me mudara a la comunidad.

Una noche yo estaba sacando el auto del estacionamiento hacia la calle principal (como lo había hecho un millón de veces antes) cuando vi las luces parpadeando y supe que era mejor preparar mi historia. Tenía mi licencia y registro listos para el policía, pero estaba claro que él no tenía tiempo para juegos. No había espacio para decir “Tengo un historial de manejo limpio”, ni “Soy médico y debo llegar al hospital porque es una emergencia”, y ciertamente tampoco “Fui a la secundaria con el oficial Callahan y jugamos lacrosse juntos”.

Así que lo único que pude decirle fue: “Lo siento”.

Se rió y me preguntó: “¿Por qué?”.

“Por conducir en contramano en la calle de un solo sentido”.

“Entonces, ¿por qué lo hizo?”.

“Porque todos lo hacen con tanta frecuencia que, honestamente, olvidé que es ilegal”.

Miró mi licencia una vez más, luego me miró a mí y dijo: “Que todos lo hagan no significa que sea una buena idea conducir en sentido contrario. ¿No sabe que es ilegal porque es peligroso?”.

“¿Puede darme una oportunidad si prometo no volver a hacerlo?”

Me sentí avergonzado. Sus argumentos eran impecables en su simplicidad. Merecía la multa que estaba a punto de ponerme, pero entonces se me ocurrió una idea y le pregunté: “¿Puede darme una oportunidad si prometo no volver a hacerlo?”.

“Claro. ¿Pero lo dice en serio?”.

“Haré mi mejor esfuerzo, eso es todo lo que puedo hacer”, le respondí.

“Entonces le deseo una buena noche y espero que esté seguro. Recuerde que cualquier amigo del oficial Callahan es amigo mío”. Cómo sabía sobre Callahan es un misterio, y preferí aceptarlo sin hacer demasiadas preguntas.

El poder de la presión grupal

La mayoría de las personas no empiezan el día planeando hacer algo incorrecto; simplemente caen en la trampa de seguir a los demás. Nadie enseña a sus hijos que está bien fumar o decir malas palabras, pero una vez que otro niño del barrio lo hace, de repente los padres encuentran cigarrillos en el porche y escuchan toda clase de palabras que nunca imaginaron. Robar en la tienda de la esquina es claramente inmoral, pero si un amigo de la clase lo hace, para un adolescente es difícil resistirse a la tentación. ¡La presión grupal es una fuerza poderosa!

El Talmud (Eruvin 53) relata una historia sobre el poder de la presión grupal para recordarnos que incluso las personas más grandes deben estar alertas a esta trampa. Mientras viajaba por el camino, Rabí Iehoshúa Ben Janania tomó un atajo por un campo. En ese camino, se le acercó una niña que le preguntó: “¿No estás cruzando el campo de alguien?". A esto el rabino respondió: “Es un camino muy transitado por el que estoy caminando”. La niña no se impresionó y lo reprendió: “¡Es un camino muy transitado por ladrones como tú que no respetan la propiedad ajena!”.

La presión grupal ya era un problema entonces y lo era también hace 100 años, cuando Rav Iosef Jaim de Bagdad escribió en su libro Ben Ish Chai: “Es común entre los niños actuar inapropiadamente y decir: ‘Así es el mundo’. La respuesta correcta a esto es: ‘Solo es así porque las personas inmorales lo hacen así’”. La presión grupal sigue siendo un problema y puede hacer que incluso las personas más brillantes y maravillosas hagan cosas ridículas. Claramente tuvo algo que ver cuando un médico local fue atrapado conduciendo en contramano por una calle de un solo sentido.

Aunque cambiar la cultura del mundo puede ser un trabajo enorme, evaluar nuestras propias acciones es un poco más fácil. Al encontrarnos en el mes de Elul, preparándonos para Rosh Hashaná, es un momento adecuado para reflexionar si nuestras acciones reflejan nuestra propia sabiduría o si simplemente estamos haciendo algo porque todos lo hacen. Como diría mi madre: “Recuerda que sólo porque tus amigos lo hacen, no significa que esté bien”. Nadie se despierta diciendo: “Hoy voy a montar un esquema Ponzi porque sólo es ilegal si te atrapan”. Sin embargo, la racionalización más común que escuchamos es alguna variación de: “Jimmy lo hizo, ¿por qué yo no?”. Lo veo todos los días en mi clínica, cuando un esposo justifica maltratar a su esposa o una madre defiende el acoso hacia su hijo.

Desde aquel encuentro con la ley, he conducido correctamente por esa calle de una sola mano, aunque tome más tiempo. No puedo prometer que no me equivocaré en el futuro, pero estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Creo que el oficial Callahan —y Dios— estarían orgullosos.

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