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Todos vamos a morir en algún momento, y eso está bien

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28/11/2022 | por Rav Tzvi Gluckin

A primera vista, es bastante inquietante que todo en el universo inevitablemente llegue a su fin. ¿Existen razones para ser optimistas a pesar de eso?

La ciencia es deprimente. Mira lo que Brian Greene, un respetado físico y autor, le dijo al podcaster Joe Rogan sobre el inevitable fin de la vida, la materia, y todo lo que amamos y consideramos importante:

"No sólo nosotros moriremos, sino que, con el tiempo, también se desintegrarán todas las estructuras del universo. Nuestras mejores teorías sugieren que hasta los protones, las partículas que constituyen la esencia misma de la materia, se desintegrarán… Hay procesos cuánticos que en el futuro lejano asegurarán que cada protón se desintegre [o] se divida en sus partículas constituyentes. En ese punto, no habrá absolutamente nada de materia compleja".

¡Auch!

Quizás puedas consolarte con la idea de que falta mucho tiempo para la desintegración de los protones, algo que es cierto. Excepto que el tiempo es relativo. El profesor Greene explica:

"Imagina que cada piso del Empire State representa una duración 10 veces mayor al piso anterior. La planta baja es un año, el primer piso 10 años, el segundo 100, y así sucesivamente. A medida que asciendes en el Empire State, te alejas exponencialmente en el tiempo (10 elevado a la potencia de 10 da como resultado 10 mil millones de años). A medida que continúas, vas viendo cosas que están muy lejanas en el futuro… Pensamos (resalto pensamos, porque ahora estamos en la parte especulativa de nuestras ideas teoréticas) que los protones se desintegrarán digamos aproximadamente en el piso 38, o en 10 elevado a la potencia de 38 en el futuro… Pero he aquí lo increíble de esta analogía: lo asombroso, que obviamente suena trillado, es que el tiempo es relativo. Toda duración que parece larga, sólo es larga en comparación a otra duración. En la escala de, digamos, todo el Empire Estate, que sería unos 10 años elevado a la potencia de 100 (que representaría la cima), 10 elevado a la potencia de 38 es menos que un parpadeo. En una escala tan grande, es casi nada".

Si un número como 10 más 38 ceros es como un parpadeo, ¿qué dice eso de tu vida? Incluso si vives hasta una edad muy avanzada, la extensión de tu vida sería como un flash. Y te pasas esa vida arrastrándote alrededor de una pequeña roca que orbita una estrella completamente genérica en medio de una galaxia que, dada la enormidad del universo conocido, tampoco es tan especial.

Pero ni siquiera eso —por mucho que adormezca la mente— es la razón por la que todo va a tener un fin. La mayoría de nosotros no hacemos mucho con nuestras vidas, pero, incluso si lo haces, incluso si eres increíble y la gente te recordará después de tu muerte, y eres tan importante e influyente que nombrarán ciudades y movimientos sociales o corrientes de pensamiento en tu honor, y esos movimientos describen verdades fundamentales que dan forma al curso de la civilización humana durante eones y eones... ¿A quién le importa realmente?

En cuatro o cinco mil millones de años, el sol se quedará sin combustible. Cuando eso ocurra, se expandirá y tragará a la tierra, con las ciudades nombradas en tu honor, tu tumba, las personas que creyeron en tus ideas y todo lo demás. Todo se perderá, en especial después de que nuestro sol muerto expela una masa final de gas y polvo que se disipará en el universo. Todo aquello por lo que viviste o defendiste se desintegrará, pasará a ser un fino polvo celestial. ¿Cuál es tu legado ahora?

Pero no tan rápido...

Quizás, para ese momento (porque es en el futuro), la humanidad habrá avanzado y colonizado otros planetas y otras galaxias. Puede que el planeta que es nuestro hogar en la actualidad desaparezca, pero tus ideas e influencia continuarían.

Lamentablemente, el profesor Greene también demuele esa idea optimista:

"Creemos que por el piso 14, la gran mayoría de las estrellas ya habrán utilizado su combustible nuclear. Habrá brasas oscuras humeando en el cosmos. Pero incluso si se mantuvieran hasta el piso 38, todas se disiparían, quedando sólo sus ingredientes particulares. Es difícil imaginar que después de, digamos, el piso 38, habrá vida o alguna estructura astronómica compleja en el universo. Por lo tanto, el marco de tiempo en el que existe el universo tal como lo conocemos, en relación a toda la duración que tendrá, es bastante pequeño".

¿Te diste cuenta? Incluso la mente —es decir la conciencia — tendrá una existencia limitada hasta que llegará el punto en que colapse.

Esa no es toda la historia

Sin embargo, de acuerdo con la creencia judía, ese flash, ese parpadeo, esa existencia limitada, finita, es exactamente lo que importa. Por ejemplo, la Torá comienza con la historia de la Creación (la creación de la luz, del espacio, del tiempo y de todo lo demás), y eso implica que la existencia física es temporal y que el final es inevitable. El Talmud describe explícitamente que la existencia humana durará tan sólo seis mil años (lo que sea que esto signifique), tras lo cual habrá mil años de desolación.

El libro de Eclesiastés (durante el curso de 12 capítulos largos y densos), explica la idea y lamenta la futilidad y el vacío de las luchas y los placeres humanos. Vas a morir. Todos los que conoces van a morir. Todo lo que construyas será destruido. Los monumentos, los títulos y los honores se perderán y olvidarán. Nada perdurará. El Bing Bang será seguido por un inevitable Big Crunch, un gran colapso, y, literalmente, todo (como la ciencia concuerda) está destinado a degenerar en sus partículas constituyentes originales. Si es que queda algo...

Obviamente, nuestro mundo físico no puede ser toda la historia. Desde una perspectiva judía, dadas las limitaciones del mundo físico, no es posible que Dios (el Dios judío: ilimitado, todopoderoso y compasivo, que creemos que creó este mundo para nuestro beneficio), haya creado algo tan vano y vacío, a menos que la Creación sea un medio para un fin superior en vez de ser el fin en sí mismo. (Por ahora asume que este Dios existe, lo cual es otro tema).

Y, a fin de cuentas, esa es la idea.

El final (la meta, el objetivo o el destino) no está aquí. No es físico, ni tangible ni se puede conocer. No está limitado por las leyes de la física ni por el tiempo. Es espiritual. Es la persona en la que te has convertido al finalizar tu tarea. Y tu tarea, mientras estás aquí, es desarrollar tu potencial y convertirte en la persona en la que eres capaz de convertirte.

Eso no significa necesariamente volverse rico, famoso, popular, influyente, poderoso, ni nada similar. Significa elevarte a ti mismo y, en el proceso, elevar al mundo que te rodea. Significa vivir con la conciencia de una realidad que trasciende las limitaciones de nuestro mundo tridimensional que está condenado a la desintegración y limitado por el tiempo. La persona que eres cuando dejas este lugar es la persona en la que te convertiste mientras estuviste aquí. ¿Quién es esa persona? Depende de ti.

¿Pero aquí? ¿En este lugar que se va desmoronando hacia el olvido? Sí. Este es el lugar para que hagas tu tarea. Es como un día en la oficina. Como un cubículo, un campo, una fábrica o incluso una interminable reunión de Zoom —elige la analogía que más se adapte a tu vida— y luego se terminó. Cierras con llave y vas a casa, o le prendes fuego y no vuelves más. ¿A quién le importa? Ya no lo necesitarás.

Tu misión es convertirte en la persona que eres capaz de ser. Utiliza tu tiempo con sabiduría. No te estreses por lo que dijo Brian Green y las profecías apocalípticas que escuches por ahí. No pienses en la desintegración de los protones al final de los días. Con suerte, para entonces ya estarás en otro lugar.

Y… ¿quién sabe? Quizás tendrás la oportunidad de verlo cuando ocurra, lo cual sería, por decir lo menos, interesante.


Imagen: Unsplash.com, Jeremy Thomas




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