Toy Story 5, la nueva película de Pixar permite que sus personajes crezcan

21/06/2026

3 min de lectura

Según el director, la serie de películas perdura porque acepta el paso del tiempo.

Toy Story 5 llega a los cines esta semana, el quinto capítulo de una historia que comenzó hace 30 años. En una entrevista reciente con The Wall Street Journal, le preguntaron al director Andrew Stanton qué era lo que más lo había sorprendido de la franquicia. Su respuesta fue que la serie continúa viva porque sus creadores estuvieron dispuestos a permitir que los personajes crecieran. Andy deja atrás sus juguetes y se los entrega a una niña llamada Bonnie Anderson. Woody deja su placa de sheriff y se la coloca a Jessie, convirtiéndola en la nueva líder de los juguetes. La lección fue “aprender a abrazar el tiempo” en lugar de congelar a los personajes para siempre.

La mayoría del mundo del entretenimiento hace lo contrario. Los Simpsons están en el aire desde 1989. Bart sigue teniendo diez años.

Lisa sigue teniendo ocho. Después de más de tres décadas, la familia no ha envejecido ni un solo día. Esa es una decisión artística válida, y ha hecho reír a generaciones enteras. Pero también representa una imagen de la vida con el reloj detenido, donde nada se pierde y nada se gana, porque nunca se permite avanzar.

La pregunta que plantea Toy Story es: ¿Cuál de esas dos historias estás viviendo tú? ¿Aceptas el paso del tiempo, permitiendo que cada etapa de la vida llegue y haga su trabajo? ¿O estás intentando congelarte, buscando regresar constantemente a una versión más joven de ti mismo que ya no volverá?

Cada edad tiene su propia corona

Mi difunto tío una vez le dijo en broma a mi difunto padre: “Después de los 50, la vida se vuelve más fácil, porque ya es cuesta abajo”. La perspectiva del judaísmo es diferente: debemos aceptar cada etapa de la vida con sus propias características. En el quinto capítulo de Pirkei Avot (Ética de los Padres), Rabí Iehudá ben Teima describe la vida humana década por década: A los 30 años llega la fuerza. A los 40 años, la comprensión. A los 50 años, la capacidad de dar consejo. A los 60 años, la etapa del anciano. A los 70 años, la plenitud. Los 80 años, sorprendentemente, son una edad de fuerza especial.

El trabajo de envejecer consiste en seguir estando presente para la etapa en la que realmente estás.

La lista no describe un punto máximo seguido de una larga caída, como la “cuesta abajo de la vida”. Describe una subida continua, donde cada década aporta su propio regalo. La fuerza de los 30 no es la fuerza de los 80, y la Mishná no pretende que sean iguales. Pero insiste en que los 80 tienen una fuerza propia que los 30 todavía no pueden poseer. La persona capaz de dar consejo a los 50 no podía hacerlo a los 20, porque todavía no había vivido lo suficiente para ganarse esa sabiduría.

Cada etapa ofrece una experiencia y una misión diferente. El trabajo de envejecer es seguir estando presente para la etapa en la que realmente estás.

El denominador cambia

Hay una característica curiosa de cómo experimentamos el tiempo. Cuando eres joven, un año parece enorme. Para un niño de siete años, un solo año representa una séptima parte de todo lo que ha conocido. El verano parece no terminar nunca. La razón es tanto matemática como emocional. Medimos cada período de tiempo contra la pequeña cantidad de vida que hemos vivido hasta entonces, y frente a ese pequeño “denominador”, cada día parece enorme.

Luego algo cambia. En algún punto de los treinta y cuarenta, los años comienzan a mezclarse y acelerarse. El denominador sigue creciendo, entonces cada nuevo año representa una fracción cada vez menor de la vida que ya hemos vivido. Por eso el tiempo parece ir más rápido.

Más adelante en la vida, el denominador cambia nuevamente. Dejas de medir el tiempo contra los años que ya viviste y empiezas a medirlo contra los años saludables y llenos de energía que sientes que todavía tienes por delante. Un año para una persona de 50 años es una pequeña parte de toda la vida pasada, apenas un dos por ciento. Pero comparado con lo que queda por delante, puede sentirse completamente diferente. Entonces el tiempo vuelve a ser precioso, como en la infancia.

El niño valoraba el tiempo por inocencia. La persona mayor lo valora por conciencia.

El niño valoraba el tiempo por inocencia. La persona mayor lo valora por conciencia. El denominador cambió, y con él aumentó el valor de cada día.

Abrazar el tiempo

Abrazar el tiempo significa dejar ir la etapa que ya pasó y preguntarte para qué sirve la etapa en la que estas ahora. Significa permitir que las transiciones ocurran, como Andy entregando sus juguetes a un niño más pequeño, como los padres entregando el mundo a sus hijos, sin ver esa entrega como una derrota. Significa contar tus días como un inversor cuenta su capital, porque aquello que es limitado es aquello que aprendemos a valorar.

Cada etapa llega usando su propia corona, y la bendición silenciosa de hacerse mayor es que puedes usar cada una de ellas en su momento. Cuando cuentas tus días, descubres que nunca se estaban acabando. Se estaban llenando.

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Ana Sánchez
Ana Sánchez
18 días hace

Extraordinario análisis! Aprovechar la experiencia de quien le dio valor a sus juguetes, permitiendo que la vida de los mismos se extendiera, regalándolos a niños más pequeños; y comparar este gesto a la vida humana, es una habilidad y talento, admirable, que le da sentido a la vida en las diferentes etapas.

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