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Transformar las maldiciones en bendiciones

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Shemot (Éxodo 1:1-6:1 )

por Rav Jonathan Sacks

El Libro de Génesis termina casi en una nota serena. Iaakov encuentra a su hijo perdido. La familia se reúne, Iosef perdona a sus hermanos. Bajo su protección e influencia, la familia se asienta en Goshen, una de las regiones más prósperas de Egipto. Ahora tienen hogares, propiedades, alimento, la protección de Iosef y la buena disposición del faraón. Debe haber parecido uno de los momentos de oro en la historia de la familia de Abraham.

Pero entonces, como ocurrió tantas veces desde entonces, "se levantó un nuevo faraón que no conocía a Iosef". Hubo un cambio en el clima político. La familia cayó en desgracia. El faraón les dijo a sus consejeros: "He aquí que el pueblo, los hijos de Israel, es más numeroso y poderoso que nosotros".1 Esta es la primera vez que la Torá usa la palabra "pueblo" en referencia a los hijos de Israel. "Seamos astutos contra él, no sea que se multipliquen". Y así entró en operación todo el mecanismo de presión: el trabajo forzado que se convirtió en esclavitud y en un intento de genocidio.

La historia está grabada en nuestra memoria. La relatamos cada año y, de forma resumida, la repetimos cada día en nuestras plegarias. Es parte de lo que implica ser un judío. Sin embargo, hay una frase que resalta de toda la narración: "Pero mientras más los oprimían, más se incrementaban y se propagaban". No menos que la opresión misma, también esto forma parte de lo que significa ser un judío. Mientras peores se ponen las cosas, mas fuertes nos volvemos. Los judíos son el pueblo que no sólo sobrevive, sino que prospera en medio de la adversidad.

La historia judía no es simplemente una historia de judíos que soportan catástrofes que hubieran implicado el fin de grupos menos tenaces. Lo importante es que después de cada desastre, los judíos se renuevan. Descubren alguna reserva espiritual oculta hasta ese momento que alimenta nuevas formas de expresión colectiva como portadores del mensaje de Dios al mundo.

Cada tragedia engendró una nueva creatividad. Después de la división del reinado tras la muerte de Salomón vinieron los grandes profetas. Amos y Hoshea, Isaías y Jeremías. Tras la destrucción del Primer Templo y del exilio babilonio tuvo lugar una renovación de la Torá en la vida de la nación, comenzando con Ezequiel y culminando con el vasto programa educativo que llevaron a Israel Ezra y Nejemías. De la destrucción del Segundo Templo surgió la inmensa literatura rabínica, que hasta entonces fue preservada en forma de la tradición oral: la Mishná, el Midrash y la Guemará.

De las Cruzadas surgieron los jasidei ashkenaz, la escuela de piedad y espiritualidad del norte de Europa. Tras la expulsión de España surgió el círculo místico de Tzefat: la Kabalá de Rav Luria y toda la inspiración de la poesía y la plegaria. De las persecuciones y la pobreza de Europa Oriental surgió el movimiento jasídico y el resurgimiento del judaísmo a través de un flujo aparentemente interminable de historias y canciones. Y de la peor tragedia en términos humanos, el Holocausto, tuvo lugar el renacimiento del estado de Israel, la máxima afirmación colectiva judía de vida en más de dos mil años.

Es sabido que el ideograma chino para "crisis" también significa "oportunidad". Cualquier civilización que puede ver la bendición dentro de la maldición, el fragmento de luz dentro de la más profunda oscuridad, tiene la capacidad de perdurar. En hebreo queda todavía más claro. La palabra para crisis, mashber, también significa "una silla de parto". Grabado en la semántica de la consciencia judía está la idea de que el dolor de los momentos difíciles es una forma colectiva de contracciones, tal como cuando una mujer da a luz. Algo nuevo está naciendo. Esta es la mentalidad de un pueblo sobre quien puede decirse: "Mientras más los oprimían, más se incrementaban y más se propagaban".

¿De dónde surge esta capacidad judía de transformar la debilidad en fuerza, la adversidad en una ventaja, la oscuridad en luz? Esto se remonta al momento en el cual nuestro pueblo recibió su nombre: Israel. Esto tuvo lugar cuando Iaakov luchó solo en medio de la noche con un ángel, y cuando comenzó a amanecer su adversario le suplicó que lo dejara marcharse. "No te dejaré partir hasta que me bendigas", dijo Iaakov. Esta es la fuente de nuestra peculiar y singular obstinación. Podemos haber luchado durante toda la noche. Podemos estar cansados y exhaustos. Podemos estar heridos y cojear, como Iaakov. Sin embargo, no dejaremos ir a nuestro adversario hasta que no hayamos extraído una bendición de ese encuentro. Esto resultó ser no algo menor ni una concesión temporaria, sino que se transformó en la base de su nuevo nombre y de nuestra identidad. Israel, el pueblo que "luchó con Dios y con el hombre y prevaleció", es la nación que se fortalece con cada conflicto y con cada catástrofe.

Esta inusual característica nacional quedó resaltada en un articulo que apareció en la prensa británica en octubre del 2015. En ese momento Israel sufría una ola de ataques terroristas en la cual los palestinos asesinaban en las calles y en las estaciones de autobuses a civiles inocentes. El artículo comenzaba diciendo: "Israel es un país asombroso, rebosante de energía y confianza, un imán para el talento y la inversión, un caldero de innovación". El artículo hablaba de la excelencia a nivel mundial de Israel en tecnología aeroespacial, sistemas de irrigación, software, seguridad cibernética, farmacéutica y sistemas de defensa.2

"Todo esto deriva de la capacidad intelectual, porque Israel no cuenta con recursos naturales y está rodeada de vecinos hostiles", seguía diciendo el autor de la nota. El país es una prueba viva de "el poder de la educación técnica, la inmigración y los beneficios de la clase correcta de servicio militar". Sin embargo esto no puede ser todo, porque los judíos consistentemente se han destacado en todos los lugares a los que llegaron y en donde les dieron la oportunidad de hacerlo. El autor analiza diversas explicaciones: la fuerza de la familia judía, su pasión por la educación, el deseo de trabajar por cuenta propia, asumir riesgos como una forma de vida, e incluso la historia antigua. La cuenca del Mediterráneo dio lugar a las primeras sociedades agrícolas del mundo y a los primeros comerciantes. Quizás la disposición a los emprendimientos estaba escrita desde hace miles de años en el ADN judío. Finalmente, el autor concluye que tiene que ver con "la cultura y las comunidades".

Un elemento clave de esa cultura tiene que ver con la respuesta judía ante las crisis. Ante cada circunstancia adversa, quienes heredaron la sensibilidad de Iaakov insisten: "No te dejaré partir hasta que me bendigas". Así fue como los judíos al llegar al Néguev encontraron formas para hacer florecer al desierto. Al encontrar un paisaje árido y descuidado por todas partes, plantaron árboles y bosques. Al enfrentar ejércitos hostiles en todas sus fronteras, desarrollaron tecnologías militares que luego usaron para fines pacíficos. La guerra y el terrorismo los obligó a desarrollar una experiencia médica y a convertirse en líderes mundiales para tratar las secuelas del trauma. Ellos encontraron la forma de transformar cada maldición en una bendición. El historiador Paul Johnson lo dijo de forma muy elocuente:

Durante 4.000 años los judíos demostraron ser no sólo grandes sobrevivientes sino extraordinariamente capaces de adaptarse a las sociedades a las cuales se vieron arrojados, y en reunir todas las comodidades humanas que ellos podían ofrecer. Ningún pueblo fue más fértil enriqueciendo la pobreza o humanizando la riqueza, ni en transformar la mala suerte en un emprendimiento creativo.3

Hay algo profundamente espiritual y sumamente práctico en esta capacidad de transformar los malos momentos de la vida en un estímulo para la creatividad. Es como si en lo más profundo de nuestro ser hubiera una voz diciendo: "Están en esta situación, tan mala como es, porque hay que cumplir una tarea, hay que adquirir una habilidad, hay que desarrollar un potencial, hay que aprender una lección, hay que redimir un mal, hay que rescatar una chispa de luz, hay que descubrir una bendición. Porque Yo te he escogido para dar testimonio a la humanidad de que del sufrimiento pueden surgir grandes bendiciones si luchas con ellas suficiente tiempo y tienes fe inquebrantable".

En una época en la cual personas violentas cometen actos brutales en nombre de la compasión de Dios, el pueblo de Israel prueba cada día que ese no es el camino del Dios de Abraham, el Dios de la vida y de la santidad de la vida. Y cuando alguien que forma parte de este pueblo pierde las esperanzas y se pregunta cuándo terminará, debe recordar las palabras: "Mientras más lo oprimían más se incrementaban y más se propagaban". Un pueblo sobre quien se puede decir esto, puede ser herido pero nunca derrotado. El camino de Dios es el camino de la vida.


NOTAS

1. Éxodo 1.9- Esta es la primera alusión en la historia de lo que en tiempos modernos tomó la forma de la falsificación rusa de "Los protocolos de los sabios de Sión". En la diáspora, a menudo los judíos sin el mínimo poder fueron considerados todopoderosos. Si lo traducimos, lo que esto significa es: ¿Cómo es posible que los judíos lograran evadir el estatus de paria que les hemos asignado?

2. Luke Johnson, "Animal Spirits: Israel and its tribe of risk-taking entrepreneurs", Sunday Times, 4 de octubre 2015.

3. Paul Johnson, "La historia de los judíos", Londres, Weidenfeld and Nicolson, 1987.




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