Tres dimensiones místicas

05/10/2025

5 min de lectura

Bereshit (Génesis 1:1-6:8 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La festividad de Sucot nos enseña cómo santificar las tres dimensiones místicas de la realidad: espacio, tiempo y ser (el yo, la identidad personal, la conciencia de uno mismo). Pasar tiempo en la sucá (un lugar físico) nos permite santificar el espacio.

Cuando agitamos las cuatro especies, participamos en la santificación del ser, pues el Midrash explica que las cuatro especies corresponden a los cuatro órganos principales del cuerpo. La palmera simboliza la columna vertebral; las hojas de mirto tienen forma de ojos; las hojas de sauce tienen forma de boca; y el etrog representa el corazón. Al sacudirlas juntas, dedicamos simbólicamente a Dios nuestros órganos principales, y con ellos el resto de nuestro cuerpo. (Vaikrá Rabá 30:14, basado en Salmos 35:10)

Finalmente, los siete días que dura la festividad corresponden a los siete días de la Creación, período en el cual se creó todo el universo. Debido a que los rezos son más largos, las celebraciones de Simjat Beit HaShoevá y los encuentros familiares, muchos nos encontramos muy ocupados en estos días. Llenar nuestro tiempo con actividades con propósito y significado resulta en santificar la dimensión del tiempo. De esta manera, la sucá, el lulav y los siete días de Sucot santifican las tres dimensiones místicas de espacio, ser y tiempo.

Esta idea nos ayuda a entender por qué celebramos Sucot el 15 de tishrei, y no el 15 de nisán. En el Talmud, Rabí Eliezer entiende que nuestras Sucot representan las Nubes de Gloria. Estas comenzaron a proteger al pueblo judío el 15 de nisán, el día que salimos de Egipto. ¡Sería más lógico celebrarlo cuando ocurrió el milagro!

Podemos sugerir que la Torá trasladó la celebración al mes de tishrei porque Sucot provee la base ideal sobre la cual fundar el nuevo año. Ahora, en tishrei, tenemos la oportunidad de llevar el mensaje de Sucot con nosotros durante todo el año. Tenemos el potencial para santificar el espacio (nuestro hogar y lugar de trabajo), el ser (nuestro cuerpo y nuestra alma) y el tiempo (a través de actividades significativas y productivas). Este es el mensaje que marcará el tono de lo que vendrá.

El error de Javá

Podemos ver una continuación de esta idea en la parashá Bereshit, cuando Adam llama a su esposa Javá después de que ella lo persuadiera para comer del fruto prohibido. ¿Por qué Adam no le dio un nombre antes? Nuestra tradición enseña que, originalmente, la humanidad estaba destinada a vivir para siempre. Fue sólo el error de Javá en el Jardín del Edén lo que trajo la muerte al mundo. Según el Midrash (Bereshit Rabá 17:8), Dios le dio a Javá tres mandamientos únicos para rectificar la imperfección de la muerte:

Una manera de rectificar la muerte es a través de la mitzvá de jalá: separar y destruir un pequeño trozo de masa al hacer pan. Adam es llamado “la jalá del mundo”, ya que Dios lo formó de un puñado de tierra separado del resto del suelo. Por lo tanto, las acciones de Javá, que crearon un defecto en la jalá del mundo, se rectifican con la mitzvá de jalá.

La muerte también puede verse como un derramamiento de sangre. Como resultado, la sangre estaba destinada a derramarse de Javá cada mes, y se le ordenaron las leyes de nidá, que prohíben la intimidad entre los esposos en ese período.

Finalmente, la muerte puede entenderse como la extinción de la luz, es decir, del alma. Una prueba de esto se encuentra en el libro de Proverbios (20:27), donde dice: “La vela de Dios es el alma del hombre”. Para rectificar este aspecto de la muerte, se le ordenó a Javá traer luz al mundo encendiendo las velas de Shabat.

En un nivel más profundo, vemos que estos tres aspectos dañados (jalá, sangre y luz) corresponden a las tres dimensiones que mencionamos antes. Extinguir la luz significa extinguir el alma. En este nivel, el error de Javá corresponde a una relación dañada con el SER. El derramamiento de sangre se refiere a una relación dañada con el ESPACIO, ya que el único lugar que realmente adquirimos en este mundo es el lugar en la tierra donde somos enterrados. El error de Javá convirtió un paraíso potencial en una tumba, dañando así nuestra relación con el espacio.

Finalmente, la asociación entre Adam y la jalá recuerda la única diferencia que hay entre la Matzá y el pan con levadura: TIEMPO. A diferencia de la Matzá, el pan tiene tiempo para leudar. El error de Javá, por lo tanto, dañó nuestra relación con el tiempo. Cada mitzvá rectifica una de las tres dimensiones que ella afectó.

Según el comentario Beit Israel, esta idea explica por qué Adam llamó a su esposa Javá sólo DESPUÉS de que ella lo convenciera de comer del fruto prohibido. El nombre Javá se escribe con las letras hebreas jet, vav y hei. Estas letras son un acrónimo de Jalá (masa), Véset (pureza familiar) y Hadlakát ha-ner (encendido de velas). Javá recibió su nombre sólo después de recibir la oportunidad de rectificar las tres dimensiones mediante sus tres mandamientos únicos.

Los milagros de Sará 

Debemos comprender que Javá fue creada directamente por Dios. Como resultado, estaba en un nivel espiritual extremadamente elevado. No hubo en el mundo una mujer tan justa y grande como Javá hasta nuestra matriarca Sará. Según el Midrash (Bereshit Rabá 60:15), tres señales milagrosas aparecieron en el hogar de Sará mientras ella vivió: una nube especial se posaba permanentemente sobre su tienda, las velas de Shabat permanecían encendidas hasta el siguiente Shabat, y la jalá se mantenía fresca y cálida toda la semana.

Estos tres milagros corresponden a las tres dimensiones. La nube sobre la tienda de Sará representa la dimensión del espacio. (Nuestras Sucot, que significan espacio, también representan las Nubes de Gloria, como ya mencionamos).

Las velas de Shabat que permanecían encendidas toda la semana representan la dimensión del ser. Finalmente, la jalá que permanecía fresca y cálida representa la dimensión del tiempo, ya que el tiempo es el ingrediente crucial que distingue entre pan y Matzá. Vemos aquí que Sará pudo santificar y rectificar la relación de la humanidad con el espacio, el ser y el tiempo.

Los milagros que tenían lugar en el hogar de Sará muestran que las mujeres tienen la oportunidad de perfeccionar el mundo en las tres dimensiones. Por esta razón, Sará, a lo largo de su vida, tuvo varios nombres. Su nombre final fue Sará (Génesis 17:15); su penúltimo nombre fue Sarai (Génesis 11:30); pero su primer nombre fue Iská (Génesis 11:29). Rashi interpreta este nombre como: “Ella miraba (sojá) con inspiración divina.” La palabra sojá se escribe con las letras samej, vav, jaf, hei, las mismas letras de la palabra “sucá”. Sará encarnaba todas las ideas que hemos discutido respecto a Sucot. Ella rectificó las tres dimensiones de espacio, tiempo y ser, trayendo así al mundo sanación y elevación.

El Nombre de Dios

Esta idea también se relaciona con Hoshaná Rabá. El Maté Moshé enseña que el Nombre de Dios Ehiéh es el Nombre que corresponde a esta festividad. (Por eso, Hoshaná Rabá siempre cae el día 21 de tishrei. El valor numérico de Ehiéh es 21). Dios se presentó a Moshé en la zarza ardiente con las palabras: “Ehiéh asher Ehiéh”, literalmente: “Seré lo que seré” (Éxodo 3:14).

Esta frase puede interpretarse como: “Yo estaré con la persona que dice: ‘Seré diferente.’” En otras palabras, cuando nos comprometemos con el crecimiento y el cambio, Dios nos apoya.

El versículo de la presentación de Dios a Moshé concluye con una expresión más de Ehiéh: “Fue Ehiéh quien te envió a ellos” (Éxodo 3:14). No es coincidencia que el Nombre Ehiéh se mencione tres veces en este pasaje. Podemos entender esta repetición como que Dios declara Su apoyo a quienes se esfuerzan por cambiar en las tres dimensiones: espacio, tiempo y ser. Aunque la idea de rectificar y mejorar estas dimensiones está presente durante toda la festividad de Sucot, su punto cumbre es Hoshaná Rabá.

Que logremos tener éxito en nuestros esfuerzos por santificar nuestras vidas en las tres dimensiones. Que traigamos la festividad de Sucot a nuestra realidad cotidiana al esforzarnos durante todo el año para que nuestros hogares y lugares de trabajo expresen la misma santidad que una sucá, para llenar los momentos de nuestros días con experiencias con propósito y significado, y para canalizar el potencial de nuestros cuerpos de manera santa, al servicio de Dios. Y que merezcamos ver con nuestros propios ojos la reconstrucción de la Sucat David HaNofelet, la sucá caída de David, el Sagrado Templo en Jerusalem.


Basado en Torat Avot; Netivot Shalom, primer maamar de Sucot

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