Tres recompensas

08/02/2026

5 min de lectura

Mishpatim (Éxodo 21-24 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem:

En la parashá de esta semana, el pueblo judío hace la declaración culminante de sus 40 años de travesía por el desierto: Naasé venishmá —“Todo lo que Dios ha dicho, haremos y escucharemos” (Éxodo 24:7).

Según el Talmud, el pueblo judío recibió tres recompensas por haber antecedido la palabra naasé (“haremos”) a nishmá (“escucharemos”). En primer lugar, 600.000 ángeles coronaron a cada judío con dos coronas: una por naasé y otra por nishmá (Shabat 88a).

En segundo lugar, en respuesta a la declaración naasé venishmá, Dios llamó al pueblo judío “Mi hijo primogénito” (Shabat 89b sobre Éxodo 4:22). Finalmente, la proclamación de naasé venishmá provocó que una voz celestial anunciara: “¿Quién reveló este secreto de los ángeles a Mis hijos?” (Shabat 88a). Vemos así que "anteponer la acción a la escucha" es una cualidad de los ángeles, como dice el versículo (Salmos 103:20):
“Los ángeles hacen la palabra de Dios y escuchan Su voz”.

Estas tres recompensas (dos coronas celestiales, ser designados como el hijo primogénito de Dios y ser comparados con los ángeles) son extremadamente elevadas. ¿Qué tuvo de tan extraordinaria la declaración naasé venishmá para merecer recompensas tan grandiosas?

El Rebe de Slonim (basándose en Meor Einaim) presenta tres enfoques para entender qué quiso decir el pueblo judío cuando declaró naasé venishmá. Analicemos estas tres interpretaciones.

El primer enfoque se refiere a los altibajos que toda persona experimenta en la vida diaria. Debemos ser conscientes de que aceptar verdaderamente la Torá implica hacer la voluntad de Dios no solo cuando nos sentimos seguros y confiados, sino también en momentos difíciles y desafiantes. Esto es lo que el pueblo judío quiso decir con naasé venishmá: su compromiso de cumplir la voluntad de Dios (naasé) precedió a su comprensión de las leyes de la Torá (nishmá).

La incapacidad de comprender incluso leyes lógicas (muchas de las cuales aparecen en la parashá de Mishpatim) indica que estamos atravesando un momento difícil en nuestras vidas. El comentarista Or Guedaliahu explica que las leyes de esta parashá no nos parecen lógicas porque lo sean intrínsecamente, sino porque Dios nos creó con un sentido innato del bien y del mal. Dado que Dios nos creó de esta manera, tenemos la capacidad de acercarnos a Él y de alinearnos con Su voluntad. Cuando una ley de la Torá nos parece lógica, es una señal de que estamos en el camino correcto; es decir, cerca de Dios y alineados con Su manera de pensar. Cuando no logramos ver la razón detrás de leyes que tenemos el potencial de comprender, es una señal de que nuestro comportamiento nos ha alejado de nuestro sentido innato del bien y del mal. La declaración “naasé venishmá” es, por lo tanto, un compromiso del pueblo judío de cumplir las leyes de la Torá incluso en los momentos bajos, cuando dichas leyes no nos parecen razonables.

Amor parental

El segundo enfoque se basa en la afirmación del Talmud (Iomá 28b) de que es posible servir a Dios incluso antes de que se nos ordene hacerlo. Esto define si nos relacionamos con Dios como un hijo con su padre o como un siervo con su amo. Un hijo, por amor, hace la voluntad del padre incluso sin que se le diga. Un siervo, en cambio, actúa solo cuando recibe una orden. La falta de un mandato puede indicar distancia, como afirma el Talmud (Bavá Kamá 38a): “Es mayor quien cumple porque fue ordenado que quien actúa sin haber sido ordenado".

Podemos sugerir un nuevo enfoque para entender esta idea mediante una parábola. Imaginemos dos familias. En la primera, los padres exigen que los hijos hagan la tarea antes de cenar, establecen horarios para dormir, imponen límites y tienen toda clase de reglas y expectativas. En la segunda familia, los hijos comen cuando quieren, salen hasta la hora que desean y no tienen ninguna clase de restricción. La primera familia, con su estructura y sus expectativas claras, demuestra que su prioridad es el bienestar de sus hijos. La segunda familia, con su libertad total y permisividad, puede en realidad demostrar una falta de preocupación por los hijos. Cuando Dios nos da mandamientos, demuestra que se preocupa por nuestro bienestar. Cuando no nos ordena, puede ser una señal de distancia entre Él y nosotros.

La declaración del pueblo judío “naasé venishmá” puede entenderse, a la luz de esta idea, como: “Haremos incluso antes de que se nos ordene”. A pesar de que no haber recibido un mandato podría indicar distancia entre el pueblo judío y Dios, ellos proclamaron de todos modos su intención de cumplir la voluntad divina. Este compromiso expresa el amor eterno de un hijo hacia su padre: el deseo de cumplir la voluntad del padre incluso cuando no se le ha pedido explícitamente.

Una expresión natural

Cumplir la voluntad de Dios incluso en los momentos bajos, y aun cuando nos sentimos alejados de Él, nos permite alcanzar el nivel más elevado, que es el tercer enfoque. Los 613 mandamientos de la Torá corresponden a las 613 partes del cuerpo físico, que a su vez corresponden a las 613 partes del alma. Así como el cuerpo no necesita que se le enseñe cómo realizar los impulsos naturales (comer, beber, etc.), el alma debería poder cumplir la voluntad de Dios de manera natural, sin necesidad de que se lo tengan que enseñar. Sin embargo, los impulsos corporales impiden que el alma exprese todo su potencial. Solo cuando purificamos y refinamos completamente el cuerpo, el alma puede cumplir de forma natural y automática la voluntad divina.

Cuando el pueblo judío declaró naasé venishmá, quiso decir: “Podemos hacer incluso antes de escuchar, porque hemos purificado nuestros cuerpos hasta el punto en que expresar la voluntad divina surge naturalmente”. Este nivel solo se alcanza cuando estamos comprometidos a cumplir la voluntad de Dios incluso en los momentos bajos y cuando nos sentimos alejados de Él. Al llegar a este nivel, nos asemejamos a los ángeles, que no tienen un cuerpo que les impida expresar naturalmente la voluntad Divina.

El hijo primogénito

Estos tres enfoques nos ayudan a apreciar la grandeza de la declaración naasé venishmá y explican por qué el pueblo judío mereció las tres recompensas. Como mencionamos, el pueblo recibió dos coronas. Esta recompensa corresponde al primer enfoque del entendimiento de "naasé venishmá": el compromiso de cumplir la voluntad de Dios no solo en los momentos en que nos sentimos confiados y positivos, sino también en los momentos bajos de la vida. Estos dos extremos (las alturas y las caídas) corresponden a las dos coronas otorgadas al pueblo judío.

La segunda recompensa fue que Dios designara al pueblo judío como Su "hijo primogénito”. Esta recompensa corresponde al segundo enfoque para comprender “naasé venishmá”: que el pueblo judío cumpliera la voluntad de Dios incluso cuando no se le había ordenado. Aunque la falta de un mandato podría indicar distancia, la perseverancia del pueblo judío a pesar de esa posibilidad demostró su compromiso en construir con Dios una relación de padre e hijo. Entonces Dios respondió con la segunda recompensa: llamar al pueblo judío “Mi hijo primogénito”..

Para la tercera recompensa, el pueblo judío fue comparado con los ángeles, que son capaces de actuar antes de escuchar. Esta recompensa corresponde al tercer enfoque para comprender "naasé venishmá": que el pueblo judío pudiera purificar sus cuerpos hasta tal punto que sus almas pudieran expresar la voluntad divina sin ningún obstáculo. Cumplir automáticamente la voluntad de Dios es una cualidad angelical; por ello, el pueblo judío fue recompensado siendo comparado con los ángeles.

Que todos seamos bendecidos para perseverar incluso en los momentos bajos, cuando nos sentimos lejos de Dios, de modo que vivamos para recibir nuevamente mandamientos en todas las mitzvot que dependen del Templo (un tiempo en el que servir a Dios será algo natural) y merezcamos ser coronados como el hijo único de Dios.

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