Tres rehenes han sido liberadas, pero esto aún no ha terminado

20/01/2025

4 min de lectura

Aún hay más de 90 rehenes en Gaza.

Mientras Romi, Emily y Doron, las tres rehenes, finalmente eran liberadas después de 471 días en cautiverio de Hamás, justo vi una escena de la película La lista de Schindler de Steven Spielberg. En ella, Oskar Schindler está en su fábrica, llenando un vaso de licor mientras habla con su asistente judío, Itzhak Stern. “Sabes que esto pronto terminará”, dice.

Y yo quiero gritar. Quiero gritarle al mundo a todo pulmón: “¡Se supone que esto debería haber terminado! ¡Y no ha terminado! ¡Todavía están intentando extinguirnos. Todavía hay rehenes en Gaza!”. Los asesinatos bárbaros, las violaciones de mujeres y los secuestros del 7 de octubre han sido defendidos de manera inconcebible. Vemos a las multitudes protestando, los campus universitarios llenos de odio contra Israel, las redes sociales clamando por nuestra exterminación y los tribunales del mundo cegados por su veneno ponzoñoso. Nuestra historia está siendo reescrita mientras se difunden llamados que cuestionan nuestro derecho a existir, expandiendo el antisemitismo en todo el mundo.

Hace un tiempo comencé a viajar de nuevo a Polonia con grupos de mujeres. Caminamos por Auschwitz, Birkenau y Majdanek. Vemos las interminables pilas de cabello, los incontables zapatos, los montones de gafas con marco de alambre, las prótesis apiladas una sobre otra y las maletas etiquetadas con ingenuidad. Cientos de ollas que madres y abuelas llevaron pensando que cocinarían platillos para sus familias.

Caminamos por los campos de exterminio, mientras el pesado silencio corta el aire como un cuchillo afilado. Las chimeneas de los crematorios y las vías del tren que llevaron a millones a su muerte permanecen como testigos de la locura barbárica de la Solución Final. Miramos hacia arriba y el cielo está azul, el sol brilla, la hierba verde crece como si el mundo fuera normal y nunca hubiera pasado nada terrible aquí. Algunas flores incluso se atreven a crecer en esta tierra empapada de nuestra sangre.

En una charla reciente que di a niños de secundaria sobre el Holocausto, compartí imágenes de mis viajes. Conté historias sobre mis padres y abuelos que milagrosamente sobrevivieron a pesar de la máquina de muerte nazi. Al irme, una niña joven se me acercó, con los ojos llenos de lágrimas.

“¿Realmente entraste a las cámaras de gas en tu viaje?”, preguntó.

“Sí, lo hice”, respondí. “Entré al mismo lugar donde mi abuela dio su vida y gritó el Shemá Israel, por última vez”.

La niña se secó las lágrimas.

“Lleva mi historia contigo”, le dije. “Nunca la olvides. Somos parte de un pueblo increíble. Y superaremos estos tiempos difíciles también”.

Miro a esta dulce e inocente niña y pienso en todos nuestros niños. ¿En qué clase de mundo están creciendo? ¿Qué promesa les espera mientras atraviesan su infancia?

Hace ochenta años mi madre era una niña judía que fue empujada a la fuerza a un vagón de ganado. No había agua, ni aire para respirar, solo gritos y alaridos. La llevaron a Bergen-Belsen, congelada, hambrienta, con la cabeza rapada. Crecí escuchando las historias de mi madre de resiliencia y de fe bajo el fuego. Esa fue la "leche materna" que nutrió mi alma. La infancia de mis hijos estuvo llena de relatos de la abuela en los cuales salía a flote su espíritu indomable mientras triunfaba sobre el mal. Mi padre perdió a toda su familia, pero nunca perdió su capacidad de cantar, reír o llevar tiernamente a un bebé en sus hombros. Vimos con nuestros propios ojos el inmenso poder de nuestra nación para resistir.

Mi tío, quien también sobrevivió a Bergen-Belsen siendo un niño, me cuenta sobre las veces que conducía al Aeropuerto de Newark en Nueva Jersey y veía un avión de El-Al volando arriba en el cielo. Cada vez, mi tío Yanky estacionaba su auto al lado de la carretera y miraba el Maguén David azul y blanco en la cola del avión mientras recitaba el Shemá. “¿Crees que cuando yo era un niño pequeño y era golpeado por los nazis en los campos de concentración podría haber imaginado alguna vez ver un avión judío del Estado de Israel volando por los cielos? Es un milagro para mí cada vez que lo veo. Por supuesto que debo detenerme y dar gracias”.

No puedo creer el mundo que estoy viendo hoy. Mi madre siempre me decía: “¿Sabes qué? Al mundo le encanta decir kadish por el judío. Están felices de construir monumentos y museos en nuestra memoria. Pero, ¿dejarnos vivir? No. Para eso debemos aferrarnos a nuestra fe y luchar por nuestra vida”.

Conmemorar la liberación de Auschwitz y reconocer la responsabilidad por las atrocidades cometidas durante el Holocausto es importante. Nunca debemos olvidar la historia de nuestra nación. Debemos saber siempre cómo el mal puede apoderarse de las mentes de las personas y causar devastación. Y para los que no lo creen, hoy en día lo podemos ver con nuestros propios ojos. Tan solo miren lo que ocurrió el 7 de octubre. Aún hay más de 90 rehenes en Gaza.

¡Pero Oskar Schindler dijo: “esto pronto terminará”!

Y mi corazón se rompe mientras clamo a seis millones de almas que todavía no tienen descanso: Lo siento. Esto aún no ha terminado.

A las innumerables familias heridas, a los valientes guerreros de nuestro pueblo, a las familias rotas, a los rehenes que anhelan volver a casa, también les digo: “Lo siento. Esto aún no ha terminado”.

Sin embargo, también les digo: aférrense. Agárrense a la fe de nuestro pueblo. Nuestra historia aún está por escribirse. Vean las inspiradoras imágenes de Romi, Emily y Doron abrazándose con sus familiares. Vean la resiliencia de estas tres valientes mujeres. Y no pierdan la esperanza. Resistiremos.

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vicky credi
vicky credi
1 año hace

Excelente artículo, el cual expresa un sentimiento muy verdadero y real. ¡Esto no ha terminado! Y lo peor es ver al mundo en su típica respuesta de pasividad e indiferencia, defendiendo a los verdaderos asesinos y perpretadores, y reclamando cada vez que Israel se "atreve" a no ceder ante sus abusos y exigencias.

Y ese acuerdo de cese al fuego del cual no sabemos que precio va a cobrar, y bajo esas condiciones desquiciadas, de ir liberando a los rehenes a cuentagotas, para someter a los civiles a una tortura emocional continua.

Pero algún día, esto si terminará, porque Hashem así lo prometió.

Raquel Zelmanowicz
Raquel Zelmanowicz
1 año hace

Resistiremos y superaremos toda esta maldad. Bailaremos nuevamente !! Cómo me lo enseñaron mis padres, un judío polaco que hizo el servicio militar polaco y luego fue deportado a 5 campos de concentración. Sobrevivió y trabajó, sólo que no quiso tener más hijos, miedo que los quemaran ... cuándo falleció mi mamá, hizo aliá !! AM ISRAEL JAI !!

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