Masacre en un evento de Janucá en Australia


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La táctica de Carlson de formular preguntas capciosas y luego dejar que sus invitados difundan falsedades le permite avivar la indignación mientras mantiene sus manos limpias. Una estrategia cínica que debe ser expuesta.
En una reciente entrevista que ha ganado desafortunado impulso en Internet, Tucker Carlson recibió a la monja ortodoxa greco-estadounidense Madre Agapia Stephanopoulos, quien declaró sin ningún fundamento que Israel pretende “volar” la mezquita de al-Aqsa o la Cúpula de la Roca en el Monte del Templo.
Esta peligrosa acusación, presentada sin objeción e incluso alentada mediante preguntas tendenciosas, exige una respuesta contundente basada en hechos históricos y en los valores judíos.
La entrevista mostró un modelo del antiguo Templo judío, que sirvió como trampolín para especulaciones sobre las intenciones de Israel respecto al Monte del Templo.
Este modelo, casualmente, se encuentra en la azotea del Centro Mundial Dan Family de Aish en la Ciudad Vieja de Jerusalem (institución de la cual soy director ejecutivo) y que tiene vista al Monte del Templo. Cuando Carlson preguntó cómo podría reconstruirse un templo judío en un lugar ocupado actualmente por sitios sagrados islámicos, la Madre Agapia sugirió con ligereza que Israel simplemente lo “volaría”, una declaración tan ofensiva como falsa.
Esta entrevista representa sólo el último ejemplo de Carlson brindando una plataforma a voces antisemitas mientras mantiene una negación plausible. Al plantear preguntas dirigidas y luego dar un paso atrás mientras sus invitados hacen declaraciones incendiarias, Carlson permite la difusión de falsedades peligrosas mientras que, técnicamente, mantiene sus propias manos limpias. Es una estrategia cínica que debe ser desenmascarada por lo que realmente es.
Tucker Carlson (a la derecha) entrevista a la Madre Agapia Stephanopoulos (izquierda), agosto de 2025. (crédito de la foto: Captura de pantalla/YouTube)
La historia contradice directamente estas dañinas afirmaciones. Después de que obtener el control de la Ciudad Vieja de Jerusalem en 1967 durante la Guerra de los Seis Días, las autoridades israelíes tomaron una decisión trascendental que dice mucho sobre nuestros verdaderos valores.
A pesar de tener la capacidad militar para alterar el Monte del Templo, el entonces ministro de defensa Moshé Dayan devolvió el control administrativo del sitio al Waqf islámico. Israel no sólo no “voló” la Cúpula de la Roca ni la mezquita de al-Aqsa, que se encuentra justo al sur de esta, sino que devolvió la administración de estos lugares a los musulmanes.
La decisión de Israel fue una elección unilateral y reflejó el compromiso del país con la libertad religiosa y el respeto a todas las religiones. Antes de 1967, cuando Jordania controlaba la Ciudad Vieja, se les prohibía a los judíos rezar en el Muro Occidental, nuestro sitio sagrado más importante. Los cementerios judíos fueron profanados y decenas de sinagogas fueron destruidas. Cuando Israel recuperó el control, eligió un camino diferente.
Israel transformó Jerusalem de una ciudad dividida, donde la libertad religiosa estaba severamente restringida, a una donde cristianos, musulmanes y judíos pueden acceder a sus lugares santos en paz.
Sí, los judíos observantes rezan a diario por la eventual reconstrucción del Templo. Esto ha sido parte de nuestra liturgia durante dos milenios, incluso antes de que existiera el islam. Pero en la tradición judía, esta reconstrucción está asociada con la era mesiánica, un tiempo de paz universal, y se llevará a cabo pacíficamente. Dios será quien determine cómo hacerlo.
El judaísmo cree que la era mesiánica será una época de paz, cuando las naciones convertirán sus espadas en arados. Ningún líder judío responsable aboga por medios violentos para reconstruir el Templo.
Tanto el judaísmo como el cristianismo creen que la era mesiánica será una época de paz, cuando las naciones convertirán sus espadas en arados. Ningún líder judío responsable aboga por medios violentos para lograr esta aspiración. Sugerir que Israel estaría dispuesta a “volar” sitios sagrados islámicos no sólo es errónea en los hechos; sino que es una distorsión maliciosa de la teología judía y de la política israelí.
Los modelos del antiguo Templo, como el mostrado en la entrevista, existen con fines educativos, para ayudar a las personas a comprender la importancia histórica y religiosa del lugar. Representan un recuerdo histórico y una esperanza futura, no planes actuales de construcción.
La promoción temeraria de tales falsedades tiene consecuencias en el mundo real. Alegaciones similares sobre supuestos planes judíos en el Monte del Templo han incitado a la violencia, incluso muy recientemente. Cuando figuras mediáticas amplifican estas afirmaciones peligrosas, se vuelven cómplices del posible derramamiento de sangre que pueda seguir.
Al crear una plataforma para el antisemitismo, al formular preguntas para provocar respuestas altamente provocadoras y no refutar falsedades evidentes, Carlson carga con la responsabilidad del odio que ayuda a difundir.
Tucker Carlson no puede escudarse en la excusa de que simplemente formula preguntas mientras que otros dan respuestas incendiarias. Al crear una plataforma para el antisemitismo, al formular preguntas para provocar respuestas altamente provocadoras y no refutar falsedades evidentes, él es responsable del odio que ayuda a difundir.
El historial de Israel habla por sí mismo. Cuando Israel tuvo la oportunidad de destruir la Cúpula de la Roca en 1967, eligió preservarla. Israel pudo haber prohibido el culto musulmán; en su lugar, eligió protegerlo.
Incluso frente a ataques terroristas lanzados desde el propio Monte del Templo, la respuesta de Israel ha sido circunspecta, enfocándose en la seguridad más que en la represalia.
Quienes realmente deseen comprender este tema complejo y delicado deben mirar las acciones de Israel a lo largo de las últimas décadas y no dejarse llevar por especulaciones incendiarias de quienes no tienen autoridad para hablar sobre las intenciones judías o israelíes.
La verdad no requiere exageración ni invención; sólo exige ser contada. Por ello, los invito a visitar la sede de Aish en la Ciudad Vieja de Jerusalem y ver por ustedes mismos la realidad en el terreno.
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