Tzitzit: Atarnos a nuestro propósito

07/06/2026

6 min de lectura

Shlaj (Números 13-15 )

“¿Por qué usas esos hilos?”, me preguntó Cody Webb, un profesional de motocross, señalando los flecos de mis tzitzit. Me acerqué a Cody después de verlo junto al Muro Occidental usando una gorra de Red Bull (la marca distintiva de un atleta extremo competitivo), fuera de lugar entre un mar de judíos religiosos inmersos en sus rezos. Me contó sobre su próxima competencia de motocross en Israel y lo invité a preguntarme cualquier cosa sobre el judaísmo e Israel. Como suele ocurrirme, su primera pregunta fue sobre mis tzitzit.

Desentrañar la mitzvá

En la porción de la Torá de esta semana, Dios nos da la mitzvá de tzitzit:

“[Los hijos de Israel] harán para sí tzitzit en las esquinas de sus vestimentas, por todas sus generaciones, y colocarán un hilo de lana azul celeste (tejelet) en el fleco de cada esquina.(1) Serán tzitzit para ustedes, y al verlos recordarán todos los mandamientos de Dios para cumplirlos, y no se desviarán tras su corazón y tras sus ojos, detrás de los cuales ustedes se extravían”. (Números 15:38–41)

De estos versículos vemos tres respuestas a la pregunta de Cody sobre por qué usamos tzitzit:

  1. Dios nos ordenó usarlos.
  2. Nos recuerdan todos los mandamientos.
  3. Nos impiden desviarnos tras nuestros corazones y nuestros ojos.

La primera respuesta parece suficientemente clara, pero las otras dos deberían inquietarnos. ¿Cómo pueden unos simples hilos recordarnos cumplir los 613 mandamientos? ¿Qué poder tienen estos flecos sencillos para proteger nuestros ojos errantes y nuestros corazones inquietos?

De hojas de higuera a flecos

Antes de responder estas preguntas sobre los tzitzit, que usamos en las esquinas de nuestra ropa, demos un paso atrás y recordemos en primer lugar por qué usamos ropa. La Torá enseña que Adam y Javá comenzaron sus vidas en el jardín completamente desnudos. Después de pecar, sintieron vergüenza de su desnudez, y Dios bondadosamente les hizo ropa para ayudarlos a combatir esa nueva vergüenza.

Pero la verdadera historia está en los detalles. ¿Qué fue exactamente lo que causó que Javá pecara? “La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para adquirir sabiduría” (Génesis 3:6). El versículo muestra claramente que el deseo de Javá por los placeres del fruto la llevó a desviarse del mandato divino. Al ceder ante ese deseo, Javá no solo cometió un pecado personal, sino que alteró fundamentalmente la naturaleza humana. Como progenitora de toda la humanidad, su elección creó un precedente espiritual que resonaría en cada generación. Que Javá se rindiera a esa tentación física incrustó esta debilidad en el ADN espiritual de la humanidad. Desde ese momento, la materialidad tendría un poderoso atractivo que alejaría de la espiritualidad, dejando a los seres humanos casi indistinguibles de los animales en su susceptibilidad al instinto y al deseo, una realidad que en el mundo actual vemos por todas partes.

Para combatir esta nueva vulnerabilidad, Dios les dio ropa. Al cubrir sus cuerpos, Adam y Javá se distinguían del reino animal y declaraban su intención de elevarse por encima del instinto básico. La ropa representa, por lo tanto, tanto nuestra capacidad como nuestra obligación moral de superar nuestra naturaleza animal inferior y recuperar nuestro destino espiritual.

Pero para el pueblo judío, Dios llevó esta obligación un paso más allá. El mandamiento de los tzitzit, como extensión de la ropa, representa una extensión de nuestras obligaciones morales y espirituales aquí en la tierra. No solo debemos superar nuestros instintos animales, sino canalizar nuestra energía hacia una causa superior.

Rav Shimon Schwab, uno de los grandes líderes judíos de la generación pasada, explica:

“En lo que respecta al pueblo judío, la capacidad de una persona para dominar su naturaleza animal crece y florece (tzitz) hacia un llamado moral aún más elevado: aceptar las mitzvot de Dios. Donde termina la decencia moral (con la cual toda la humanidad está comprometida) comienza el mandato específicamente judío. La Torá presupone el nivel más alto de decencia y dignidad. Nosotros, como pueblo judío, hacemos ‘extensiones’ de nuestra ropa para simbolizar nuestro mandato especial. Por lo tanto, cuando observamos nuestros tzitzit recordamos que nuestra pertenencia al pueblo judío, mediante la aceptación de las mitzvot, extiende nuestra humanidad hacia un llamado moral más elevado”.

En resumen: la ropa nos distingue de los animales y nos recuerda elevarnos por encima de deseos e instintos básicos. Los flecos de nuestros tzitzit nos distinguen de otros seres humanos y nos recuerdan canalizar nuestra energía hacia el servicio de Dios.

Propósito tejido en los hilos

Este concepto se vuelve aún más notable cuando examinamos los intrincados detalles de los tzitzit.

  • El hilo azul - El Rambán revela que la palabra hebrea “tejelet” (el hilo azul) comparte su raíz con la palabra “tajlit”, propósito.(2) Cada mirada a nuestros tzitzit despierta en nosotros nuestro propósito: la responsabilidad moral adicional de cumplir las 613 mitzvot prescritas por la Torá.
  • Nudos y cuerdas – De acuerdo con Rashi, estas 613 mitzvot están codificadas en los tzitzit: “El valor numérico de la palabra tzitzit es 600; sumado a los 8 hilos y 5 nudos de cada borla, da 613, el número exacto de mitzvot dadas en la Torá. Por eso el versículo declara: ‘Y cuando los vean, recordarán todos los mandamientos de Hashem para cumplirlos’”.(3)

Estos elementos de diseño trabajan juntos para cumplir la promesa del versículo respecto a que el tzitzit va a impedir que nos desviemos “tras nuestros corazones y nuestros ojos”. ¿De qué manera? Como hemos visto, los tzitzit nos atan a nuestro propósito. Las personas guiadas por un propósito resisten naturalmente las influencias seductoras que cautivan los ojos y el corazón. Un atleta de élite entiende que salir a beber en lugar de descansar bien puede marcar la diferencia entre una medalla olímpica y el olvido. Cuando tu misión se vuelve completamente clara, las tentaciones pierden poder. Ese es el poder de los tzitzit: simultáneamente nos atan a nuestro propósito y nos liberan de la tentación mundana.(4)

Enhebrar propósito en la vida diaria

Para quienes usan tzitzit, los invito a llenar este hábito matutino de un propósito más profundo. Antes de recitar la bendición y ponérselos, hagan una pausa para conectarse con su propósito. Recuerden que, como judíos, llevan la elevada responsabilidad de las 613 mitzvot. Usen este momento para anclarse en su misión y fortalecer su resistencia frente a las distracciones que desvían el corazón y los ojos.

Para los hombres que aún no usan tzitzit, esta mitzvá requiere un esfuerzo mínimo y ofrece un significado enorme. Todo el proceso toma treinta segundos; luego pueden quitárselos o llevarlos discretamente bajo la camisa.

Para las mujeres, aunque los tzitzit no son una obligación, el principio más profundo se aplica poderosamente también a sus vidas. Cada mañana, al elegir la ropa, pueden preguntarse: "¿De qué manera mi forma de vestir refleja mis valores?" Ya sea eligiendo ropa recatada que honre la dignidad interior o colores y estilos que reflejen confianza en lugar de búsqueda de atención, la manera de vestir puede convertirse en una declaración diaria de propósito. Así como los tzitzit recuerdan a los hombres su llamado superior, un enfoque consciente hacia la vestimenta puede servir como recordatorio constante del rol único de elevar el mundo mediante sabiduría, compasión y fortaleza espiritual.

Ya sea a través de flecos sagrados o de elecciones conscientes en la vestimenta, que todos encontremos maneras de enhebrar propósito en nuestra vida diaria y resistir la atracción del vacío y la distracción.


  1. Antecedente importante: Perdimos acceso al caracol que producía este tinte azul. Por eso, hoy en día, en la mayoría de los casos las personas usan tzitzit completamente blancos. Sin embargo, hay quienes creen haber redescubierto ese caracol y, por lo tanto, utilizan su tinte para hacer un hilo azul en sus tzitzit.
  2. Ver nota al pie 1
  3. Rashi sobre Números 15:39 — וזכרתם את כל מצות ה׳ “Y recordarán todos los mandamientos de Dios”. Los tzitzit le recordarán a la persona todos los mandamientos porque el valor numérico de las letras de la palabra “tzitzit” es seiscientos; y además hay ocho hilos y cinco nudos en los flecos. En total suman seiscientos trece, que es también el número de los mandamientos de la Torá.
  4. El Talmud ofrece un ejemplo impactante de cómo los tzitzit impiden que nos “desviemos tras nuestros corazones y nuestros ojos”: Había una vez un hombre que era muy cuidadoso con la mitzvá de tzitzit (aunque menos diligente en otras mitzvot). Oyó hablar de una prostituta en una ciudad lejana que cobraba cuatrocientas monedas de oro por sus servicios. Le envió las cuatrocientas monedas y concertó un encuentro. Cuando llegó el momento, él fue y se sentó en la entrada… Ella se desvistió y se sentó en la cama. El hombre comenzaba a desvestirse cuando, de repente, los cuatro flecos de sus tzitzit golpearon su rostro. Inmediatamente se dejó caer y se sentó en el suelo. Ella también bajó de la cama y se sentó en el suelo. Ella le dijo: “¡Por la vida del César! No te dejaré ir hasta que me digas qué defecto encontraste en mí”. Él respondió: “Juro por el servicio divino que nunca he visto una mujer tan hermosa como tú. Pero hay una mitzvá que nuestro Dios nos ordenó, llamada tzitzit. La Torá dice dos veces sobre ella: ‘Yo soy Hashem su Dios’ — Yo soy Quien castiga y también Quien recompensa. En este momento, estos cuatro hilos de tzitzit se me aparecieron como cuatro testigos que declararían sobre la transgresión que estaba a punto de cometer”. Ella le dijo: “No te dejaré ir hasta que me digas tu nombre…” Él escribió su nombre y se lo entregó… Después, ella fue a la casa de estudio de Rabí Jía y dijo: “Rabí, enséñeme qué debo hacer para convertirme al judaísmo”. Rabí Jía le preguntó: “¿Quizás has puesto tus ojos en uno de los estudiantes [y tu motivación para convertirte no es sincera]?” La mujer sacó la nota, se la entregó y relató todo el incidente, convenciéndolo de que su deseo de convertirse era genuino. Él le dijo: “Ve y reclama lo que legítimamente te pertenece” (es decir, conviértete y cásate con él).
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