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Un artista revela su alma

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21/02/2022 | por Rajel Ginsberg

A los veinte años, el famoso fotógrafo Jared Bernstein formaba parte del círculo íntimo de estrellas de rock, actores y magnates inmobiliarios. ¿Por qué se alejó de todo eso?

Incluso si eres uno de los que piensa que el arte moderno se ve como si alguien accidentalmente hubiera vertido una lata de pintura sobre una tela, lo más probable es que te sientas emocionado por el poco convencional libro llamado Courageous Chicken: A Journey to Living Courageously (El pollo valiente: una travesía para vivir con coraje). Se trata del relato sumamente personal del célebre fotógrafo Jared Bernstein, representado a través de sus pinturas y poemas: una exploración de sus miedos y triunfos al intercambiar el brillo y la ostentación de los círculos internos de los más famosos músicos, actores y magnates inmobiliarios por una vida de observancia del judaísmo en Israel.

"En el libro, a través de mis dibujos y de mis poemas, comparto mis experiencias al buscar a Dios y encontrar el coraje para transformar mi vida", dice Jared y enfatiza que no es sólo una coleccion de arte moderno, sino lo que él denomina "un espejo público de mi alma. Yo crecí apenas sabiendo que era judío, pero a pesar del dinero y del estatus que tenía, no era feliz. En 1998, me alejé de esa vida, me casé, me vine a vivir a Jerusalem y fui bendecido con una bella familia. Pero me llevó 23 años tener el valor de compartir mi historia. El libro es una confrontación con mi identidad".

Jared nació hace 58 años en Baltimore, Maryland, y se mudó a Marlboro, New Jersey, cuando tenía cinco años, porque su padre, un psicólogo, obtuvo un puesto en un hospital psiquiátrico. Aunque su madre creció en un hogar donde observaban el Shabat, lo único que Jared y sus dos hermanos sabían respecto a que eran judíos era que su apellido los delataba.

"Si alguien me preguntaba si era judío, mi respuesta era: 'Supongo que sí'. Es decir, sabía que lo era, pero no tenía un concepto respecto a lo que eso significaba". Nunca fue a una escuela judía, no hizo el bar mitzvá y ni siquiera le hicieron un brit kasher (se lo hicieron en el hospital al segundo día de vida).

Sin embargo, sus padres le dieron una posibilidad de "elección". "Cuando tenía unos once años, mis padres me dieron a elegir entre continuar en el equipo de fútbol o ir a estudiar los domingos a la escuela hebrea. Bueno, no fue una verdadera elección. Yo ni siquiera sabía de qué se trataba la escuela hebrea".

Pero él tuvo una conexión con la tradición: los padres de su madre. Sus abuelos vivían en Flatbush e iban a visitarlos los viernes a la tarde llevando grandes ollas de comida. "La comida era deliciosa", recuerda Jared, "pero nunca nadie nos dijo qué era, qué era kasher. Simplemente pensamos que tenían sus recetas favoritas. Mi madre se alejó de la religión cuando fue a la universidad y mi padre, que estaba completamente alejado, puso una condición cuando se casaron: que sus padres no le mencionaran a sus hijos nada sobre la religión judía. Mi madre lo aceptó. Cuando mis abuelos venían los viernes, ni siquiera tenían permitido decirnos: 'Niños, saben que un poco más comienza el Shabat'".

Aunque él no puede definirlo, dice que había algo diferente en sus abuelos, ("Mi abuelo siempre usaba un sombrero y mi abuela siempre estaba vestida con dignidad) algo que le daba a él cierta estabilidad en un hogar turbulento. La familia era disfuncional y cuando Jared tenía 12 años, sus padres se divorciaron.

Fue difícil crecer en medio de tanta tensión, y Jared, siempre un niño sensible, comenzó a escribir historias y a dibujar como un refugio para su espíritu quebrado. Él cuenta que cuando tenía alrededor de diez años, sentía que había "algo allí afuera, a pesar de no tener un concepto de Dios".

Desde que era un adolescente, Jared sabía que quería ser fotógrafo, pero dice que no tenía mucha confianza en sí mismo y no tomaba riesgos, así que el camino más sencillo fue ir a la Universidad Pace en Manhattan y obtener un título "normal" en administración de empresas y mercadotecnia.

Pero los negocios realmente no eran lo suyo, y mientras estudiaba comenzó a ayudar a algunos fotógrafos de Manhattan.

"Gracias a ellos avancé rápidamente. Ellos me abrieron una puerta, me construí y cuando tenía 25 años me había convertido en uno de los mejores. Estaba conectado con algunos de los agentes más grandes y comencé a fotografiar a las celebridades y a moverme en su entorno. Me convertí en el fotógrafo de dos grupos de rock de nivel mundial, y un año, después de la entrega de los premios Grammy, me contrataron para fotografiar la fiesta posterior de MCA Récords. Todos los que estaban en esa sala eran famosos, y muy pronto comencé a circular entre algunos de los nombres importantes de la industria, lo cual fue muy emocionante para mi ego, porque yo siempre me consideré un don nadie".

En ese momento, Jared descubrió otro nicho: trabajar con los más grandes magnates inmobiliarios de Nueva York. "Donald Trump formaba parte de ese grupo, aunque en verdad él era una de las personas de menor nivel en esa época. Esto fue a finales de 1980, y hablamos de personas como Larry Silverstein, que era el dueño de las Torres Gemelas, o la multimillonaria empresaria y personalidad de televisión Bárbara Corcoran, los 'pesos pesados' que manejaban los bienes inmuebles de Manhattan. Me convertí en parte de sus séquitos, uno de los que habitualmente estaba en sus yates, que estaban anclados en la calle 23 por el bajo Manhattan. Ellos tenían sus fiestas de empresarios, fiestas completamente exageradas, ya fuera en sus barcos o departamentos, que eran una combinación de egoísmo, mostrarse en público y también negocios. Pero siempre se trataba de querer ser fotografiado y que te vieran con las personas adecuadas.

Jared dice que después de la sensación inicial de "no puedo creer que estoy en la misma habitación que ellos", había un poco de decepción.

"Cuando eres joven, ellos son tus ídolos. Pero al estar con ellos en un yate, y verlos tan ocupados alimentando sus egos, pensé que la mayoría no eran un modelo de cómo quería que fuera mi vida. Me movía con ellos, gran parte del trabajo es la interacción personal, pero lo único que me impresionó fue que la fama y la fortuna, la abundancia excesiva de dinero era algo por encima de lo imaginable. Ganaba más con una propina que lo que la gente gana aquí en un mes".

"Cuando somos jóvenes, reverenciamos a esas celebridades. Pensamos que todo lo que dicen es brillante, adoramos sus opiniones y daríamos cualquier cosa para estar cerca de ellos. Pero cuando estás demasiado cerca de ellos comienzas a entender: '¿A quién le importa lo que ellos dicen?'. Fue una gran desilusión, porque yo era un joven muy impresionable que esperaba encontrar substancia, significado, modelos de conducta, valores. En cambio, me vi arrojado en un mundo muy egoísta y narcisista, todos salían buscando qué podían conseguir para ellos mismos. Se daban muchas palmaditas en la espalda y se cuidaban mutuamente, porque todos estaban conectados por ese interés mutuo de tener éxito, y se necesitaban más de lo que necesitaban competir entre ellos".

En ese mundo, los jugadores eran poderosos, egocéntricos y, muchos de ellos, judíos.

Jared ganaba tanto dinero que parecía que estuviera jugando Monopolio. Pero en lo más profundo, él sabía que algo le faltaba.

"Alguien como yo, que también era judío pero sin ninguna identidad judía, podría haber deseado tener su fama y su dinero, pero no lograba conectarme con sus vidas de una forma significativa ni inspiradora… Sabía que eso no era lo que significaba estar en presencia de la grandeza. Vivía esa vida, pero en lo más profundo sabía que me estaba perdiendo algo todavía más grande".

Jared ganaba tanto dinero que parecía que estuviera jugando Monopolio. Se compró una casa y un auto último modelo pagando de contado. Durante esos años, también tuvo el lujo de poder experimentar con nuevas clases de arte y crear una forma de arte representativo, una especie de mezcla entre la fotografía y el arte moderno, en la que sacaba una serie de fotos de algo inocuo, como un salón o la cocina de fórmica de su abuela, y crear con ellas un rompecabezas, una especie de collage en movimiento. Su arte tuvo éxito y fue expuesto en galerías por toda el área. ¿Acaso la vida podía ser mejor?

Hasta que un día, al hablar con su novia sobre la educación de los hijos, ella le dijo con toda naturalidad que no tendría ningún problema en criar niños que fueran a la vez cristianos y judíos: una menorá en la ventana y un árbol de navidad.

"Cuando ella dijo eso, de repente pensé: 'un minuto, ¡yo soy judío!'. Ni siquiera sabía qué significaba y nunca había encendido una menorá, pero sabía que no quería educar a mis hijos con todos los otros símbolos. Recordé que mi abuela tomaba mi mano y me decía: 'Jared, cásate con una bella niña judía". Me pregunté: ¿realmente quiero casarme con una mujer que no sea judía?".

Jared terminó su relación con esa joven, y ese vacío indefinido que sentía se volvió todavía más agudo ("aunque el dinero y la ostentación hicieron un buen trabajo para ocultarlo", admite). Mientras tanto, se hizo amigo de un judío llamado Brett Cohen ("Esos apellidos simplemente no te dan escapatoria"). Era junio de 1997. Ese fin de semana Brett iba a participar en una experiencia de Shabat en un campamento judío e invitó a Jared a acompañarlo.

"Apenas llegamos, conocí a las personas que organizaban el evento: Eric Gerstenfeld, David Neiburg y Iaakov Goldman. Yo tenía 34 años, y en unos pocos minutos me di cuenta que ese algo escurridizo que había deseado cuando tenía diez años era lo que tenía frente a mis ojos en la vida real. Nunca antes había experimentado un Shabat, pero pasamos juntos Shabat y sentí la divinidad. No había vuelta atrás, sólo era una cuestión de tiempo".

Fue la primera vez que vi cómo interactuaban las familias funcionales y cómo se ven los matrimonios sanos.

Después de ese Shabat transformador, Jared decidió pasar Shabat con familias observantes. Cada viernes viajaba desde New Jersey a Queens, a familias afiliadas con el Centro Heritage. "Fue la primera vez que vi cómo interactuaban las familias funcionales y cómo se ven los matrimonios sanos". "Estaba muy cerca del mundo de las celebridades, y cuando estás tan cerca, realmente ves la parte más vulnerable de esa sociedad: la competencia, las mentiras, el engaño, las luchas de poder y los egos. Entendí que esa no era la vida que deseaba".

Un año más tarde, Jared dejó de aceptar trabajos en Shabat, lo que implicó disminuir drásticamente su clientela. Él recuerda la última boda exagerada que fotografió antes de fijar su política de no trabajar en Shabat.

"Fue para una mujer para quien había trabajado antes, que se casaba con el director general de Lucent Technologies, una compañía masiva de la época que competía con AT&T. La opulencia era inimaginable", afirma Jared al describir su encuentro con sus clientes. "La casa de ese hombre era colosal, probablemente el inmueble más valioso en Nueva York, con varios Rolls Royce y Ferraris estacionados en el enorme estacionamiento techado. Me contrataron para fotografiar la boda, un evento de una semana en un lugar de lujo al norte de Nueva York. Sólo el trabajo costaba $45.000, e incluía mis propias vacaciones. Estaría con ellos en el bote sacando fotos, y entre las tomas podría practicar esquí acuático y jugar al ping-pong, al vóley y al billar. Caminaba con mi cámara sacando fotos un par de horas al día. Estuve allí desde el lunes hasta el jueves, así que funcionó, pero ese fue el comienzo del fin".

"Recuerda que en esta industria todo ocurre los viernes a la noche y los sábados, todas las fiestas, todos los trabajos. El domingo es el día en el cual se recuperan. Así que pasé de estar en la cima de la industria a cero. Una vez que descubrieron que no estaba disponible en Shabat, fue como un efecto dominó: todo colapsó. Todavía tenía dinero, pero básicamente me despedí de un negocio que había construido durante más de 15 años. Pero dije: 'Dios, si Tú deseas que cuide Shabat, voy a cuidar Shabat'. No me importó".

Jared comenzó a estudiar con Rav Moshé Turk del Centro Heritage en Queens, se tomó en serio su judaísmo e incluso comenzó a construir un negocio observante del Shabat al entrar al circuito de las bodas judías. Y, por primera vez, comenzó a considerar formar una familia judía.

Como mis padres se divorciaron de una forma que para mí fue muy trágica, yo nunca quise casarme ni tener hijos.

"Como mis padres se divorciaron de una forma que para mí fue muy trágica, yo nunca quise casarme ni tener hijos. Mis recuerdos eran muy dolorosos, tristes y perturbadores, así que mi marco de referencia siempre había sido: 'casarse, debes estar bromeando'. Pero cuando empecé a verme expuesto a otras familias (familias felices y funcionales), comencé a pensar que tal vez era algo que yo también podía hacer. ¿Podría lograrlo? ¿Realmente podía tener algo así? Siempre había soñado con eso, desde que era un niño pequeño, pero nunca creí que estuviera a mi alcance".

Sus nuevos amigos observantes de la Torá creyeron en él, y muy pronto le presentaron a su futura esposa, Liz Werner, una trabajadora social geriátrica de Los Ángeles. Se casaron en el 2001.

"Comenzamos nuestra vida de casados en Passaic, pero yo tenía 38 años y básicamente sólo había estudiado el alef-bet. Le dije a mi esposa: 'Mira, yo nunca tuve la oportunidad de estudiar en una ieshivá. ¿Quizás podemos ir algunos meses a Israel para que pueda estudiar en una ieshivá?'. Ninguno de los dos pensó en quedarse a vivir en Israel, no estaba dentro de nuestro radar, pero empacamos y partimos.

"Estudié en Darkei Noam-Shapell, y después de algunos meses, le dije a Liz: '¿Sabes algo? Realmente me gustaría quedarme aquí más tiempo'. Ella me respondió: 'Seguro, ¿por qué no? De todos modos, ¿para qué vamos a regresar?'".

Regresaron, empacaron sus cosas y desde entonces han estado viviendo en Jerusalem con sus tres hijos. Liz encontró un trabajo y Jared volvió a abrir su empresa.

Jared afirma que la fotografía es mirar de afuera hacia adentro, pero a lo largo de su vida, siempre hubo algo en su interior que también quería ser expresado. Él comenzó a pintar mientras se estaba volviendo observante de la Torá, a finales de sus veinte años. Asegura que cada obra es una expresión espiritual de la travesía que iba recorriendo. Pero después de instalarse en Jerusalem, dejó de pintar.

"Con el tiempo, entendí que todos tienen una parte de sí mismos que desean expresar en mayor medida. Ya sea cocinando, tejiendo al crochet, haciendo ejercicio o lo que sea, todos tienen una parte que está esperando salir a la luz. Para mí, la fotografía lo logró en cierta medida, pero eso seguía siendo desde afuera hacia adentro, y yo también necesitaba una expresión de adentro hacia afuera. La pintura me ayuda a comprender mi anhelo interno por la espiritualidad y por mi relación con Dios. Por lo tanto, estoy en este camino para encontrar una manera en la cual mi alma pueda expresarse".

Hace tres años, con el aliento de su esposa, Jared volvió a sacar sus telas y sus pinturas. Algunas de las obras resultantes están en exposición en una galería de arte judaico en Jerusalem, y hace poco vendió una por miles de dólares.

Cualquier cambio asusta, y para la mayoría es más fácil quedarnos donde estamos antes que avanzar hacia lo desconocido.

El título de su libro, Courageos Chicken (El pollo valiente), resume esos anhelos y el conflicto interno ante cambios rotundos en la vida. Cualquier cambio asusta, y para la mayoría es más fácil quedarnos donde estamos antes que avanzar hacia lo desconocido.

Entonces, ¿cómo es posible llegar a hacerlo? Especialmente alguien repleto de miedos e inseguridades. "Yo me enfrenté al miedo desde que era un niño, pero lo que descubrí (a través de la emuná, la fe, trabajo duro y tomando riesgos, algo que va en contra de mi naturaleza debido a mi personalidad temerosa y todas las inseguridades que debí enfrentar), fue que cada vez que levantaba mis manos y decía: 'Dios, este es tuyo'. Cuando lo sabes, lo sabes".

"Lo que intento decir en el libro es que el coraje para hacer cualquier clase de cambio, incluso si parece muy pequeño, es algo que se debe reconocer y celebrar", afirma Jared. "Cada movimiento es un movimiento enorme. Por eso, a pesar de que soy un pollo cobarde, usé muchas herramientas y caminé en medio de una enorme oscuridad. Mientras más bloqueos hacemos, más lejos estamos de Hashem y del resto de las personas en nuestra vida. Cuando era un niño no entendía esto, pero hoy sí, y no quiero esa separación.

"Estoy recolectando mis partes quebradas y volviendo a unir los pedazos, dándole a Dios la versión más completa y perfecta de mí mismo que soy capaz de lograr. Este libro para mí fue curativo, porque abrí y liberé esa parte de mi ser, y espero que pueda ayudar a otros a lograr lo mismo, a vivir una vida interna más honesta y satisfactoria".

Porque, honestamente, ¿no somos todos un poco ese pollo valiente?


La obra de Jared es arte expresionista con una "banda sonora". Cada obra de arte está acompañada por un poema igualmente evocador. El dibujo y las palabras están diseñados para ayudar al espectador, y a sí mismo, a trabajar sobre diversas áreas de identidad, coraje y transformación. Jared te invita a unirte a él en un viaje de autoconciencia. Haz clic aquí para comprar el libro "Corageous Chicken".

Una versión más extensa de este artículo apareció originalmente en la revista Mishpacha.




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