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Un conflicto insalubre

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Koraj (Números 16-18 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

El conflicto es omnipresente en muchos ámbitos de la vida y existen numerosos campos de investigación que estudian este candente tema tal como se manifiesta en esos diferentes contextos. Los psicólogos industriales y organizativos investigan los conflictos en el lugar de trabajo, los terapeutas matrimoniales y familiares estudian los conflictos entre parientes, los psicólogos políticos trabajan para comprender los conflictos a una escala más global y los psicólogos sociales estudian los conflictos a un nivel más general. Aunque, naturalmente, hay cierto conflicto entre los resultados de las investigaciones sobre los conflictos, en general hay tendencias consensuadas respecto a las causas de los conflictos y las mejores formas de intentar resolverlos.

También la tradición judía se ocupa de la resolución del conflicto y la búsqueda de la paz. Rav Dr. Howard Kaminsky publicó un libro llamado "Los fundamentos de la resolución judía de conflictos: la perspectiva judía tradicional sobre la resolución de los conflictos interpersonales". Allí él reunió y resumió de forma sistemática ideas que se encuentran en la literatura bíblica y rabínica, comparando esas fuentes con los enfoques modernos de resolución de conflicto. A continuación, hay un breve resumen de sus puntos principales en relación a la porción de la Torá de esta semana.

Los Sabios (Sanedrín 110a) articulan la prohibición de perpetuar una pelea basándose en el versículo que declara: "No seas como Kóraj y su congregación" (Bamidbar 17:5). Rabí Ionatán mi-Lunil argumenta que a pesar de que Moshé tenía razón y fue atacado injustamente, si no hubiera intentado detener la disputa habría transgredido la prohibición. Rav Natan Tzvi Finkel sugiere que de los continuos intentos de Moshé de resolver el conflicto, podemos aprender que la prohibición se aplica incluso después de que la otra parte haya rechazado cualquier intento de reconciliación.

La Mishná en Pirkei Avot (5:17) distingue entre las disputas de Hilel y Shamai, que son consideradas por amor al Cielo, y la disputa entre Kóraj y sus seguidores, que no fueron por amor al Cielo. Sólo se nos dan paradigmas, sin ningún criterio particular definido para identificar cuándo una disputa es por amor al Cielo. De los comentaristas depende llenar los espacios vacíos, y para elucidar los parámetros, muchos acuden a los matices de la narración en Parashat Kóraj.

Al resumir y organizar los comentarios, Rav Dr. Kaminsky presenta tres criterios que indican que una disputa no es por amor al Cielo. Uno es que la parte en conflicto demuestra una carencia de integridad intelectual. No le interesa mantener un diálogo que pueda llegar a clarificar el tema o llegar a un compromiso. Tiene la razón y no hay nada que alguien pueda decir para cambiar su mente.

El segundo criterio es el contenido y el tono de la discusión. Si queda claro que está condenando e insultando a la otra parte, con un trasfondo de animosidad, entonces la disputa no es por amor al Cielo.

El criterio final se refiere a la motivación de la disputa. Si la provocación tiene su raíz en cualquier cosa menos la búsqueda de la verdad y la paz, entonces esa es una señal clara de que no es por amor al Cielo. Como indican diversos Midrashim respecto a Kóraj, su verdadera motivación se enraizaba en la arrogancia, la envidia y el dolor, y no en un impulso interno noble.

Pero como afirma Rav Ionatán Eybeschutz, la dificultad radica en que la mayoría de las personas no siempre son conscientes de sus motivos ulteriores o de sus motivaciones subconscientes. La mayoría de las personas pueden racionalizar y explicar su participación en cualquier disputa como si fuera por amor al Cielo, incluso si no es así.

Si realmente queremos seguir el paradigma de Moshé y evitar el ejemplo de Kóraj, debemos reflexionar antes de cualquier disputa y efectuar una introspección honesta. ¿Estamos escuchando a la otra parte y realmente nos preocupa la integridad intelectual? ¿Nos supera la hostilidad u otras emociones negativas hacia la otra parte? ¿Podemos decir honestamente, sabiendo que es muy fácil engañarnos a nosotros mismos, que no nos mueven motivos ulteriores? Si no estamos seguros de responder a estos criterios, entonces por lo general lo mejor es evitar el conflicto tanto como sea posible.




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