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Un Día de San Valentín judío

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14/02/2014 | por Rav Benjamín Blech

San Valentín, Hilel, ama a tu prójimo como a ti mismo, Bárbara De Angelis, Gil Meche

El amor está en el aire.

Con la llegada del Día de San Valentín (Día de los Enamorados), aproximadamente 1.000.000.000 de tarjetas de felicitación llenas de declaraciones de amor son enviadas en todo el mundo, y ese numero no incluye flores, chocolates, joyas y regalos que se han convertido en parte de los rituales de este día dedicado a expresar la emoción que Shakespeare llamaba "el lenguaje del alma".

Como judíos, puede que no estemos seguros si es adecuado incluirnos en la fiesta. Después de todo, el nombre de esta fiesta es el "Día de San Valentín" por su conexión legendaria con la supuesta historia de uno de los santos cristianos más antiguos. Sin embargo, los académicos no son los únicos que han reconocido la dudosa base histórica de esta conexión. El Vaticano II, el histórico conjunto de reformas adoptado por la Iglesia Católica en 1969, sacó al Día de San Valentín del calendario de la iglesia, afirmando que, "a pesar de que el conmemorativo de San Valentín es antiguo… a parte de su nombre, no sabemos nada más de él… excepto que fue enterrado en la Vía Flaminia el 14 de febrero".

Lo que queda para este día, como declaran los defensores de su celebración universal, es algo que la gente de todas las religiones puede observar: “Un día en el cual reconocemos cómo el poder del amor nos transforma en humanos completos”.

Cuando me preguntan como rabino si pienso que es una buena idea que los judíos celebren el Día del Amor, mi respuesta estándar es, “Sí, deberíamos celebrar al amor… todos los días del año”.

Y por cuanto que un día ha sido escogido para enfatizar el significado del amor, este podría ser un maravilloso momento para que nosotros los judíos, recordemos su significado más profundo como mandamiento, un significado que comúnmente se pierde cuando es definido por Hallmark.

El amor, al menos para uno de los sabios más grandes del Talmud, representa la “mitzvá fundamental”. Cuando un no judío le pidió a Hilel que, "le enseñara toda la Torá mientras él se paraba en un solo pie", es decir, que resumiera su esencia, su respuesta fue básicamente la idea implícita en "ama a tu prójimo como a ti mismo".

Así que de cierta forma, “amar a otros” pareciera ser el bien máximo del judaísmo.

Amor propio

Sin embargo, la forma en que se celebra el día de San Valentín alrededor del mundo deja fuera a una persona que es merecedora de amor, y que es casi universalmente ignorada. Es verdad, expresar el amor por otros es algo increíblemente hermoso. Pero una mirada más de cerca al versículo bíblico que transforma al “amor” en un mandamiento, apunta hacia “alguien” que necesita ser amado incluso antes que el objeto de tu pasión de San Valentín.

El primer paso necesario para amar a otros es amarse a uno mismo.

El versículo en Levítico (19:18) dice "ama a tu prójimo como a ti mismo". Se dan dos instrucciones aquí, y en un orden muy específico. El versículo es comúnmente utilizado para recordarnos que amemos a otros, pero ignoramos, a nuestro propio riesgo, el primer paso necesario que debe darse para cumplir la meta de amar a otros. Ama a tu prójimo, enseña la Biblia, como a ti mismo.

Es una de las verdades psicológicas más profundas que el odio manifestado por tiranos o criminales es en realidad odio a ellos mismos vuelto hacia fuera. Para ser verdaderamente humano, debes comenzar con la auto-aceptación y la autoestima. Sólo entonces puedes avanzar a sentir afecto por otros también.

El Rav Jasídico de Kotzk estaba en lo cierto cuando presenció a un hombre judío golpeando a otro y le dijo a sus discípulos, "Vean como incluso mientras lleva a cabo un acto malvado, este judío cumple las palabras de la santa Biblia. Él demuestra que ama a su prójimo tanto como se ama a sí mismo. Solamente podemos rezar que eventualmente llegue a amarse a sí mismo, para que pueda cambiar la forma en la que trata a los demás".

Bárbara De Angelis, una investigadora estadounidense sobre relaciones y crecimiento personal, lo formuló muy bien diciendo, "Si no eres bueno amándote a ti mismo tendrás muchos problemas para amar a otros, ya que resentirás el tiempo y energía que le das a otros y que por ende no te estás dando a ti mismo".

El otro lado de esto es, por supuesto, también verdad: si no sabes como amarte a ti mismo, ¿cómo puedes esperar que alguien más te ame?

Pacto con el Diablo

Esto no viene a sugerir un amor propio que es narcisista, sino el tipo de amor propio que es posible gracias al auto-respeto.

En muchas áreas de la vida nos vemos enfrentados a elecciones en las cuales el auto-respeto aparece en desacuerdo con la aparente necesidad de alcanzar el éxito. El Diablo nos seduce para que "vendamos nuestras almas", para que hagamos un pacto con él. Sólo aquellos que son suficientemente inteligentes como para escoger el amor propio, son suficientemente fuertes para tomar la decisión correcta.

Estar “orgulloso de ti” no es algo egoísta. De acuerdo a la Torá, es un primer paso que todos debemos tomar antes de avanzar en el camino de amar a otros, lo cual, al final de cuentas, nos concederá la mayor realización.

Así que esta es mi sugerencia para el día de San Valentín y para los demás 364 días del año. No, no necesitas enviarte a ti mismo una tarjeta de Hallmark declarándote tu amor. Pero quizás quieras tomarte un momento para vivir de una forma que se gane tu más profundo respeto y admiración.

Cuando llegues realmente a esa posición, entonces podrás amar a otros como a ti mismo. Y al mismo tiempo, ellos serán tus verdaderos “enamorados”, amándote por quien tú eres con el tipo de amor que transciende la pasión momentánea y las frases concisas.




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