¿Encontraron realmente el Arca de Noé?
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¡Saludos desde la sagrada ciudad de Jerusalem!
Durante toda la semana de Sucot se nos ordena ofrecer en el Templo un total de setenta toros, pero en Sheminí Atzéret se ofrece solamente uno (Talmud, Sucá 55b). El Midrash (Tanjumá, Pinjás 15) presenta la siguiente parábola:
Había una vez un rey que ofrecía espléndidos banquetes para todos sus siervos durante varios días del año. Pero el último día le dijo a su siervo más querido y fiel: "Prepárame una comida sencilla para que pueda disfrutar de tu compañía". Al igual que el rey de esta parábola, Dios, el Rey del Universo, pide a Sus siervos que durante Sucot preparen una especie de "celebración internacional", ofreciendo sacrificios tanto por nosotros mismos como por las setenta naciones del mundo. Pero en el último día, Sheminí Atzéret, nos pide que preparemos una comida sencilla para Su amado pueblo de Israel.
Surge entonces una pregunta: ¿Por qué Dios pide precisamente una comida sencilla y no un gran banquete para una ocasión tan especial?
El Bnei Isasjar (Vol. 2, Maamarim sobre el mes de Tishrei 13:1) ofrece una hermosa respuesta. Él explica que Dios pide deliberadamente una comida pequeña porque lo importante no es la comida. Lo que Dios realmente desea es un día para estar cerca de nosotros. Por eso nos pide preparar una comida sencilla y comerla rápidamente, para disponer de más tiempo para acercarnos a Él y disfrutar de esa relación especial. Esto puede apreciarse especialmente en Sheminí Atzéret, sobre todo en la Tierra de Israel, donde solo se observa un día de Iom Tov: la mayor parte del tiempo se dedica a la sinagoga, al razo, a alabar a Dios y a bailar con la Torá, dejando muy poco tiempo para una comida abundante.
Esto explica también el lenguaje utilizado por el Midrash Tanjuma: el Rey (Dios) no pide una comida pequeña para "disfrutar del banquete", sino para "disfrutar de tu compañía".
La profundidad de nuestra cercanía con Dios en Sheminí Atzéret está insinuada en la lectura de la Torá de ese día. Terminamos la lectura de la porción final, VeZot HaBrajá, e inmediatamente comenzamos nuevamente con Bereshit. (En la Tierra de Israel, Simjat Torá se celebra el mismo día que Sheminí Atzéret). La Torá termina con la letra lámed y comienza con la letra bet, formando la palabra lev (לב), que significa corazón. Esto indica que Simjat Torá es un momento de alegría, una auténtica simjat halev, una alegría del corazón y una expresión de la cercanía entre Dios e Israel.
El Bnei Isasjar (13:3), citando al Zóhar (Mishpatim II, 114a), describe esta cercanía con Dios. El versículo de Cantar de los Cantares 8:6 dice: "Ponme como un sello sobre tu corazón". La relación entre el pueblo judío y Dios es comparable a un sello sobre un documento. Aunque el sello y el papel puedan separarse después de estamparlo, la impresión permanece para siempre. El Zóhar explica que ésta es precisamente la esencia de Sheminí Atzéret. Al concluir la Torá y sellar su lectura (la palabra hebrea jotmim significa tanto "concluir" como "sellar") con la última letra lámed y la nueva bet (formando lev), estamos sellando a Dios y a Su Torá dentro de nuestro corazón.
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Analizando más profundamente la palabra lev, descubrimos que no solo sellamos a Dios en nuestro corazón, sino que también Dios nos sella con Su santidad.
Cada letra del alfabeto hebreo constituye también una palabra que puede descomponerse en las letras que la componen. La palabra Lámed (la primera letra de lev) está formada por la letra revelada, lámed y las letras ocultas: mem y dalet. La palabra Bet está formada por la letra revelada, bet y las letras ocultas: iud y tav
Las dos letras reveladas (lámed y bet) forman la palabra lev (corazón), mientras que las letras ocultas (mem, dalet, iud y tav) juntas suman un valor numérico de 454, exactamente el mismo valor que tiene la palabra jotam, que significa sello.
Así, cuando concluimos la lectura de la Torá y comenzamos nuevamente con Bereshit, Dios, por así decirlo, estampa Su divinidad sobre nuestros corazones. Una vez estampado ese sello, su impresión permanece para siempre, lo que está aludido en las letras ocultas, que forman la palabra tamid, "para siempre" o "eternamente". Por ello, Sheminí Atzéret es un día de inmensa alegría, pues celebramos la relación única entre Dios e Israel abriendo nuestro corazón para recibir la huella eterna de la Presencia Divina.
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¿Qué debemos hacer para recibir ese sello de Dios y conservarlo?
El Sfat Emet propone que la Sucá posee el estatus de un Beit Knéset (casa de rezo), mientras que el hogar posee el estatus de un Beit Midrash (casa de estudio). Lo demuestra de la siguiente manera. Tanto judíos como no judíos están obligados a rezar, como dice Isaías 56:7: "Mi casa será llamada casa de plegarias para todas las naciones". Puesto que la Sucá se compara con una casa de rezos, comprendemos por qué durante Sucot se ofrecen sacrificios tanto por Israel como por las setenta naciones del mundo.
En cambio, el hogar tiene la categoría de una casa de estudio, y el estudio de la Torá es una misión exclusiva del pueblo judío (Talmud, Sanedrín 59a). Por ello resulta lógico que en Sheminí Atzéret solo se ofrezca un toro.
El Sfat Emet añade que el paso de abandonar la Sucá para entrar en la casa simboliza el tránsito desde la santidad de la sinagoga hacia la dimensión espiritual de la casa de estudio, que es aún más elevada que la de la sinagoga. El Sfat Emet relaciona esta idea con el versículo de Salmos 84:8: "Irán de fortaleza en fortaleza". El Talmud (Berajot 64a) explica que este versículo se refiere a quien sale de la sinagoga para dirigirse inmediatamente a la casa de estudio cada mañana. Así como se pasa de un lugar muy santo a otro todavía más elevado, del mismo modo se pasa de la Sucá al hogar en Sheminí Atzéret.
El Sfat Emet cita también el conocido versículo de Proverbios 6:23: "La mitzvá es una vela y la Torá es luz". Explica que las mitzvot de Sucot constituyen la vela, que permite recibir posteriormente la luz suprema de la Torá en Sheminí Atzéret.
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Los siete días que conducen a Sheminí Atzéret pueden compararse con las siete semanas que separan Pésaj de Shavuot. Así como en Pésaj clamamos a Dios mediante la plegaria y, siete semanas después, merecimos recibir la luz de la Torá en el monte Sinaí, del mismo modo recibimos la "vela" al cumplir las mitzvot de Sucot (que también poseen la esencia de la plegaria), y merecemos contemplar la luz de la Torá al final de la festividad, en Sheminí Atzéret.
Para llegar a la gran luz primero debemos adquirir la vela. Así como necesitamos Pésaj para llegar a Shavuot, también necesitamos Sucot para alcanzar Sheminí Atzéret. [Dado que Sheminí Atzéret y Shavuot comparten la misma esencia, la Torá, esto podría explicar por qué ambos reciben el nombre de "Atzéret" (Números 29:35; Mishná Jaguigá 2:4)].
Sheminí Atzéret y Shavuot son además las únicas festividades que no poseen una mitzvá específica propia del Iom Tov. Su carácter festivo consiste principalmente en abstenerse del trabajo creativo (Kedushat Leví).
Con la conciencia de que al abandonar la Sucá para entrar en nuestro hogar estamos ascendiendo en santidad, y comprendiendo que el cumplimiento de las mitzvot de Sucot nos hace merecedores de recibir la Torá en Sheminí Atzéret, debemos reconocer que Dios nos concedió este día por inmenso amor hacia Su pueblo (Rav Uri de Strolisk). Sin Sheminí Atzéret, sería muy difícil regresar a nuestros hogares después de experimentar durante siete días la extraordinaria santidad de la Sucá. Al establecer una festividad que se celebra precisamente en casa, Dios hace que la despedida de la Sucá resulte menos dolorosa.
Sin embargo, ese dolor solo disminuye si el hogar al que regresamos es realmente un hogar de Torá. Solo así podemos avanzar verdaderamente "de fortaleza en fortaleza" (mejail el jail).
Sheminí Atzéret nos brinda una oportunidad única para unirnos a Dios y disfrutar de esa relación especial. Si convertimos nuestros hogares en lugares de estudio, llenos de libros de Torá; si nos dedicamos al estudio; si abrimos nuestras casas para albergar clases de Torá (Avot 1:4) y creamos un ambiente propicio para el estudio, entonces la "vela", es decir, las mitzvot de Sucot, nos conducirá a recibir la brillante luz de la Torá en Sheminí Atzéret, asegurando una unión especial con Dios que quedará sellada para siempre en nuestros corazones.
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