Un francotirador árabe me disparó en el pecho

29/06/2026

6 min de lectura

Hace dos años, casi me mata la bala de un francotirador. Hoy dirijo un programa de entrenamiento físico para judíos que desean fortalecerse sin dejar de lado sus valores.

Hace dos años, el 2 de julio del 2024, recibí un disparo en el pecho.

Recuerdo el momento en que el mundo se redujo a un solo pensamiento: ¿Me estoy muriendo? ¿Es este el final?

Nueve meses después del 7 de octubre, me uní a Rav Atlas y a la comunidad Ohel Ari de Raanana en una excursión por Judea y Samaria. El país había cambiado. Todos habíamos cambiado.

Ese mismo día habíamos visitado Homesh. De pie en aquella montaña, observando una pequeña comunidad judía rodeada de aldeas árabes, pensé: Bastaría un solo francotirador.

Esa idea permaneció en mi mente.

Más tarde, en Har Braja, nuestro grupo de treinta personas se encontraba en un mirador con vista hacia Shejem (Nablus), mientras nuestro guía explicaba la historia bíblica del lugar. Me alejé un poco del grupo. Abajo se veían miles de viviendas árabes. Miré las ventanas y pensé: Alguien podría abrir una ventana, disparar, cerrarla y desaparecer.

Entonces escuché fuertes detonaciones a lo lejos.

Un instante después sentí un dolor intenso en el brazo y el pecho.

Mientras caía al suelo comprendí que una bala me había alcanzado.

Al principio pensé que estaba sufriendo un ataque cardíaco. Luego me di cuenta de que mi corazón no latía aceleradamente. Mientras caía al suelo comprendí que una bala me había alcanzado.

"Me dispararon", dije.

No estaba gritando. Ni siquiera sangraba demasiado. La bala había sido disparada desde muy lejos, aproximadamente unos 900 metros, y había penetrado la parte superior derecha de mi pecho.

Durante algunos minutos reinó la confusión. Estaba tendido en el suelo, soportando el peor dolor que había sentido en mi vida, tratando de explicar que me habían disparado.

Entonces llegó una paramédica, me quitó la camisa y vio la herida.

"Hay una herida de entrada y no hay salida. Le dispararon. Sáquenlo de aquí inmediatamente".

Durante diecisiete años trabajé como entrenador personal y nutricionista, ayudando a otras personas a desarrollar fortaleza. Enseñaba cómo superar la incomodidad, cómo seguir adelante y cómo cuidar el cuerpo que Dios nos dio.

Y entonces, en un instante aterrador, necesité toda la fortaleza de la que alguna vez había hablado para recuperarme física y psicológicamente.

Sobreviví. Pero sobrevivir fue solo el primer día del verdadero trabajo.

La bala regresó a casa conmigo

Mi esposa, Rivka, y yo tenemos cuatro hijos. Vivimos en Raanana, donde hemos construido la vida con la que soñábamos.

Cuando mi familia supo que me habían disparado, su mundo se sacudió. No fue solo mi trauma. Entró en nuestro hogar.

Pero también transformó nuestro hogar.

Ahora nos abrazamos más. Decimos “te quiero” con más frecuencia. Entendemos con mayor profundidad que nada está garantizado. Una mañana cualquiera, un abrazo cualquiera, una despedida cualquiera... Ya nada de eso parece insignificante.

Encontrar significado en la oscuridad

La recuperación no es un único momento triunfal. Son las mañanas silenciosas en las que levantarse de la cama se siente como alzar una barra de pesas que antes no estaba allí. Es el dolor que nadie ve, el miedo que nadie escucha. Las conversaciones privadas con Dios mientras intentas comprender por qué ocurrió esto, qué significa y en quién debes convertirte a causa de ello.

Cada mañana recitamos la bendición: Sheasá li kol tzorki — “Que me ha dado todo lo que necesito”. Después del atentado, esas palabras cobraron una realidad muy profunda.

El terrorismo es maldad. Recibir un disparo es algo terrible. El sufrimiento que causó a mi familia, a mi cuerpo y a mi alma fue real.

Pero también creo, con fe absoluta, que nada en mi vida ocurre por azar. Si Dios permitió que esto formara parte de mi historia, entonces de algún modo estaba destinado para mí; no para destruirme, sino para moldearme y fortalecerme.

Necesitaba volverme más fuerte. Necesitaba convertirme en un luchador en un sentido más profundo. Necesitaba convertirme en un líder. Y creo que esto pasó a formar parte de mi misión: ayudar al pueblo judío a ser más fuerte, más saludable y más lleno de vida.

De alguna manera, incluso en medio de la oscuridad, sabía que Dios me respaldaba.

En las bendiciones matutinas también decimos que Dios dirige los pasos del hombre: Hameijín mitzadéi gaver. Esa bala tenía una dirección. Yo.

Una radiografía en la que se ve la bala dentro de mi pecho

No elegí que me dispararan, pero creo que mis pasos estaban guiados incluso antes de que yo comprendiera hacia dónde me llevaban. Incluso en el momento más oscuro de mi vida, no fui abandonado. Esto era, de alguna manera, parte de mi camino.

Resulté herido, pero no me sentí abandonado. Me sentí sostenido.

Por eso entrené, lentamente y con propósito.

Y mientras recuperaba mi fuerza, comprendí que la fortaleza que estaba reconstruyendo no era solamente física. Era la fuerza para empezar de nuevo. La fuerza para dejar de preguntarme: “¿Por qué me ocurrió esto?” y comenzar a preguntarme: “¿Qué debo hacer con esto?”

Una de las lecciones más importantes que aprendí tras recibir el disparo fue sorprendentemente sencilla: No te quejes.

Eso no significa fingir que el dolor no existe. El dolor y el miedo eran reales.

Pero seguía pensando en los dos espías, Iehoshúa (Josué) y Caleb, que vieron exactamente los mismos gigantes que los otros diez espías. Vieron las mismas ciudades fortificadas y escucharon los mismos informes alarmantes. Pero eligieron una respuesta diferente. No negaron la realidad. Eligieron la fe dentro de la realidad. Creyeron que Dios estaba con ellos.

Yo quería vivir de esa manera. Quería decir: Sí, esto es doloroso y aterrador, pero Dios está conmigo. Estoy vivo y voy a sanar. Todavía tengo trabajo por hacer. Voy a escribir una historia mejor en mi capítulo de la historia judía.

Ese fue mi punto de inflexión.

Dar fuerza a otros

Durante años entrené personas de manera individual: directores ejecutivos, médicos, empresarios, atletas, soldados, padres y pequeños grupos. Me encantaba ayudar a la gente. Pero después del atentado sentí una pregunta mucho más grande presionándome.

¿Estoy dando todo lo que puedo dar? ¿Estoy utilizando plenamente mi experiencia, mi entrenamiento, mi historia y esta segunda oportunidad?

La respuesta fue no. Y así nació la misión de Soul Active.

Soul Active está dirigido a judíos que desean cuidar el cuerpo que Dios les dio sin comprometer sus valores.

Muchas personas sienten que el ejercicio físico “no es para ellas”. Piensan que están demasiado ocupadas, demasiado fuera de forma o demasiado lejos de donde les gustaría estar. O creen que el mundo del fitness no comprende su estilo de vida.

Adam en pleno entrenamiento (Crédito de la foto; John Jeffay)

Yo sé lo que se siente estar lejos de la fortaleza. Viví una versión extrema de ello cuando casi me arrebatan el cuerpo. Y sé, con todo mi ser, que nunca es demasiado tarde para fortalecerse.

Soul Active fue diseñado para ser simple: 15 minutos al día, seis días a la semana.

El programa incluye dos días de entrenamiento de fuerza. Un día de cardio. Un día de HIIT de cuerpo completo. Un día de ejercicios para el abdomen y zona media. Un día de estiramientos y recuperación. Un día de descanso.

Cada cuatro semanas hay un programa nuevo. Los miembros reciben los videos de entrenamiento por WhatsApp. Envío el entrenamiento por la mañana, un recordatorio durante el día y una encuesta a la noche para dar seguimiento. Solo necesitan un par de mancuernas o bandas de resistencia.

Más que un entrenamiento

También existe una tabla de clasificación donde las personas pueden seguir su progreso y mantenerse motivadas. Pero lo que más me ha conmovido es la comunidad. Las personas comparten sus logros, sus luchas, sus comidas saludables, sus retrocesos y sus pequeñas victorias.

La comunidad crece cada semana y, para mí, es un sueño hecho realidad.

Son personas de todos los ámbitos de la vida que, después de años sin hacer ejercicio, han decidido dar un pequeño paso hacia adelante.

Ver cómo se fortalecen tiene un significado enorme para mí. En cierta medida, cada uno de ellos forma parte de mi propia recuperación.

Porque cuando ellos se vuelven más fuertes, algo dentro de mí también se fortalece.

Cuando un padre o una madre mejora su salud, sus hijos y su cónyuge lo perciben. El hogar cambia. La energía y la fortaleza se contagian. Una persona puede estar haciendo apenas quince minutos de ejercicio, pero a veces está transformando el ambiente de toda su familia.

Una persona puede ser derribada de la manera más violenta imaginable y aun así elegir, día tras día, volver a ponerse de pie. Y luego, con la ayuda de Dios, puede darse vuelta y también ayudar a otros a levantarse.

Hace dos años estuve a punto de perder la vida por disparos de francotiradores árabes.

Este año lo estoy dedicando a ayudar a otras personas a recuperar la suya.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
2 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
David
David
8 días hace

Estimado, Rabino: Estos relatos habría que hacerlos llegar al mayor número posible de personas. Escritos desde esta misma ternura y afecto, demostrando cual es el verdadero caracter de el pueblo judío.

Josef Foster
Josef Foster
7 días hace
Responder a  David

Aquí no hay ninguna ternura ni afecto, todo lo contrario siempre con una dosis de odio hacia los árabes, criminaliza a los árabes, no hay necesidad de hacer énfasis en "árabe" si vemos mal que alguien diga "un francotirador judío mató a un hombre" porque se tiene que hacer lo mismo al decir árabe? Ese doble rasero es criminalización y discurso de odio, lo dice un judío que está en contra de la guerra y la violencia

EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.