10 razones por las que amo ser judía


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Olvídate de los propósitos que mueren el 2 de enero. Este antiguo método de 3 pasos está diseñado para lograr un cambio que realmente perdure.
Esta es la época del año en la que los judíos de todo el mundo hacen una pausa para mirar en su interior y reflexionar sobre el año que ha pasado. Desde el primer día de Elul (el mes hebreo que precede a las Altas Fiestas) y con una intensidad creciente hasta Rosh Hashaná, el shofar suena como un despertador espiritual que te despierta ante la posibilidad de lograr un cambio verdadero.
Pero si simplemente escuchas su sonido sin realizar el trabajo interior, no es diferente de escuchar música en un concierto: te conmueve en el momento y luego lo olvidas. Esta época exige algo más profundo. Exige una renovación que realmente te impulse hacia adelante.
Este es un plan práctico para aprovechar estos días:
Haz una pausa y evalúa el año que pasó con honestidad y compasión. Piensa en las ocasiones en las que actuaste sin pensar, cuando heriste a alguien o te comportaste con impaciencia. Recuerda tus palabras, tu tono y tus acciones.
Más allá de tu propia vida, piensa en las experiencias que atravesaron los judíos de todo el mundo. Tus hermanos y hermanas han sufrido guerras, odio, protestas violentas, masacres y libelos de sangre modernos. Somos una sola familia y sentimos el dolor de los demás.
Pregúntate:
Crecimiento como individuo: ¿En qué aspectos creciste este año? ¿En cuáles no estuviste a la altura? ¿En qué estás estancado? ¿Qué patrón repites una y otra vez y ahora deseas romper? ¿Qué relaciones necesitan sanación, perdón o unas palabras de agradecimiento? ¿Guardas algún resentimiento? ¿Cómo valoras tu tiempo? ¿Tu vida consiste únicamente en llenar tu cuenta bancaria mientras tu cuenta espiritual permanece vacía?
Crecimiento como pueblo: Tu nación ha soportado una devastación y una pérdida inconcebibles. Es fácil volverse indiferente y atravesar el dolor como un sonámbulo. ¿Te detienes, apartas la mirada de tu trabajo y dedicas aunque sea un instante a sentir el dolor cuando un judío es atacado en algún lugar del mundo? Pregúntate qué puedes hacer para marcar una diferencia. ¿Cómo puedes fortalecer tu vínculo con tu pueblo y con Dios? ¿Puedes vivir con más orgullo como judío? Cada mitzvá que adoptes se convierte en tu respuesta al odio que enfrentamos.
Teshuvá significa «retorno»: volver a ser la persona que estás destinado a ser, la mejor versión de ti mismo, un poco más amable, un poco más generoso y un poco más consciente de tus relaciones. Redescubres tu grandeza, tu chispa y tu santidad interior.
Estos son los tres pasos:
Vidui (confesión): Reconoce con honestidad tus defectos y errores. Este camino no se trata de culpa ni de ansiedad. Cometer un error no significa que tú seas un error. Comienza identificando honestamente en qué aspectos deseas cambiar.
Charatá (arrepentimiento): Una vez que hayas enfrentado honestamente tu carácter, deja de poner excusas. No racionalices, no te defiendas ni culpes a los demás. Permítete sentir un remordimiento auténtico por cualquier daño que hayas causado, tanto a ti mismo como a otras personas.
Kabalá al haatid (compromiso): Comprométete a actuar mejor durante el próximo año. Este no es uno de esos propósitos de Año Nuevo que desaparecen el 2 de enero. El crecimiento no es repentino ni espectacular; consiste en dar pasos pequeños y constantes para ascender por tu propia montaña espiritual. Necesitas un plan real que respalde tu compromiso de cambiar.
A veces tropezarás y fracasarás, y no pasa nada, siempre y cuando continúes regresando a tu promesa de cambiar mediante acciones concretas. Conoce tu misión. Ten presente que eres único en este mundo.
En Rosh Hashaná, uno de los temas centrales de las plegarias es maljuyot, la realeza. Reconoces que eres mortal, que la vida es frágil y que eres un ser humano con una cantidad finita de energía y un número limitado de años. Dios es llamado el «Rey de reyes». Tus días están en manos de tu Creador. En este día coronas a Dios y asimilas la majestuosidad del universo.
¿Cómo puedes conectarte con esta idea de proclamar la realeza? Cuando coronas a Dios como tu Rey, comprendes que tu alma puede guiar tus decisiones. Tus valores te orientan. Vives con inspiración y te despiertas con un propósito.
Busca un momento de tranquilidad para preguntarte: ¿Quién gobierna tu vida? ¿Tu ego se interpone en tu camino? ¿El miedo te paraliza? ¿Las redes sociales determinan tu autoestima? ¿Tu teléfono controla tu tiempo? ¿Cedes a tus impulsos a pesar de saber que no es lo correcto?
Durante estos días, fortalece tu alma. Cada mañana, antes de mirar el teléfono, menciona tres bendiciones que hay en tu vida y da las gracias por ellas. Realiza un acto generoso sin esperar nada a cambio. Pide disculpas a alguien a quien hayas herido. Perdona y deja ir la ira y la amargura. Reconoce lo frágil que es la existencia humana.
Solo hay una persona como tú en el mundo, y existe una razón para ello. Este es el momento de redescubrir tu bondad, tu grandeza interior, tus fortalezas y tus pasiones. Aprovecha el poder de estos días.
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