3 mitos persistentes sobre Gaza


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El Templo fue destruido a causa del odio. Esta experiencia de estudio en profundidad muestra cómo solo podrá ser reconstruido mediante el amor.
Hay un versículo en la Torá que dice: "Harán para Mí un santuario, y habitaré entre ellos". A primera vista, parece un mandamiento para construir un templo para Dios. Pero la sabiduría judía enseña algo más profundo: no se trata de una estructura, sino de las personas. El verdadero santuario no es un edificio. Eres tú. Este antiguo versículo encierra una idea revolucionaria: Dios desea estar presente dentro de las personas, habitando en sus corazones y no únicamente en un edificio.
El Templo de Jerusalem era ese lugar especial. Representaba la relación íntima y amorosa entre el pueblo judío y Dios. Pero cuando esa relación se deterioró, el Templo fue destruido. Su destrucción fue un reflejo del estado espiritual del pueblo: cuando la conexión se debilitó, también desapareció el Templo.
El Segundo Templo, en particular, fue destruido debido a algo llamado "odio gratuito - sinat jinam", es decir, judíos enfrentándose entre sí sin una razón válida. La tradición judía enseña que solo lo contrario —el amor gratuito, un amor otorgado libremente y sin condiciones— puede reconstruir lo que se perdió.
Por eso una de las enseñanzas más importantes del judaísmo es: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". No se trata únicamente de ser amable con los demás. Es la clave para construir relaciones sólidas con las personas y también para reconectarse con Dios.
El versículo de la Torá dice: "No te vengarás ni guardarás rencor contra los miembros de tu pueblo; ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy Hashem". (Levítico 19:18)
Pregunta: ¿Por qué el mandamiento de amar al prójimo aparece en el mismo versículo que la prohibición de vengarse o guardar rencor?
Pregunta: ¿Qué añade la expresión "como a ti mismo" al significado del mandamiento de amar al prójimo? A primera vista parece superfluo.
Comencemos respondiendo estas preguntas explorando el proceso de pensamiento que hay detrás de la venganza. Analizar la siguiente cita arrojará luz sobre el significado de "como a ti mismo".
El Gran Libro de las Mitzvot (Sefer Mitzvot Gadol), fue escrito por Rav Moshé de Coucy, un rabino de Francia del siglo XIII. Él fue un importante erudito de la Torá que viajó para fortalecer la observancia judía y compiló esta obra destinada a enumerar y explicar claramente los 613 mandamientos de la Torá.
Respecto al precepto de amar al prójimo, escribe en su libro:
"El principio general es: aquello que te resulta odioso, no se lo hagas a tu compañero" (Talmud, Shabat 31).
Por lo tanto, imagina a una persona que está cortando un trozo de carne y accidentalmente se corta una mano con el cuchillo. ¿Sería lógico que, para vengarse, cortara la mano que sostenía el cuchillo?
Pregunta: ¿Por qué sería absurda esa venganza? ¿Qué nos revela esto acerca de nuestras relaciones con los demás?
La base tanto de la prohibición de vengarse como del mandamiento de amar a los demás radica en el reconocimiento de que todos estamos profundamente conectados. En esencia, somos uno. Así como un padre no buscaría vengarse de su propio hijo, la Torá nos ordena "ama a tu prójimo como a ti mismo", destacando la unidad esencial entre las personas. Cuando realmente vemos al otro como parte de nosotros mismos, encontramos el antídoto contra el odio y el primer paso indispensable hacia el amor auténtico.
Pregunta: Después de la frase "ama a tu prójimo como a ti mismo", el versículo concluye con las palabras "Yo soy Hashem". ¿Qué aporta esto al mandamiento? Después de todo, todos los mandamientos provienen de Dios.
El Sefer Mitzvot Gadol dice:
"Dentro de este mandamiento está incluida la promoción de la paz entre una persona y su prójimo. Rabí Akiva lo llamó el principio fundamental de la Torá. Ben Azai fue incluso más lejos al afirmar: “El ser humano fue creado a imagen de Dios”, lo que significa que, incluso si una persona no se preocupa por su propio honor, debe preocuparse por el honor de su prójimo".
Esta fuente sugiere que la raíz del amor al prójimo es el reconocimiento de que todos hemos sido creados a imagen de Dios. ¿Cómo entiendes esta idea?
La verdadera unidad surge de comprender que todos estamos unidos por una misma esencia: un alma divina. En esa verdad somos uno. Cuando reconocemos lo divino dentro de nosotros mismos y nos identificamos con nuestra alma, comenzamos naturalmente a percibir y conectarnos con el alma divina presente en los demás. Esa conciencia inspira un amor genuino, tanto en nuestros sentimientos como en nuestras acciones.
Existe otra razón importante por la cual la expresión "Yo soy Hashem" está vinculada al mandamiento de amar al prójimo. Para explorar esta idea, veamos la explicación de Rashi, el famoso comentarista de la Torá, sobre la misma frase cuando aparece en otro versículo ene ste capítulo de la Torá.
La Torá declara: "No andarás difundiendo calumnias entre tu pueblo; no permanecerás indiferente ante la sangre derramada de tu hermano. Yo soy Hashem". (Levítico 19:16)
En su comentario a este versículo, Rashi explica: "Yo soy Hashem": Aquel que es fiel para recompensar y fiel para castigar.
Algunos de los mandamientos que Dios nos pide cumplir pueden resultar difíciles física, emocional o incluso económicamente. Mitzvot como "no permanezcas indiferente ante la sangre derramada de tu hermano" o "ama a tu prójimo como a ti mismo" en ocasiones pueden parecer contrarias a nuestro propio interés.
Al añadir las palabras "Yo soy Hashem", Dios nos está asegurando: Yo te respaldo. Aunque hacer lo correcto parezca difícil o costoso en este momento, no saldrás perdiendo. La recompensa ya está garantizada. El cheque está depositado, aunque todavía no haya sido acreditado.
Pregunta: ¿En qué áreas de tu vida sientes resistencia a hacer lo correcto o lo que sabes que es mejor en el momento? ¿En decisiones de negocios? ¿En las relaciones personales? ¿En situaciones que ponen a prueba tu carácter? Reflexiona sobre dónde el miedo, el orgullo o la percepción de interés propio podrían estar frenándote.
¿Cambiaría algo saber que Dios te respalda?
Maimónides, un filósofo judío, erudito legal y médico del siglo XII, escribió:
Mi compasión y amor por mi hermano deben ser exactamente iguales a la compasión y amor que tengo por mí mismo; [específicamente en relación con[ su dinero, su bienestar físico y todo aquello que alguna vez posea o desee poseer. Todo lo que deseo para mí, debo desearlo para él. Y todo aquello que detestaría para mí o para quienes se relacionan conmigo, debo detestarlo igualmente para él. Esto es lo que enseña la Torá: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (Libro de los Mandamientos, mitzvá 243)
Pregunta: Según Maimónides, ¿cómo cumplimos la mitzvá de amar a nuestros semejantes?
En resumen, todo lo que deseo para mí mismo también debería desearlo para los demás. Como mencionamos anteriormente, el punto de partida es reconocer que todos somos uno: formamos parte de una misma familia. Los acontecimientos recientes nos han recordado poderosamente esta verdad, reuniendo a los judíos y despertando un profundo sentimiento de unidad.
Pregunta: ¿Cómo podemos conservar la sensación de ser una sola familia, incluso cuando las amenazas y presiones externas que nos unieron comiencen a desaparecer?
Rav Nóaj Weinberg, fundador y director de Aish, enseñó:
El amor es el placer emocional que una persona siente cuando ve algo bueno en otro ser humano y lo asocia con esa virtud. Concéntrate en la virtud y sentirás una conexión natural y amor hacia esa persona. La gente dice que no se puede ordenar a alguien que ame a los demás. Eso no es cierto. Si nos comprometemos a enfocarnos en lo bueno de las personas (y no en sus cualidades negativas), automáticamente nos sentiremos más cerca de ellas y las amaremos.
Conviértete en un "especialista" buscando las buenas cualidades de las personas, incluso en aquellas con las que no conectas de inmediato o que no te resultan especialmente simpáticas. Todos tienen virtudes; búscalas y concéntrate en ellas. Si practicas esto, poco a poco aprenderás a amar a los demás.
Rav Eliahu Dessler, destacado pensador y ético judío del siglo XX, escribió:
Si le doy algo a otra persona, tengo una parte en su ser. "Ama a tu prójimo como a ti mismo"... Al darle algo de ti mismo, descubrirás en tu alma que tú y él son realmente uno; sentirás de la manera más clara posible que él es verdaderamente tú, "como a ti mismo". (Strive for Truth, ensayo sobre la bondad)
Pregunta: ¿Por qué dar conduce al amor? ¿Reconoces esta idea en tu propia vida?
Rav Eliahu Dessler enseña que la manera más segura de desarrollar amor hacia alguien es invertir parte de uno mismo en esa persona mediante el acto de dar. Un ejemplo poderoso es el profundo amor que los padres sienten por sus hijos, un amor que a menudo se construye a través del cuidado constante y la entrega cotidiana.
Dar también nos ayuda a superar nuestra tendencia natural al egocentrismo, que fácilmente puede conducir a los celos o al resentimiento, precisamente lo contrario de lo que esta mitzvá nos exige.
El amor que habita en el corazón debe traducirse en acciones.
Maimónides escribe:
Es un precepto positivo de origen rabínico visitar a los enfermos, consolar a los dolientes, acompañar a los difuntos, ayudar a la novia, acompañar a los huéspedes que parten, alegrar a los novios y asistirlos en todo lo que necesiten. Aunque todos estos preceptos son de origen rabínico, están incluidos en la mitzvá bíblica: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18); es decir, todo aquello que desearías que otros hicieran por ti, hazlo por tus hermanos en Torá y mitzvot. (Leyes del Duelo, 14:1)
Como aprendemos de esta última fuente, esta mitzvá tiene dos pasos esenciales. Primero, el amor por nuestros semejantes debe arraigarse en el corazón: desear sinceramente para ellos todo el bien que deseamos para nosotros mismos (y protegerlos del daño). Luego, ese amor interior debe expresarse mediante actos concretos de bondad, tal como la Torá enseña repetidamente: dar caridad, proporcionar oportunidades de trabajo, visitar a los enfermos, conceder préstamos, ofrecer alimento y ropa, y brindar apoyo de muchas otras maneras.
Aunque la acción es indispensable, todo comienza con el trabajo interior: ver a cada judío como parte de nuestra familia, amarlo por quien realmente es y compartir con él lo que podamos siempre que tengamos la oportunidad.
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