Un tributo a Rav Jonathan Sacks en su aniversario de fallecimiento

09/11/2025

4 min de lectura

Al conmemorar el iortzait de Rav Jonathan Sacks, un tributo a un alma cuya sed de Dios y autenticidad elevó a generaciones.

Este martes, 11 de noviembre (20 de Marjeshvan), se conmemora el quinto iortzait del Gran Rabino Rav Jonathan Sacks.

Cuando yo era un confundido jovencito de 19 años, abrí uno de sus libros y me impactó la belleza de su prosa y su capacidad de hablar el lenguaje de la fe con palabras que resonaban en mí.

En un mundo donde a menudo sentimos que nos ahogamos en información, la elegante pluma de Rav Sacks tiene el poder de penetrar la neblina y llegar al corazón de las personas.

En mi experiencia, al profundizar en la vida de oradores cautivadores, a menudo descubrí que, aunque tenían el don de la palabra, su mundo interior no estaba lleno. Eran una cáscara vacía. Sus ideas se comunicaban de manera hermosa, pero era solo el empaque, con poco contenido.

Cuando se trata de Rav Sacks, cuanto más investigaba quién era, más descubría que debajo de su don de comunicación existía un alma hermosa y noble, una persona que, en su esencia, buscaba a Dios y sentido. Confiaba en él porque sabía que su corazón y su mundo interior eran auténticos y sagrados.

Buscando a Dios

Cuando se convirtió en Gran Rabino de las Congregaciones Hebreas Unidas del Commonwealth en el Reino Unido en 1991, dijo en una entrevista que la canción jasídica de Lubavitch, “Tzama Lejá Nafshi – Mi alma tiene sed de Ti”, era una de las canciones que llevaría consigo a una isla desierta. Añadió que esperaba que algún día esa frase sirviera como su epitafio: que su alma tenía sed de Dios. Y, de hecho, lo es.

Rav Sacks fue un alma sedienta y en búsqueda de Dios.

Creo que esto fue lo que lo hacía tan extraordinario y por lo que la gente se conectaba profundamente con él. En su esencia, era un alma que buscaba y tenía sed de Dios.

Rav Sacks comenzó su camino como estudiante universitario en busca de respuestas. Tenía preguntas y viajó a Estados Unidos para conocer a los grandes rabinos y plantearles sus inquietudes. En una de las últimas entrevistas que concedió, recordó ese viaje y compartió con Tim Ferriss cómo un encuentro con el Rebe de Lubavitch cambió su vida para siempre.

En 1968, al final de mi segundo año universitario, cuando tenía 20 años, pensé: No sé mucho sobre judaísmo ni religión, pero sé que hay muchos rabinos distinguidos. Así que ese verano decidí tomar un avión a Estados Unidos y comprar un pase de viaje ilimitado de Greyhound de 100 dólares, y viajar por Norteamérica conociendo rabinos.

Conocí a muchos rabinos maravillosos, pero lo extraordinario fue que casi todos mencionaban un nombre que yo no conocía: Rav Menajem Mendel Schneerson, el Rebe de Lubavitch. Todos me decían: 'Debes conocerlo, es el gran líder de nuestro tiempo'.

Intenté averiguar dónde estaba. Su centro estaba en el 770 Eastern Parkway en Brooklyn. Fui allí y le dije a la primera persona que conocí: 'He viajado 3.000 millas para conocer al Rebe de Lubavitch. ¿Podría tener una cita?'

Se rió y dijo: '¿Sabes cuántas decenas de miles de personas esperan verlo? Vuelve el próximo año… o tal vez en diez años… y olvídalo'.

Le respondí: 'Mira, estoy viajando por el país en este autobús Greyhound. No sé dónde estaré cuándo, pero sí sé que visitaré a mi tía en Los Ángeles. Aquí está su número de teléfono; si el Rebe puede verme, por favor llámeme'.

Semanas después, mientras estaba con mi tía en Beverly Hills, sonó el teléfono un domingo por la noche. Era alguien de Brooklyn: 'El Rebe puede verte el jueves por la noche'.

Tuve que ir. El único problema era que no tenía dinero. Era un estudiante. La única forma de llegar de Beverly Hills a Brooklyn era un viaje de autobús de 72 horas. Y eso fue exactamente lo que hice. No se lo recomiendo a nadie, pero lo hice: tres días en el autobús para conocer al Rebe.

Tenía 20 años, y allí estaba un hombre con cientos de miles de seguidores. Nos sentamos juntos unos veinticinco minutos, y fue una experiencia que cambió mi vida. Curiosamente, no me dejó hacer preguntas. Él me preguntaba a mí. Era como si me entrevistara.

—¿Cuántos estudiantes judíos hay en la Universidad de Cambridge?

—No sé, alrededor de mil —respondí.

—¿Y cuántos participan en la vida judía?

—Cerca de cien.

—¿Quieres decir que el noventa por ciento está completamente desconectado?

—Sí —respondí.

Me miró y dijo: 

—Bueno, ¿qué estás haciendo al respecto?

Como buen inglés, comencé a decirle: "En la situación en la que me encuentro…". Lo que realmente significaba "Por favor, hágame otra pregunta". Pero el Rebe, siempre cortés, me interrumpió a mitad de la frase y dijo: "No te encuentras en una situación, tú te pones en una situación. Por lo tanto, puedes ponerte en una situación diferente".

Ese momento fue absolutamente impresionante. Había cientos de personas afuera esperando verlo, y aun así este gran hombre me decía a mí, un estudiante de veinte años, que me convirtiera en líder, lo último que yo quería ser.

Años más tarde, comprendí lo que había pasado. La gente veía al Rebe como un líder religioso con miles de seguidores. Yeso era cierto, pero eso era lo menos interesante de él. Entendí que los buenos líderes crean seguidores; los grandes líderes crean líderes. Y eso fue lo que hizo por mí esa noche. Ese momento nunca me abandonó. Cambió toda mi vida, no de inmediato, sino lenta y profundamente.

Mi vida, suelo decir, fue moldeada por un puñado de personas que creyeron en mí más de lo que yo creía en mí mismo. Fui bendecido por su amistad. Es extraordinario cuando alguien cree que puedes hacer algo que nunca pensaste que podrías hacer.

El fuego ardía en su alma

Ese encuentro con el Rebe cambió la vida de Rav Sacks para siempre. Pero para llegar allí, tuvo que viajar tres días seguidos en autobús.

Había un fuego ardiendo en su alma, una sed que necesitaba saciar. Buscaba algo, y no se detendría hasta encontrarlo. Eventualmente, estudió en una ieshivá Lubavitch donde aprendió la canción “Tzama Lejá Nafshi”.

Incluso cinco años después de su fallecimiento, yo también siento que tengo sed. Tzama Lejá Nafshi—mi alma tiene sed de Rav Sacks. Sé que no estoy solo. Todos extrañamos profundamente su alma, sus sabias y alentadoras palabras que necesitamos con tanta urgencia en estos tiempos confusos y difíciles.

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