10 razones por las que amo ser judía
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"El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente". — Lord Acton
¿Cómo se evita que un líder con poder absoluto, un rey, se corrompa? En la porción de la Torá de esta semana, la Torá ofrece su respuesta:
"Y sucederá que, cuando [el rey] se siente en el trono de su reino, escribirá para sí dos copias de esta Torá en un rollo... La tendrá consigo y leerá de ella todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Hashem, su Dios, guardando todas las palabras de esta Torá y estos estatutos, cumpliéndolos, para que su corazón no se enaltezca sobre sus hermanos y no se aparte del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel". (Deuteronomio 17:18–20)
La Torá ordena al rey escribir dos rollos de la Torá y llevar uno de ellos consigo en todo momento: desde el trono hasta el campo de batalla y durante sus discursos públicos. Al leer diariamente ese rollo, aprende a "temer a Dios", reconociendo que existe un Ser Supremo por encima de él; que su reinado puede desaparecer en un instante y que deberá rendir cuentas por sus actos, tanto en esta vida como en la venidera. ¿Podría existir un remedio más eficaz contra la corrupción que suele acompañar al poder absoluto?
Todos podemos apreciar la sabiduría de este mandamiento, pero, si observamos con mayor detenimiento, encontraremos otro detalle fascinante de esta mitzvá. Según el versículo, el rey debe escribir personalmente dos rollos de la Torá. ¿Por qué dos?
De acuerdo con el Talmud,(1) uno lo acompaña a todas partes, mientras que el otro permanece guardado en su tesoro real. Se entiende el valor de llevar siempre consigo una guía espiritual portátil, pero ¿por qué invertir el mismo esfuerzo en un rollo destinado a permanecer almacenado?
Para comprender por qué el rey necesita dos rollos, primero debemos analizar cómo suele desarrollarse el liderazgo en el mundo actual. Con demasiada frecuencia vemos que grandes figuras públicas llevan una doble vida. Incluso cuando esos líderes logran un impacto extraordinario en el ámbito público, muchas veces fracasan a la hora de gobernar su propio mundo interior.
La sociedad suele disculpar esas fallas privadas, fijándose únicamente en su heroísmo y liderazgo público. Pero la sabiduría judía adopta un enfoque radicalmente distinto.
La concepción de liderazgo de la Torá rechaza cualquier separación entre los logros públicos y el carácter privado. El sabio talmúdico Rabán Gamliel se negaba a admitir en su academia a quien no fuera "tojó kebaró", es decir, cuya vida interior no coincidiera con su comportamiento exterior.(2) El mismo Rabán Gamliel enseñó: "No juzgues a tu prójimo hasta que hayas llegado a su lugar" (Pirkei Avot 2:4) El Meiri, comentarista clásico del siglo XIII, explica esta enseñanza diciendo que no basta con observar cómo actúa una persona en público. Para conocer realmente su carácter, hay que ver cómo vive en la intimidad de su hogar.
El Kuzarí ofrece quizá la definición más impactante del liderazgo auténtico. Cuando le preguntan qué caracteriza a una persona verdaderamente santa, el Rabino responde: "Una persona santa es alguien que se preocupa por su pueblo... Lo gobierna con justicia y no oprime a ninguno de sus miembros". Cuando le objetan: "¡Le pregunté por una persona santa, no por un gobernante!", él responde: "La persona santa es un gobernante. Todos sus sentidos y cualidades —tanto espirituales como físicas— están sometidos a su autoridad... Ha demostrado que es apta para gobernar. Si llegara a dirigir un país, lo haría con justicia, del mismo modo que gobierna su propio cuerpo y su propia alma".(3)
De estas fuentes surge una jerarquía muy clara: antes de poder dirigir a otros, una persona debe aprender primero a gobernarse a sí misma y a su propio hogar. Esto refleja el enfoque judío del liderazgo, que se desarrolla en tres círculos concéntricos.
Nivel 1: Liderazgo interior. En Pirkei Avot (4:1), Ben Zomá enseña: "¿Quién es fuerte? Aquel que domina sus propias inclinaciones". Solo quien aprende a controlar sus impulsos frente a las múltiples tentaciones de la vida puede iniciar el camino hacia un liderazgo verdadero.
Nivel 2: Liderazgo familiar. Rav Jaim Vital enseñó que el 99% del juicio de una persona respecto a los preceptos relacionados con el prójimo depende de sus relaciones dentro del hogar.(4) Toda la caridad, el heroísmo y el impacto que alguien pueda tener sobre el mundo durante toda su vida apenas representan el 1%. El otro 99% consiste en los pequeños actos cotidianos de amor y cuidado hacia el cónyuge y la familia.
Nivel 3: Liderazgo exterior. Solo después de aprender a gobernarse a uno mismo y construir un hogar sólido puede una persona estar preparada para ampliar esos círculos de influencia hacia la comunidad, la nación y, finalmente, el mundo. En cada etapa, nunca debe olvidarse al individuo en favor del colectivo, porque el colectivo está formado precisamente por individuos.
Ahora que entendemos la visión de liderazgo que propone la Torá, podemos resolver el misterio de los dos rollos. Uno de ellos acompaña siempre al rey para recordarle constantemente que es un siervo de Dios encargado de conducir al pueblo judío. El segundo rollo permanece guardado en su tesoro personal, recordándole que el dominio de sí mismo y la rectitud dentro de su hogar son igual de importantes, si no más, que sus responsabilidades públicas. Ese rollo conservado en el tesoro simboliza quizá el principio más revolucionario de la Torá sobre el liderazgo: el carácter privado importa más que los logros públicos.
Rav Moshé Shapira, uno de los más grandes maestros de la generación pasada, fue un ejemplo vivo de esta sabiduría de los "dos rollos". Cada semana él dictaba más de 35 clases y guiaba a más de 1.000 futuros rabinos, ejerciendo una enorme influencia en el mundo judío. Sin embargo, nunca perdió de vista la dignidad de cada individuo, como lo demuestra la siguiente historia.
Durante una mediación entre vecinos, la señora de la limpieza le ofreció una taza de té. Él declinó cortésmente y continuó trabajando. Horas más tarde, después de ayudar a resolver el conflicto, bajó dos pisos de escaleras hasta donde lo esperaba su alumno con el auto. Cuando estaba a punto de subir, de repente exclamó: "¡Se me olvidó algo!" Antes de que su alumno pudiera responder, volvió a subir apresuradamente las escaleras. Fue recorriendo habitación por habitación hasta encontrar a la señora de la limpieza. Le sonrió, se despidió de ella con amabilidad y luego se marchó.
El mismo Rav Moshé que formó a miles de futuros líderes también se preocupó por una mujer a la que nadie prestaba atención, mantuvo un matrimonio durante sesenta años y, según todos los que lo conocieron, ejercía un dominio absoluto sobre sí mismo en cada movimiento y en cada palabra.
De la visión de liderazgo de los dos rollos que presenta la Torá surgen dos enseñanzas. En primer lugar, al igual que el rollo que el rey llevaba siempre consigo, si Dios te ha confiado alguna clase de liderazgo (como director ejecutivo, presidente, padre o madre), dedica unos momentos al comienzo de cada semana para recordar que tu vida, tus capacidades y tu autoridad dependen de Él. En segundo lugar, como el rollo guardado en el tesoro del rey, pregúntate si has prestado suficiente atención a los momentos menos glamorosos de tu vida: aquellos que no traen fama ni reconocimiento, pero que constituyen el verdadero fundamento del liderazgo según la Torá.
Así como el rey necesitaba ambos rollos para gobernar correctamente, nosotros también necesitamos esas dos dimensiones del liderazgo. El rollo que se llevaba en público nos recuerda usar nuestro liderazgo al servicio de algo más grande que nosotros mismos. El rollo guardado en el tesoro nos pregunta, metafóricamente: ¿has estado cambiando pañales?
Que seamos bendecidos para llevar estas enseñanzas esenciales sobre el liderazgo a nuestro trabajo, nuestras comunidades, nuestros hogares y a todos los ámbitos de nuestra vida.
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