Una carta abierta a Chris Martin, vocalista de Coldplay

07/09/2025

3 min de lectura

Por qué decirles a los fans israelíes “ustedes son humanos” resultó doloroso a pesar de su intención de unidad.

Querido Chris:

Ante todo, soy un gran fan de Coldplay y me encanta tu música y el espíritu que llevas a tus conciertos. A lo largo de los años, has invitado constantemente a fans al escenario, usando esos momentos no como espectáculo, sino para subrayar un tema: nuestra humanidad compartida, nuestra dignidad común y la posibilidad de paz. Esa es una visión que admiro profundamente y que resuena con muchos de nosotros que creemos en el poder sanador de la música.

Es a la luz de esto que quiero reflexionar sobre un momento de tu reciente show en Londres.

Invitaste a dos mujeres —Avia y Tal— al escenario en el estadio de Wembley. Cuando revelaron que eran de Israel, partes de la multitud comenzaron a abuchear. En respuesta, te dirigiste a la audiencia desde el piano: “Estoy muy agradecido de que estén aquí como humanos. Las estamos tratando como humanos iguales en la Tierra, sin importar de dónde vengan”. Luego añadiste: “Aunque sea quizá controversial, también quiero dar la bienvenida a las personas en la audiencia de Palestina. Creo que todos somos igualmente humanos”.

Creo que tu intención fue transmitir un mensaje de compasión y unidad: ofrecer protección, señalar pertenencia y recordar a la audiencia que cada vida importa, pero muchas personas, especialmente dentro de las comunidades judías e israelíes, sintieron que tu manera de expresarlo fue, sin querer, denigrante.

Algunos calificaron los comentarios de “deshumanizantes”, argumentando que dejaron a las mujeres sintiéndose “condicionalmente toleradas, deshumanizadas y culpables de ser judías”.

Chris Martin habla con dos fans que resultaron ser israelíes en un concierto en Londres, el 31 de agosto de 2025. (Captura de pantalla/TikTok)

El antisemitismo siempre ha atacado no solo la seguridad judía, sino también la humanidad judía misma. El régimen nazi pudo llevar a cabo un genocidio solo declarando a los judíos subhumanos —alimañas, enfermedades, una infección en el cuerpo del mundo—. Despojados de humanidad, quedamos despojados de protección. Esa herida no está enterrada en la historia; permanece cerca de la superficie de la identidad judía. Así que cuando escuchamos “ustedes son humanos”, por bien intencionado que sea, puede resonar con una sugerencia más oscura: tal vez no lo sean.

Creo que esta no fue tu intención. La tradición judía nos recuerda: “juzga a toda persona favorablemente” (Ética de los Padres 1:6). Elijo ver tus palabras a través del lente de tu mensaje más amplio de paz. Otra enseñanza agrega: “No juzgues a tu prójimo hasta que hayas estado en su lugar” (ibid 2:4). Yo nunca he estado en tu lugar. Bajo las luces, frente a 80.000 personas, cargando con la responsabilidad de unir a una multitud diversa. Por eso, honro la dificultad de tu papel.

Pero te pido, por un momento, que estés en el nuestro. Imagina cómo se siente, después de siglos de escuchar negada nuestra humanidad, que se la nombre en voz alta como si fuera incierta. Imagina lo vulnerable que se siente cuando nuestra humanidad no viene como algo supuesto, sino como algo concedido.

El ejemplo no es único de los judíos. Si un artista se dirigiera a fans negros y dijera: “Ustedes son inteligentes, sin importar el color de su piel”, la intención podría ser afirmativa, pero el impacto sería doloroso, porque les recordaría siglos de degradación. Del mismo modo, decirles a los judíos: “Los estoy tratando como humanos iguales en la Tierra sin importar de dónde vengan” toca un lugar de trauma histórico, sin importar cuán amable sea la intención.

No escribo esto para condenar. Al contrario, respeto tu esfuerzo de llevar humanidad y paz a un mundo dividido. Mi petición es simple: que la pertenencia sea algo supuesto, no declarado; que la inclusión sea natural, no excepcional. La bienvenida más profunda no está en decir, sino en mostrar: por supuesto que eres humano, por supuesto que perteneces, por supuesto que eres uno de nosotros.

Si este momento despierta una comprensión más profunda —entre tú, tus fans y el pueblo judío—, entonces incluso un tropiezo puede convertirse en parte de la música de la sanación.

Con respeto,
Sam Bergman

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Daniel Ruben Nudel
Daniel Ruben Nudel
5 meses hace

Será un grán arista musical, pero eso no le quita su alto nivel de Judeofobia. No vale mucho como persona. Tiene preconceptos y se pone en juez con el famoso doble standard habitual cuando se habla de Judaismo-Sionismo. Lo peor de todo, es que tiene millones de seguidores en el mundo, pero con poca capacidad de disentir por falta de criterio propio. Excelente artículo.

Marisa
Marisa
5 meses hace

Muy bueno. Ojalá tengas la forma de hacérselo llegar a Chris Martin. Saludos

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