Una entrevista sobre música y judaísmo con Peter Himmelman, yerno de Bob Dylan

30/11/2025

11 min de lectura

Una entrevista con el cantautor sobre la creatividad y la espiritualidad, Ishay Ribo y defender a Israel después del 7 de octubre.

Peter Himmelman es un intérprete de rock & roll nominado a los premios Grammy y Emmy, compositor, autor premiado, artista visual, compositor de cine y fundador de Big Muse, un programa de talleres personalizados diseñado para fomentar la confianza y la productividad creativa. Apareció en Rolling Stone, The Wall Street Journal, NPR y Time Magazine.


Adam Jacobs: ¿Cómo describirías la conexión entre el proceso creativo y tu entendimiento del mundo espiritual? ¿Acaso la creación de música, o de cualquier arte, es un acto espiritual?

Peter Himmelman: He llegado a ver que la creatividad y la espiritualidad están profundamente entrelazadas. Siento que la creatividad es un tenue reflejo (una imitación infinitesimal) de la forma en que Dios crea. Por supuesto, Dios crea ex nihilo, desde la nada misma, mientras que nosotros creamos amalgamando entidades, ideas, sonidos o imágenes preexistentes. Pero hay un orden único que ocurre en el proceso creativo, y creo que de ahí viene la idea de “imitar” a Dios. En ese sentido, el ser humano realmente puede reflejar a Dios.

AJ: ¿De dónde proviene el placer de la música? Los tonos que se producen no tienen un significado fundamental, ¿cierto? Los 440 hertz de una cuerda de guitarra no significan nada. ¿Por qué esto funciona? ¿Por qué esos tonos significan algo para alguien?

PH: Tengo algunas ideas al respecto. Voy a usar la palabra “numinoso”, que me encanta y que tristemente ha caído en desuso. Esto se refiere a una conciencia súbita de Dios, una sensación aguda de algo que está más allá del yo. Conozco muchos músicos y artistas que han tenido esa experiencia. Es ocasional, pero si llevas suficiente tiempo creando cosas, esas experiencias tienden a acumularse. Y al hacerlo, también tienden a cambiar tu perspectiva sobre la creatividad y la espiritualidad.

Sobre los tonos musicales que mencionaste, que no tienen un significado intrínseco, te cuento que mi esposa y yo estábamos caminando una noche por los acantilados de Santa Mónica. Había una puesta de sol preciosa, una esfera roja cayendo por el horizonte. La gente caminaba, conversaba, y alguien tocaba guitarra de manera maravillosa. Pero entonces me pregunté: ¿qué significa esta experiencia? ¿Qué significa la puesta de sol? ¿Qué significa la música? Creo que el significado, aunque importante en muchos casos, a menudo inhibe la creatividad. Es decir, si estás buscando constantemente significado, linealidad o lógica en las cosas, por naturaleza vas a limitar tu capacidad de percibirlas.

Las cosas que son más importantes para nosotros no tienen un significado específico. Por eso son tan difíciles de describir. ¿Qué significa, por ejemplo, haber sentido alegría en la boda de tu hija? Puedes intentar describirlo con palabras, pero si la experiencia fue suficientemente poderosa, las palabras que busques siempre serán insuficientes. Porque la alegría extrema, como su opuesto, está más allá del significado, y por ende, más allá de lo que las palabras pueden transmitir.

Las notas musicales son notables porque son una especie de “fantasma en la máquina”: algo que, dentro de un marco estructurado, logra algo casi milagroso. Toma una vibración A440, una nota la perfectamente afinada. Es una vibración de ondas de aire que, al combinarse con otras notas, estimula nuestros canales auditivos, toca el nervio auditivo y llega a una parte específica del cerebro. Estas vibraciones crean una respuesta emocional. La música es evocadora porque trasciende el significado. Por ejemplo, ¿por qué un acorde menor evoca tristeza en casi todas las culturas? Tocamos instrumentos (guitarra, piano, pandereta) no para crear significado, sino para evocar sentimientos profundos. Y ese es el valor y el poder de una canción bien escrita.

No es que las experiencias que expreso en mis canciones o escritos sean “importantes”, pero cuando son profundamente personales, se vuelven más universales. Es una especie de paradoja. Ahí es cuando el oyente se conecta con su propio pasado o encuentra aspiraciones para su futuro. Esa expresión artística profundamente personal es lo que hace que la gente llore o sienta una nueva conciencia.

AJ: Hablemos de la música judía. Primero, ¿existe tal cosa? ¿La música es judía por el simple hecho de que el artista sea judío? ¿Hay algún tipo de música culturalmente judía que se esté haciendo actualmente? Y si no, ¿por qué no? ¿Cómo te relacionas —o no— con la escena musical judía en comparación con la secular?

PH: Nunca entendí realmente la idea de “música judía”. Es decir, hay un sonido tipo klezmer, que es del este europeo. La música sefardí proviene de sonidos derivados del Medio Oriente. Como la comida judía. Es una amalgama. Creo que lo que mencionaste antes se acerca más: ¿un judío hace música judía? Bueno, creo que cuando un judío hace música, sí, podrías decir que es música judía. Ya sea Lou Reed o Yehudi Menuhin. Podría ser así. Pero realmente no lo sé.

No me considero un creador de música judía, aunque muchos de los temas que toco son congruentes con el pensamiento judío. Mis canciones son algo opacas en ese sentido. No escribo sobre encender las velas de Shabat o ponerme tefilín. Hay gente que hace eso muy bien. Simplemente no es mi enfoque.

AJ: ¿Conoces a Ishay Ribo?

PH: Me encanta. No lo conozco en persona, pero admiro lo que hace. También me gusta la idea de que una gran parte de la música mainstream israelí esté siendo hecha por personas observantes. Es un movimiento muy interesante dentro de una cultura que solía estar dominada por israelíes mayormente seculares. He hablado con algunos amigos bastante conocidos en la escena musical israelí y lo han notado. Les parece genial.

AJ: ¿Crees que eso podría ser el inicio de una música judía auténtica? ¿Es eso lo que se está desarrollando en Israel? Pienso que cuando uno escucha música india del sur de Asia, la reconoces al instante. Es la herencia cultural de su pueblo, tanto en su música pop como en su música clásica. Pero nosotros no parecemos haber creado algo definido que sea “nuestro”, y eso me molesta un poco. Supongo que por eso lo pregunto.

PH: Somos un pueblo en el exilio. Aún rezamos por reconstruir el Templo, restaurar la dinastía davídica y aliviar el dolor de este largo exilio. Los que rezamos con un sidur cada día lo reconocemos de inmediato. Y por eso, como pueblo exiliado, las comparaciones con la música del sudeste asiático, como mencionaste, no necesariamente pueden aplicarse.

Durante más de 2.700 años de exilio, ya sea en España, Marruecos, Toledo u Ohio, hemos amalgamado —y en muchos casos mejorado enormemente— muchas formas de arte. Eso es lo que hacemos. Entonces, ¿cómo suena la música judía? ¿Como la música sefaradí? Recuerdo que hablé con un gran guitarrista en Israel. Le dije: “La música en los canales árabes es realmente interesante. ¿Crees que se asemeja, por ejemplo, a lo que yo percibo en Howlin' Wolf, algo con raíces profundas?” Me dijo: “Personalmente sí, pero antes muchos israelíes pensaban que ese sonido era música barata de bodas”.

No creo que pueda haber una música judía cohesiva y completa hasta que la mayoría de los judíos estén juntos, probablemente en Israel. No tengo idea de cómo sonaría. ¿Cuál sería el resultado de toda esta amalgama, amplificación y confluencia de ideas musicales? No veo la hora de descubrirlo.

AJ: Has sido muy abierto desde el 7 de octubre respecto a tus opiniones tanto en Internet como en otros espacios. Como artista, ¿has sufrido consecuencias por tomar una postura pública a favor de Israel?

PH: Bueno, es difícil saberlo. Hice un show hace casi un año en Minneapolis. Fue un lleno total, un gran show. Pero mi agente me llamó semanas después y me dijo: “No quise decírtelo en ese momento, pero el promotor quería cancelar el show”. Le dije: “¿Es uno de esos casos tipo Matitiahu, de cancelar shows por política?”. “Sí, exactamente", me dijo. "Algunos trabajadores no querían participar porque un sionista iba a estar en el escenario. Iban a organizar una protesta”.

Mi agente, que es un judío inteligente, le dijo al promotor: “Bueno, simplemente dales la noche libre a esos trabajadores”. Y al parecer así fue. Si lo hubiera sabido, habría puesto alcancías del Keren Kayemet en cada asiento.

La cuestión es que no me importa, especialmente en este punto de mi carrera y de mi vida. Llevo años defendiendo a Israel, mucho antes del 7 de octubre. Llevé a mi familia a Israel durante los bombardeos de los años 2.000. Teníamos tres niños en pañales, caminamos por las calles desiertas de Jerusalem la misma semana del atentado a Sbarro.

Y quiero decir otra cosa. Esto no es sólo por el estado político de Israel (aunque sí me importa), es por los judíos. Si, Dios no lo quiera, siete millones de judíos estuvieran bajo ataque en Memphis, Tahití o Toronto, sentiría exactamente lo mismo.

En un concierto en Seattle me acompañó un amigo, un excelente bajista. Él es judío, pero no está tan al tanto de lo que pasa en Israel como yo. Él solo quiere que termine la guerra. Le dije: “¿No crees que Israel también quiere terminar la guerra, pero de la manera correcta, de una forma que proteja a sus ciudadanos de más pogromos horrendos?” Él me respondió: “Bueno, ¿no hay una mejor forma de hacerlo?”

“¿Has estudiado ciencia militar? ¿Hay algo que yo no veo?”, le dije, aunque no fui tan sarcástico como suena ahora. Entonces él me dijo: “Mira, sé que esto suena absurdo, pero si te necesitaran, a ti, un judío de 64 años que no ha ido al campo de tiro en mucho tiempo, si realmente te necesitaran para ir a luchar, ¿arriesgarías tu vida por el pueblo judío?”

Por supuesto, es mucho más fácil decir “Sí, lo haría” que realmente presentarse. Pero, dado mi historial —habiendo ido a Israel para mostrar solidaridad en tiempos peligrosos— y considerando que he puesto mi nombre y carrera en la línea por Israel, lo más probable es que sí, lo haría.

Le pregunté a este tipo: “¿Y tú lo harías?”

Se quedó en silencio, sin saber cómo responder. Así que le dije: “Mira, si alguien intentara dañar a tus hijos o a tu esposa, ¿tomarías un arma y harías lo necesario para salvarlos?” “Sí”, me dijo.

Le respondí: “Siento un profundo sentido de hermandad con los judíos en Israel, con los judíos en todas partes del mundo. Son familia, incluso los que no me agradan”. Es algo que va más allá del significado. Como mencioné antes, las cosas más poderosas en nuestra vida están más allá del significado. No podemos meterlas en una lata de sopa de tomate. Existen fuera de cualquier tipo de restricción o parámetro.

AJ: Toda mi vida admiré la música de Eric Clapton. Tristemente vi algunos comentarios que hizo en una entrevista, que fueron muy decepcionantes. No diría que dijo cosas abiertamente antisemitas, pero definitivamente dijo cosas abiertamente anti-Israel. Desde entonces, mi capacidad para escuchar Cream o cualquier proyecto suyo se ha visto muy disminuida. ¿Tienes una reacción similar cuando escuchas o te enteras de cosas similares de artistas que te importaban?

PH: Ya no me interesa. En cuanto a Eric Clapton... es un excelente guitarrista, pero literalmente conozco a 50 tipos en Los Ángeles que tocan mejor que él. Pero ese no es el punto. Por ejemplo, Roger Waters. Nunca fui un gran fan de Pink Floyd, pero claro que los apreciaba. ¿Acaso él ha estudiado el conflicto en Medio Oriente? ¿Es un experto en sus minucias y complejidades? Es fácil dudarlo. ¿Quizás tiene un poco de animosidad hacia los judíos, como suele pasar con estos viejos rockeros británicos? Sí, estoy seguro de que no es un filosemita. Además, está casado con una mujer palestina. No necesito más a Roger Waters. Estoy fuera. Solía gustarme Elvis Costello en su momento. Me encantaba. También está fuera.

Así es como me siento. Nunca antes había tenido esta clase de líneas rojas, y tengo una red de amigos muy amplia y diversa que abarca un amplio espectro ideológico. Pero si alguien se manifiesta enérgicamente contra Israel, y abierta o tácitamente pide su desaparición, entonces hasta aquí llegamos. Si alguien está rotundamente en contra de Israel —y uno puede notar la diferencia—, no es que sólo señala un par de puntos que podrían ajustarse o criticarse con razón. No. Estás fuera de mi vida.

AJ: Empezaste como un artista joven. Estuviste en MTV, en Jay Leno. Alcanzaste el gran éxito, en términos de lo que la mayoría de los músicos jóvenes aspiran. Me pregunto, ¿crees que la fama es algo bueno para la persona? ¿Es algo a lo que un joven debería aspirar? ¿O tiene alguna clase de toxicidad que se debería evitar? ¿Cómo te relacionaste con tu notoriedad, antes y ahora, y la recomiendas?

PH: Primero que todo, una vez que empiezas a tener un poco de fama, deseas más. Es exactamente como una droga. Grandes descargas de dopamina... y luego un bajón. No hay saciedad, ni alegría en ello. En un momento estuvimos tocando en escenarios bastante grandes, como el Teatro de Chicago. No sé cuántos miles de personas caben allí, pero lo llenamos. Y todo lo que podía pensar era: “¡Los Lobos lo llenaron por dos noches!” En ningún momento pensé: “Guau, nosotros llenamos el Teatro de Chicago.” Tuvimos artículos en el Chicago Tribune, Los Angeles Times, Time Magazine, Rolling Stone, fuimos aquí y allá, tocamos en el Tonight Show, o lo que fuera. Pero en ningún momento fue satisfactorio, en ningún momento fue verdaderamente pleno.

El lado bueno del reconocimiento, digamos, es que si tienes una causa en la que estás involucrado, puede que haya personas que te escuchen con más atención. Tal vez. Tal vez no. Solía hacerle esta pregunta a mi banda en los primeros días. Mientras viajábamos sacaba muchas ideas filosóficas, como todavía hago, porque hablamos todo el tiempo. Una era esta: ¿Quién tiene más influencia en el mundo? ¿Un agricultor vietnamita que trabaja para mantener a su familia en un arrozal, o Bruce Springsteen, cuyo Born in the USA acababa de salir? La mayoría de los miembros de mi banda decían: “Bueno, seguro que Springsteen tiene mucha más influencia en el mundo.” Y claro, como soy un contreras, me opuse. Lo que ve cualquier persona que no sea amigo o familia de Bruce Springsteen, es una proyección muy fabricada, muy curada del hombre. Cada vez que ves a una persona famosa hablando o haciendo algo, todo está pensado y editado. Incluso en esta entrevista, soy consciente de que nuestra conversación será pública. Y aunque lo que digo es veraz, también soy consciente de que estoy proyectando una imagen.

Le propuse a la banda que este hombre vietnamita hipotético, que trabaja duro para mantener a su familia (asumiendo que es fiel a su esposa y buen padre) está criando hijos que no van por el mundo hambrientos de amor. No hay escasez de amor en esa familia. Bueno, para mí, el valor de eso es incalculable.

La influencia que Springsteen tiene sobre personas fuera de su círculo cercano es mínima. La gente ama su música. Yo también. Y sin minimizar eso, no es realmente amor, ¿verdad? Un fan se emocionaría al conocerlo. Digamos que están en su casa, y tal vez pasan la noche allí. “¡Guau, increíble!”, dirían. Por la mañana, él anda en la cocina buscando leche para su cereal, y no se ve tan bien como en sus fotos. Y tal vez hable mucho. Tal vez sea interesante al principio, pero después de un rato... Puedes tomar a cualquier persona famosa, y después de un tiempo pensar que ya has visto suficiente.

Estuve fuera 230 días cuando nació mi primer hijo, Isaac, que ahora tiene 34 años. Por mucho que quería ser una estrella de rock, una vez que me casé, empecé a estudiar pensamiento judío y me volví más observante. Pronto me di cuenta de que ser músico —aunque sigue siendo increíblemente importante— ya no era mi prioridad número uno. Fue relegado, no al puesto 17 ni al 45, sino al número dos. Primero viene Dios, la Torá y mi familia. Luego la música. El número dos sigue siendo un lugar altísimo, pero la diferencia entre uno y dos es inconmensurable.

La fama otorga la ilusión de inmortalidad. Una persona famosa es vista como radiante, con una presencia brillante. Con suficiente maquillaje e iluminación, así es como se ve. Todos sabemos que son mortales, por supuesto, pero algo en nuestro subconsciente encuentra ese atractivo tan poderoso que no podemos concebirlos realmente como iguales a nosotros. Se convierten en “otros”, y al estar cerca de ellos, al tocar la fama, esperamos —quizás inconscientemente— que nos otorgue alguna forma de inmortalidad. Pero déjame decirte: todo eso es una tontería. Eso no significa que el arte sea malo, pero la ilusión de la fama es completamente artificial. ¿Fama por la fama misma? No la recomendaría.

El libro de Peter Himmelman: Suspended by No String: A Songwriter’s Reflections on Faith, Aliveness, and Wonder.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.