Una lección de historia con moraleja para los judíos que tienen visiones antisemitas

15/05/2024

4 min de lectura

Cómo el judío traidor que ayudó a llevar a Stalin al poder descubrió que un judío siempre sigue siendo un judío.

Uno de los hechos más chocantes de nuestro mundo posterior al 7 de octubre es que una pequeña pero muy ruidosa minoría de judíos eligiera actuar como defensores de los asesinos y secuestradores de nuestro pueblo.

Grupos como IfNotNow y Jewish Voices for Peace alientan nuevos ataques contra Israel, justificando y defendiendo a los terroristas palestinos y vilipendiando a quienes apoyan a Israel.

Ellos colaboran con nuestros enemigos utilizando su judaísmo como una bandera para apoyar su postura antiisraelí. Estas personas exhiben símbolos externos de judaísmo, como llevar una kipá o un talit. También proclaman sus nombres judíos y utilizan perversamente relatos de la persecución de sus propias familias para defender a los actuales perseguidores de los judíos.

Lamentablemente, tienen un precedente en la historia judía, y examinar lo ocurrido con uno de sus predecesores nos permite entender su inevitable caída.

La lealtad errada de Grigory Zinoviev

Grigory Zinoviev

Grigory Zinoviev, quien creció como Hirsh Apfelbaum (1883-1936), fue uno de los tres miembros más importantes del partido comunista. Aunque no es tan famoso como su contemporáneo León Trotsky, él jugó un importante rol en el movimiento comunista. Zinoviev fue uno de los más cercanos asociados a Vladimir Lenin, y usó sus talentos como orador para apoyar la revolución dentro y fuera de la Unión Soviética.

De hecho, cuando Lenin estaba enfermo al final de su vida y no pudo presentar los informes del Comité Central en el 12° y 13° Congreso del Partido, Zinoviev fue designado para hablar en su lugar.

Durante la enfermedad final de Lenin, Zinoviev, Lev Kamenev y Joseph Stalin formaron la Troika, asumiendo la dirección del partido comunista. Según Trotsky, el nombramiento de Stalin como sucesor de Lenin se debió a la recomendación inicial de Zinoviev.

Zinoviev se pasó la vida construyendo el régimen que destruiría por completo a la comunidad judía soviética.

En cuanto a sus compatriotas judíos, Zinoviev no utilizó su influencia para ayudarlos. Él se pasó la vida construyendo el régimen que destruiría por completo a la comunidad judía soviética.

Sin embargo, a pesar de toda su devoción a la causa y su papel para dar a Stalin el puesto de liderazgo, se revelaría que su idealismo era ingenuo. A fin de cuentas, para los enemigos de los judíos un judío siempre sigue siendo un judío. Miembro de la Troika, confidente de Lenin, orador del movimiento comunista… todo eso fue irrelevante cuando ya no lo necesitaban.

El fin comenzó en 1925, cuando la Troika comenzó a desmoronarse. Con manipulaciones y engaños, Stalin se apoderó del control total de la Unión Soviética. En diciembre de 1934, Stalin hizo detener a Zinoviev y a Kamenev, y a sus colaboradores más cercanos, acusándolos del asesinato de Sergei Mironovich. Zinovievb fue condenado a 10 años de prisión.

Joseph Stalin, Vladimir Lenin y León Trotsky (crédito: WIKIPEDIA)

En sus cartas a Stalin desde la prisión, Zinoviev todavía mantenía su lealtad a Stalin. "Yo… observo tu foto en los periódicos… pensando: queridos míos, miren mi corazón y sin dudas verán que ya no soy su enemigo, soy uno de ustedes, en cuerpo y alma…"

Esta lealtad estaba fuera de lugar. En agosto de 1936, Zinoviev y sus socios fueron juzgados por nuevos cargos. A pesar de la promesa de Stalin de perdonarles la vida a cambio de una admisión de culpabilidad, después de que Zinoviev y los otros acusados fueran declarados culpables el 24 de agosto, Stalin ordenó que fueran ejecutados esa misma noche.

Un judío siempre sigue siendo un judío

El doloroso mensaje del final de Zinoviev para los judíos que apoyan a nuestros enemigos es claro. Por supuesto, Hamás y los partidarios palestinos agradecen su apoyo y estarán a su lado cuando ambos se enfrenten a Israel. Pero, como descubrió Zinoviev, cuando hayan terminado de usarlos a ellos y a su idealismo, los antisemitas se volverán en su contra igual como luchan contra tus hermanos y hermanas judíos. Un judío siempre sigue siendo un judío.

Pero la historia de Zinoviev aún no ha terminado.

Hay otro mensaje que podemos aprender de Zinoviev. Es un mensaje de esperanza que tal vez incluso aquellos que activamente ponen en peligro las vidas judías pueden llegar a ver.

Mientras los ejecutores lo arrastraban de su celda para matarlo, Zinoviev les suplicó que llamaran a Stalin, confiando que Stalin lo salvaría. Riéndose en su cara, le respondieron: "¿Stalin? ¡Stalin es quien nos ordenó matarte!".

Retrato en color de Zinoviev, por Yuri Pavlovich Annenkov

En sus momentos finales, cuando el edificio a cuya construcción había dedicado su vida se derrumbaba frente a sus ojos, Zinoviev vio la verdad. Frente al pelotón de fusilamiento, levantó las manos al cielo y gritó: "¡Shemá Israel!". Con sus últimas palabras, regresó a su Dios y a su pueblo.

Con su muerte, demostró que aunque el alma judía esté dormida, la chispa interior permanece ardiendo.


Una versión de este artículo apareció originalmente en el "Jerusalem Post".

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Yosef Simonson
Yosef Simonson
5 días hace

B´H excelente relato!!! Sin lugar a dudas...

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