Una panadería, una advertencia y la masacre en Bondie Beach

25/12/2025

6 min de lectura

Todo empezó con el acoso a una panadería, y terminó con una masacre. Cómo el antisemitismo es facilitado por figuras estatales.

Avner’s, la panadería de Ed Halmagyi, se volvió mundialmente famosa tras el ataque en Bondi Beach. Al día siguiente de la masacre, Ed Halmagyi decidió cerrar Avner’s. El mensaje que dejó en la puerta se hizo viral:

El mensaje dejado en la puerta de Avner’s la semana pasada

El mundo ha cambiado.

Nuestro mundo ha cambiado.

A raíz del pogromo en Bondi, una cosa ha quedado clara: en Australia ya no es posible garantizar la seguridad de lugares y eventos abierta, pública y orgullosamente judíos.

Después de dos años de casi constante acoso antisemita, vandalismo e intimidación dirigidos a nuestra pequeña panadería, debemos ser realistas sobre las amenazas que existen de ahora en adelante. Esas preocupaciones son ahora claramente más urgentes y serias. E incluso después de este incidente terrorista, las amenazas han continuado.

Como un negocio abierto y muy público que opera a todas horas, no podemos garantizar la seguridad de nuestro personal, nuestros clientes ni nuestras familias.

Por eso hemos tomado la única decisión posible, una que realmente nos rompe el corazón.

AVNER’S HA CERRADO.

Estamos muy agradecidos con todos aquellos con quienes pudimos formar una comunidad y por el amor que nos han dado.

Todá rabá
Ed y el equipo de Avner’s

La panadería está en un suburbio de moda en Sídney, y Halmagyi es una personalidad televisiva y una figura conocida en la escena gastronómica australiana. Avner’s tenía previsto abrir en septiembre del 2023, pero su inauguración se retrasó hasta octubre. Esta semana hablé con Halmagyi. Aquí hay algunos fragmentos de nuestra conversación (el resto se publicó en mi columna de Yediot Ajaronot).

“Durante dos años, soportamos vandalismo, acoso, carteles anti-Israel, antisionistas o directamente antisemitas. Grafitis en las ventanas o alrededor de la tienda. Básicamente, esa fue nuestra realidad casi todas las semanas: cinco o seis días de siete, durante dos años”.

Piensen en eso: cinco o seis días a la semana. Cada semana. Durante dos años.

“La panadería está en uno de los suburbios más progresistas de Sídney. Eso no fue por casualidad. Quería abrir un negocio que no estuviera en el shtetl. Un lugar que fuera a la vez judío y australiano. Algo que celebrara esa identidad. Pero con el tiempo, cada vez más personas simplemente no venían por principio, porque era un negocio judío. No se puede subestimar cuán profundamente se ha arraigado esta idea: que nosotros, como judíos, como colectivo, somos responsables de cada decisión estratégica del gobierno israelí y de todo lo que sucede en Gaza”.

Una amenaza típica, me dijo, es que alguien se detenga frente a la tienda y diga: “Todos los judíos son iguales. Todos deberían ser asesinados”.

El domingo, la policía vino a informarnos que había una amenaza real e inmediata contra nosotros… Unas pocas horas después, ocurrió la masacre en Bondi Beach.

“Las amenazas contra mí y el negocio eran serias. Una persona intentó incendiar el lugar, pero usó diésel. Como necesitas calor para encender diésel, logré detenerlo. El domingo, la policía vino a informarnos que había una amenaza real e inmediata contra nosotros. Después de eso, alguien pasó conduciendo con una bandera siria, dando vueltas y gritando que volvería para matar a los judíos. Unas pocas horas después, ocurrió la masacre en Bondi Beach”.

“Después de Bondi, todo cambió para siempre. La pregunta ahora no es si alguien aparecerá con seis armas y su hijo, como en Bondi, sino si alguien viene con una sola arma. O un cuchillo. Todos saben que algo más ocurrirá. La única pregunta es cómo. No hay muchos negocios judíos de alto perfil en Sídney. Siendo uno de ellos, ya no puedo garantizar la seguridad de los clientes, de mi familia ni la mía propia. El mundo cambió”.

Ed habló del sueño que terminó.

“Quería mostrar lo que significa ser judío y australiano. Un lugar que formara parte de la comunidad local. No podías encontrar un bagel mejor en Australia, tal vez solo en unos pocos lugares en Estados Unidos. Nuestra jalá era excepcional. Nuestra babka de clase mundial. Nadie necesita torta de miel, no es esencial, pero la gente la compra porque los hace felices. Yo quería hacer felices a las personas. Los padres venían por la mañana después de dejar a sus hijos en la escuela. Por las tardes, dibujábamos con tiza en la acera con los niños”.

Ed Halmagyi frente a Avner’s

Pero todo cambió el domingo después de Bondi. El rango de lo posible se amplió, y ahora incluye la posibilidad de que los judíos sean masacrados simplemente porque pueden hacerlo. Las escuelas e instituciones judías tienen guardias armados, cercas, muros. No se puede hacer eso en una panadería. No tiene sentido económico y destruye la apertura, la conexión con la comunidad y el ambiente familiar”.

Ed no tiene paciencia con la ola de simpatía que ahora se expresa hacia la comunidad judía. Le recuerda el libro People Love Dead Jews (La gente ama a los judíos muertos) de Dara Horn.

“Algunas de las personas que ahora expresan solidaridad son las mismas que sostenían puntos de vista racistas o legitimaban la violencia”.

No parece que Halmagyi piense irse de Australia.

“Me encanta ser judío. Me encanta ser australiano. Me encanta ser parte de Sídney. Pero Sídney tendrá que tener una conversación muy incómoda consigo misma. Durante dos años se propagaron ciertas actitudes por esta sociedad e hicieron posible esta masacre. Cuando ves a un grupo de imprudentes usando keffiyas fabricadas en China cantando ‘globalicen la intifada’, esto es adónde conduce. Australia lo permitió”.

Una campaña estatal que alimenta el odio a los judíos

En un sentido, la historia que cuenta Halmagyi es sobre antisemitismo, puro y simple. No se puede negar que la guerra en Gaza aumentó y empoderó la hostilidad hacia los israelíes y hacia los judíos identificados con Israel. Pero hay una diferencia entre la crítica (incluso el resentimiento) y culpar colectivamente a todo un pueblo.

Ese ángulo se ha discutido ampliamente. En cierta medida, creo que esta historia también trata sobre la aplicación —o más bien, la falta de aplicación— de las reglas y la ley frente al antisemitismo. No es lo mismo.

Hay un tema dominante: la creciente ola de antisemitismo antiisraelí tras la guerra sirve como una oportunidad ideal para el odio ancestral. Si bien no hay duda de que la animosidad está creciendo, y las constantes imágenes que llegan de Gaza (junto con interpretaciones sesgadas) lo han alimentado. Pero la historia es más amplia. Esto no es un brote aislado, ni (solo) una reacción popular de base.

Como escribí la semana pasada, los servicios de seguridad israelíes creen que hay una campaña “dirigida por el poder o por el estado” que va más allá de fomentar el sentimiento antiisraelí. Ahora impulsa el antisemitismo clásico, globalmente y específicamente en Occidente.

A otro nivel, con raíces en Australia, Bondi Beach y una pequeña panadería, esta es una historia sobre estructuras de poder con un deber legal y moral de detener la anarquía racista contra los judíos, y su abdicación de ese deber.

Si la gente emite repetidamente amenazas de muerte frente a una panadería en Sídney, día tras día, uno esperaría que la policía local interviniera. Durante la epidemia de COVID, Australia demostró que es plenamente capaz de aplicar sus normas, con absoluta inflexibilidad. Sin embargo, después del 7 de octubre del 2023 se vieron en Sídney una y otra vez manifestaciones de grupos terroristas con banderas. Simplemente no se aplicaron las leyes. La cámara de eco radical pro-Hamas recibió un pase libre.

Esto no sucedió solo en Australia. Miren los campus universitarios en Estados Unidos. No hay universidad cuyo reglamento permita el acoso a estudiantes o manifestaciones que saboteen abiertamente el estudio, incluso por la causa más justa. Aun así, aquí también se les dio pase libre a los radicales. Un pase específico para atacar a Israel, a quienes lo apoyan y, en última instancia, a los judíos que se identifican como judíos.

La pregunta, por supuesto, es por qué.

¿Por qué la policía de Sídney no trató el acoso e intimidación constantes a Avner’s como lo que era: una vil campaña racista, que merecía aplicar recursos y personal para detenerla? ¿Por qué no vieron ciertos fenómenos en las manifestaciones por lo que eran: incitación clara y presente a la violencia y promoción de grupos terroristas?

La respuesta es que aquí hubo un acuerdo. Uno muy oscuro.

El acuerdo es turbio, pero su lógica no lo es. Diferentes gobiernos y estructuras de poder llegaron al mismo resultado con diferentes motivos.

Algunos despreciaban genuinamente a Israel, o al menos a su gobierno actual, y veían la indulgencia hacia el odio antiisraelí (y antijudío) como una forma de mostrarlo. Otros comprendían, a menudo muy bien, la realidad operativa de luchar contra Hamás en Gaza, pero se sentían limitados por coaliciones políticas domésticas a las que creían estar obligados a complacer. Piensen en el reflejo, especialmente visible en partes de la campaña demócrata de Harris, de “escuchar” cada acusación radical contra Israel, por extrema o alejada de la realidad que fuera.

Esta dinámica fue alimentada por un frenesí mediático unido menos por la preocupación por los palestinos que por la fijación con Israel. Surgió un pacto: ningún cambio serio de política en Medio Oriente, ninguna ruptura real con Israel, pero una atmósfera permisiva en casa. Más manifestaciones. Más protestas. Más “expresión”. Gran parte de ello dirigido, directa o indirectamente, a comunidades judías locales identificadas con Israel.

Y así, en la práctica, hicieron un oscuro acuerdo. Los judíos (supuestamente la mayoría de ellos de todos modos son pro-Israel, y por lo tanto “culpables”) fueron sacrificados.

Eso fue lo que le ocurrió a una pequeña panadería en Sídney.

Y luego, permitió lo de Bondi Beach.

Reproducido con permiso de Nadav Eyal en Substack Between Us.


En memoria de Sophia y Boris Gorman, que su memoria sea una bendición, que fueron asesinados en Bondi Beach mientras intentaban desarmar a uno de los terroristas.

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