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Una pasión consistente

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Pinjas (Números 25:10-30:1 )

por Rav Benji Levy

Pinjás se opuso valientemente a la desenfrenada ola de idolatría e inmoralidad sexual que tuvo lugar cuando las mujeres moabitas y midianitas provocaron a los hombres judíos. Él fue recompensado por su valentía y, posteriormente, se les ordenó a los israelitas salir a luchar contra los midianitas. Otros eventos posteriores dignos de mencionar incluyen a las hijas de Tzelofjad, quienes recibieron su legítima herencia y el hecho de que Iehoshúa fuera designado como sucesor de Moshé, el nuevo líder del pueblo judío. Sin embargo, después de estos eventos notables, es un poco decepcionante la descripción algo mundana de los sacrificios, en particular del korbán tamid (la ofrenda diaria continua): "Harás un cordero en la mañana y el segundo cordero lo harás en la tarde" (Números 28:4), el cual ya había sido mencionado previamente en la parashat Tetzavé (Éxodo 29:38-42). ¿Por qué después de los dramáticos eventos que menciona antes la parashat Pinjás se vuelve a repasar el tema tan común de la ofrenda diaria continua?

Hay un intrigante Midrash que discute cuál de los versículos de la Torá es el más fundamental:

Ben Zomá dice que el versículo más fundamental es "Escucha, Oh Israel…" (Deuteronomio 6:4). Ben Nanas dice que un versículo más fundamental es: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18). Shimon ben Pazi dice que el versículo más fundamental es: "Harás un cordero en la mañana…" (Números 28:4) Rav Ploni se puso de pie y dijo: "La halajá es como dijo ben Pazi" (Rav Iaakov Ibn Javiv, Introducción a Ein Iaakov).

Si le preguntas a un niño judío cuál es el versículo más importante de la Torá, probablemente estará de acuerdo con ben Zomá y dirá: "Shemá Israel" (Escucha, Oh Israel). Se nos ordenó recitar dos veces al día este breve versículo que describe la unidad absoluta de Dios y representa Su relación eterna con el pueblo judío. Si no ese versículo, también estaría de acuerdo con ben Nanas, quien dijo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". De hecho, Rabí Akiva dijo que este es un "gran principio" (Tratado Nedarim 9:4), y cuando le pidieron que resumiera toda la Torá en un pie, Hilel parafraseó este versículo describiendo la relación integral del hombre con su semejante (Tratado Shabat 31a). No parece demasiado probable que alguien fuera a sugerir la opinión de Shimon ben Pazi, quien citó el versículo de nuestra parashá. Sin embargo, la conclusión halájica de este críptico Midrash está de acuerdo con la opinión de ben Pazi. ¿Qué es tan especial sobre este versículo?

Mi Rosh Ieshivá, Rav Iehudá Amital z"l, explicó que precisamente la naturaleza nada espectacular de este versículo es lo que lo vuelve significativo. Él no describe ningún milagroso evento histórico, ni momentos de éxtasis espiritual. Pero al llevar el mismo sacrificio dos veces cada día, el judío expresa compromiso con convicción. Shimon ben Pazi sugiere que la dedicación, la consistencia y la continuidad son los elementos más fundamentales en una vida de Torá.

Sólo dos versículos más adelante, la Torá menciona al Monte Sinaí: "Es la ofrenda de ascensión continua realizada en el Monte Sinaí, en fragancia placentera, ofrenda ígnea a Hashem" (Números 28:6) ¿Cuál es la conexión entre el versículo que resalta Shimon ben Pazi y la historia del Monte Sinaí?

Mientras que la ofrenda diaria indica el valor de la rutina consistente, el peligro inherente de la consistencia es la apatía que puede encontrarse por debajo de la superficie de la rutina; la capacidad de la persona de acostumbrarse tanto a una tarea que esta se vuelve mundana.

En contraste, el Monte Sinaí y los eventos de la Revelación representan la mayor inspiración, emoción y espiritualidad. El Monte Sinaí, el epítome de la pasión, se yuxtapone a la ofrenda diaria, el epítome de la rutina. Precisamente esta yuxtaposición de lo que aparentemente son experiencias religiosas contradictorias, es lo que resalta el equilibrio que debemos lograr. Si bien para integrar la Torá y el judaísmo a nuestra vida cotidiana debemos ser persistentes en nuestra búsqueda de consistencia y rutina, al mismo tiempo, para evitar el peligro real de la complacencia y del hábito, debemos buscar momentos de pasión e inspiración.

El Rey David expresó esta idea en una aparente paradoja: "Una cosa le pido a Dios, y eso buscaré: poder vivir en la Casa de Dios todos los Días de mi vida, para contemplar la majestad de Dios y para visitar siempre temprano Su Santuario". El Rey David está pidiendo que su experiencia de vivir en la Casa de Dios esté imbuida con la emoción y la anticipación que experimenta quien la visita por primera vez. Él buscaba proteger su rutina diaria del riesgo de la complacencia, infundiéndola con pasión e inspiración.

La Torá nos alienta a buscar una vida de dedicación consistente y rutina, equilibrada con un sentido de pasión y dando lugar a momentos de gran emoción e inspiración.




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