Una perspectiva puramente positiva

23/12/2025

3 min de lectura

Vaigash (Génesis 44:18-47:27 )

El comportamiento de Iosef nos enseña hasta dónde debemos llegar para no avergonzar a los demás.

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

En la parashá de esta semana, Iosef revela su verdadera identidad a sus hermanos. Tras la apasionada súplica de Iehudá por la liberación de Biniamín, la Torá nos dice (Génesis 45:1) que Iosef ya no pudo contenerse. Rashi explica que Iosef no podía soportar la idea de avergonzar a sus hermanos delante de los egipcios que estaban en la sala. La revelación de su verdadera identidad implicaría revelar que sus hermanos lo habían vendido, y eso sería profundamente humillante para ellos. Por lo tanto, Iosef ordenó a todos sus sirvientes egipcios que salieran de la sala antes de declarar: “Yo soy Iosef”.

Podemos preguntarnos cómo sabe Rashi que Iosef estaba principalmente preocupado por evitar la vergüenza de sus hermanos. Tal vez hizo salir a sus sirvientes porque no sería apropiado que un gran líder llorara delante de sus subordinados. En otras palabras, quizá Iosef solo estaba interesado en evitar su propia vergüenza.

El Iturei Torá rebate esta afirmación señalando que Iosef, inmediatamente después de hacer salir a sus sirvientes, elevó la voz y lloró tan fuerte que todo Egipto y todos los que estaban en el palacio del faraón oyeron su llanto (Génesis 45:2). Evidentemente, Iosef no estaba preocupado por mantener su propia dignidad si ese fue su comportamiento. Por lo tanto, debió haber despedido a los egipcios únicamente para evitar la humillación pública de sus hermanos.

AÚN CONECTADOS

El comportamiento de Iosef nos enseña hasta dónde debemos llegar para no avergonzar a los demás. Poco después de que Iosef rompe en llanto, les dice a sus hermanos: “Yo soy Iosef, su hermano, a quien vendieron a Egipto” (Génesis 45:4). El Or HaJaim comenta que la expresión “su hermano”, que parece superflua en este contexto, en realidad transmite un mensaje importante. Con la adición intencional de estas palabras, Iosef está diciendo a su familia: “Incluso cuando me vendieron a Egipto, seguía siendo su hermano. Incluso en medio de ese momento increíblemente difícil, todavía los amaba y todavía me sentía unido a ustedes”.

Además, el Sfat Emet señala que la palabra asher (“a quien”) en este versículo puede tener la connotación de iasher kojaja, una expresión que significa “felicitaciones” o “gracias” (literalmente, “que tu fuerza sea recta”). Vemos un ejemplo de este uso en Éxodo 34:1, cuando Dios le dice a Moshé que talle un segundo conjunto de Tablas como las primeras “que rompiste” (asher shibarta). El Talmud (Shabat 87a) explica que la palabra asher allí significa iasher kojaja; es decir, que Moshé merecía felicitaciones por haber roto las primeras Tablas.

Basándonos en esta interpretación, podemos entender la palabra asher en nuestro versículo de la misma manera. Iosef les dice a sus hermanos: “Yo soy Iosef, su hermano, a quien (asher) vendieron a Egipto”. Según el Sfat Emet, Iosef está insinuando: “Los felicito por haberme vendido a Egipto, porque eso me permitió sostener a toda nuestra familia”.

En lugar de mostrarse amargado o enojado por el trato recibido, Iosef ve cómo las acciones de sus hermanos condujeron en realidad a un gran beneficio. No deben ser condenados por haberlo vendido. Más bien, deben ser felicitados.

AMOR Y CALIDEZ

Imaginemos cómo nos sentiríamos si estuviéramos en el lugar de Iosef: cuán difícil sería elevarnos por encima de nuestro propio dolor y resentimiento. Sin embargo, Iosef hace grandes esfuerzos por tratar a sus hermanos con respeto. No solo se preocupa por su posible humillación, haciendo salir a su séquito para que no se escuche ninguna información despectiva, sino que incluso agradece a sus hermanos por haberlo vendido.

De aquí podemos aprender cómo abordar situaciones en las que nos sentimos menospreciados. Iosef no permite que lo dominen los sentimientos de amargura por el pasado. Más bien, enfatiza los aspectos positivos de la situación, hasta el punto de poder relacionarse con sus hermanos con verdadera calidez y respeto.

Que aprendamos a cultivar una actitud cálida y amorosa hacia cada persona. Que aprendamos a superar los resentimientos por la manera en que fuimos tratados en el pasado, elevándonos por encima de nuestro propio dolor para poder ver el bien último en cada situación.

Así como Iosef se reunió con su familia, lo que trajo redención para todo el pueblo judío en aquel tiempo, que también nosotros merezcamos ver unidad y compañerismo entre todo el pueblo judío y nuestra redención final.

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