10 razones por las que amo ser judía
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La parashá de esta semana trata sobre la mitzvá de las primicias (bikurim). Un judío que posee tierras en la Tierra de Israel y cultiva en ellas productos (específicamente las siete especies por las que la Tierra de Israel es alabada) debe recoger los primeros frutos de su cosecha en una cesta y llevarlos al Templo, donde se realiza una ceremonia especial (ver Deuteronomio 26:2). Esta parashá siempre se lee antes del comienzo de las Selijot, las plegarias de perdón que preceden a Rosh Hashaná. ¿Cuál es el mensaje de esta parashá y cómo nos ayuda a prepararnos para las Selijot?
El Midrash (Tanjumá 1) afirma que Moshé vio proféticamente que en el futuro el Templo sería destruido y que la mitzvá de las primicias ya no podría cumplirse. En respuesta, Moshé instituyó las tres plegarias diarias para reemplazar ese servicio. Esta afirmación del Midrash resulta sorprendente, pues el Talmud (Berajot 26b) enseña que nuestras tres rezos diarios fueron instituidos por los Patriarcas. ¿Cómo entender esta aparente contradicción? ¿Fueron Moshé o los Patriarcas quienes establecieron nuestro sistema de rezos?
Además, la Torá enseña que quien presenta las primicias debe recitar una declaración específica: "Entonces responderás y dirás: 'Un arameo intentó destruir a mi padre...'" (Deuteronomio 26:5). Rashi (citando Sotá 32b) explica que la expresión "responderás" significa proclamar en voz alta. ¿Cómo llega a esa interpretación? Según el Siftei Jajamim (9), el significado literal de "responderás" solo tiene sentido si otra persona ha hablado previamente y se requiere una respuesta. Sin embargo, en este caso nadie ha hablado antes. Por ello, nuestros Sabios interpretaron que la expresión significa que la declaración debe pronunciarse en voz alta.
Pero esta explicación plantea una dificultad. El Talmud (Berajot 24b) enseña que quien eleva la voz durante la plegaria demuestra poca fe en Dios. Rashi explica que rezar en voz alta puede dar la impresión de que uno cree que Dios solo escucha si hablamos fuerte, como si no pudiera oír un susurro. De hecho, la halajá adopta esta opinión (Oraj Jaim 101:2; Mishná Berurá 7). Entonces, si normalmente no está permitido elevar la voz al rezar, ¿por qué los Sabios exigen precisamente hacerlo al presentar las primicias?
El comentarista Janukat HaTorá responde distinguiendo dos tipos de plegarias. La primera categoría es el rezo habitual, compuesto por sus tres elementos clásicos: alabanza, petición y agradecimiento. La segunda consiste en un rezo que declara explícitamente que Dios conoce incluso nuestros pensamientos. Existe una diferencia fundamental entre ambas. En la primera categoría está prohibido elevar la voz, porque podría interpretarse como una falta de confianza en que Dios escucha incluso el susurro. Pero en la segunda categoría la propia plegaria afirma que Dios conoce nuestros pensamientos. Si Dios conoce lo que pensamos, con mayor razón puede escuchar nuestras palabras pronunciadas en voz baja. Por eso, en este caso sí está permitido elevar la voz, ya que nadie interpretará erróneamente ese gesto como falta de fe.
Esta idea ayuda a comprender una aparente inexactitud en la ceremonia de las primicias. Quien presenta su ofrenda debe declarar: "Un arameo [Laván] destruyó a mi padre [Iaakov]". Históricamente, esto no ocurrió. Si Laván nunca mató a Iaakov, ¿por qué, entonces, la Torá ordena decirlo? Rashi (Deuteronomio 26:5, basado en el Sifri y el Talmud de Jerusalem, Peá 1:1) explica que Laván quería destruir a Iaakov y a toda su familia. La tradición entre las naciones no judías es que la intención malvada tiene el mismo valor que el acto. Por ello, el deseo de Laván de matar a Iaakov fue considerado como si realmente lo hubiera hecho. Cuando un judío afirma: "Un arameo destruyó a mi padre", está proclamando implícitamente que Dios conoce los pensamientos humanos. Por eso esta declaración pertenece a la segunda categoría de rezaos y puede ser pronunciada en voz alta.
Una vez que está permitido elevar la voz durante esta clase de rezo, incluso resulta preferible hacerlo. El Aruj HaShulján (Oraj Jaim 101:8) explica que rezar en voz alta despierta nuestro corazón. Además, podemos sugerir que hacerlo también nos ayuda a vencer nuestras inhibiciones y da mayor fuerza a las palabras que pronunciamos.
El concepto de las dos categorías de rezo resuelve la pregunta de quién instituyó las oraciones diarias como sustituto del servicio de las primicias. Basándonos en la enseñanza del Talmud (Eruvín 16b), que afirma: "Estas y aquellas son palabras del Dios viviente", podemos sugerir que tanto Moshé como los Patriarcas establecieron nuestro servicio diario de plegarias. Los Patriarcas instituyeron el rezo según la primera categoría, aquella en la que está prohibido elevar la voz. Moshé, por su parte, instituyó el rezo según la segunda categoría, en la que afirmamos explícitamente la omnisciencia de Dios, es decir, que Él conoce incluso nuestros pensamientos.
Vemos que la Amidá, que corresponde a la tradición de los Patriarcas, se recita en silencio. Pero ¿cuándo experimentamos la forma de rezo instituido por Moshé? Un ejemplo es el servicio de las Selijot, en el que pedimos el perdón de Dios no solo por nuestras acciones y palabras indebidas, sino incluso por nuestros pensamientos inapropiados. Pedir perdón por los malos pensamientos equivale a reconocer que Dios los conoce. Por ello, en este contexto está permitido elevar la voz durante el rezo. Además, según algunas costumbres, las Selijot se recitan inmediatamente después de la Amidá, uniendo así la tradición de los Patriarcas (el rezo silencioso) con la de Moshé (los sinceros clamores de arrepentimiento y perdón).
Ahora podemos entender cómo la parashá de esta semana se relaciona con las Selijot. Al leer sobre la plegaria que se pronunciaba al presentar las primicias, nos preparamos para clamar a Dios. Las Selijot también se recitan en voz alta, con el propósito de despertar nuestras emociones. Pertenecen a la segunda categoría de rezo, la categoría de Moshé, en la que se nos anima a elevar nuestra voz hacia Dios y a despertar nuestro corazón para alcanzar un vínculo más profundo con Él.
Que todos podamos elevar nuestra voz en plegaria para que, al pronunciar palabras que realmente comprendemos y sentimos, despertemos nuestro corazón y nos acerquemos más a Dios. Que, por ese mérito, obtengamos un perdón completo y seamos dignos de escuchar el resonante toque del shofar que simboliza la reconstrucción del Tercer Templo, donde una vez más ofreceremos las primicias.
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