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Una prueba subjetiva

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Shlaj (Números 13-15 )

por Rav Isajar Frand

Dios fue muy bondadoso con los espías. Él dispuso que varios canaanitas murieran justo cuando los meraglim pasaban por la tierra. De esta manera, en vez de prestar atención al equipo judío de exploración, los habitantes de la tierra estarían ocupados asistiendo a los funerales. En cada lugar que iban, los meraglim veían grandes multitudes asistiendo a funerales y casi no había tráfico en las rutas. Uno hubiera pensado que eran las condiciones ideales para una misión de exploración.

Pero los meraglim vieron toda la situación desde otra óptica. ¡Había procesiones funerales por todas partes! Claramente, Canaán era "una tierra que devora a sus habitantes". Ellos calumniaron maliciosamente a la tierra y crearon una reacción pública opuesta a entrar a la Tierra Santa. Como expiación, el pueblo judío tuvo que pasar cuarenta años en el desierto. Este fue un evento fundamental en la historia judía.

¿Pero cuál fue realmente el problema con lo que hicieron? En definitiva, sólo reportaron los hechos que habían visto. No fue su culpa que por todas partes hubiera grandes procesiones fúnebres.

El Steipler explica que los meraglim vieron lo que quisieron ver. Ellos observaron la Tierra Santa a través de lentes coloreadas y vieron lo peor. De acuerdo con el Baal HaTurim, inconscientemente ellos estaban preocupados de perder su puesto de prominencia cuando conquistaran la Tierra. De haber tenido una perspectiva más positiva, hubiesen comprendido que su interpretación de los eventos era errónea.

De forma lógica, si Canaán realmente hubiera sido "una tierra que devora a sus habitantes", si la muerte era un fenómeno rampante en esa tierra, no hubiese habido tantas personas asistiendo a los funerales. ¿Cómo funcionaría una sociedad si todos se pasaran buena parte de su día, todos los días, participando en procesiones fúnebres? Nunca llegarían a hacer nada. Si la gente realmente moría en cantidades, las personas participarían en muy pocos funerales. De hecho, nadie fuera de la familia más inmediata y los amigos más cercanos asistirían a los funerales. No habría muchas grandes procesiones funerarias.

Si los espías hubieran considerado honestamente la situación, habrían comprendido que esas grandes procesiones funerarias probaban exactamente lo contrario de lo que ellos habían concluido: mostraban que en Canaán la muerte era un evento extraño. Eso era una prueba de que el hecho de que hubiese tantos funerales a la vez era un fenómeno raro que estremecía a gran cantidad de personas. Si hubieran visto más allá de sus prejuicios, hubieran percibido que la mano de Hashem les limpiaba el terreno para que pudieran explorarlo sin ser molestados.

El Talmud (Guitín 45a) relata la historia de Rabí Ilish, quien fue arrestado y llevado a la prisión. Cuando estaba sentado en su celda, se le acercó un pájaro y gorjeó. A Rabí ilish le pareció que el ave había dicho: "¡Ilish, escapa! ¡Ilish, escapa!". Sin embargo, Rabí Ilish no estaba convencido. Le preguntó a su compañero de celda: "¿Acaso escuchaste lo que me dijo el pájaro?". El otro prisionero le respondió: "El pájaro dijo: '¡Ilish, escapa! ¡Ilish, escapa!'". Convencido de la autenticidad del mensaje, Rabí Ilish escapó de la prisión.

En el Guilaión Hashas, Rav Akiva Eiger pregunta por qué Rabí Ilish necesitó la confirmación de su compañero de celda. De acuerdo con el Séder Olam, Rabí Ilish entendía la conversación de los pájaros. Sin dudas no necesitaba la ayuda del otro prisionero para decodificar el mensaje.

Rav Jaim Shmulevitz explica que Rav Ilish de hecho entendía la conversación de los pájaros, y le pareció que el ave le decía que escapara. Pero dado que eso era lo que él deseaba oír, no podía confiar en si mismo. Necesitaba la confirmación de una persona objetiva.

La persona escucha lo que desea escuchar y ve lo que quiere ver. Los meraglim fueron a la tierra buscando inconscientemente algo para criticar debido a sus intereses personales; ellos temían perder su estatus político al entrar a la Tierra. En consecuencia, vieron en los grandes funerales una señal respecto a que la "tierra devora a sus habitantes", cuando de hecho eso probaba exactamente lo contrario.

Un tema relacionado emerge a partir de la similitud en el lenguaje entre el episodio de los espías y la parashá de tzitzit, al final de Shlaj. Cuando Moshé envió a los espías, les dijo (13:18): "Vean (ureitem) la tierra". Cuando dio la mitzvá de tzitzit, dijo (15:39): "a fin de que las vean (ureitem) y recuerden todos los mandamientos de Dios". ¿Qué significa esta similitud?

El Talmud (Menajot 43b) explica que "ver" los tzitzit nos lleva a recordar los mandamientos. La clave es el hilo tejelet, azul celeste, que recuerda al mar. El mar celeste recuerda al cielo celeste. El cielo recuerda el Trono de Gloria y pensar en el Trono de Gloria nos recuerda cumplir las mitzvot.

El tzitzit muestra que una persona puede "ver" más allá de la superficie si realiza el esfuerzo adecuado. Moshé envió a los espías para "ver" la tierra, y de hecho allí había mucho para ver. Pero ellos no pudieron ir más allá de la superficie. Vieron gigantes y funerales, pero nunca penetraron realmente a su santidad. En verdad, ellos nunca "vieron" la tierra.




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