El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


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Durante siglos, una comunidad judía prosperó en el corazón del desierto del Sahara.
En 1984, un médico estadounidense que recorría Argelia encontró algo que jamás habría imaginado descubrir en pleno desierto del Sahara: una sinagoga.
El Dr. Ronald Nagel, hematólogo, participaba en un viaje de investigación científica cuando sus anfitriones le recomendaron pasar el fin de semana en la ciudad de Ghardaïa. "No puedes imaginar lo hermoso que es ese lugar", le dijeron. El Dr. Nagel comprobó que, en efecto, era un sitio hermoso. Sin embargo, lo que realmente llamó su atención fue un edificio semiderruido situado en la calle Jerusalem, con una estrella de David de hierro sobre una vieja puerta de madera. Era evidente que ya no estaba en uso.
Ghardaïa es una de las cinco ciudades fortificadas del valle del M'zab, en Argelia, situado en el corazón del desierto del Sahara. Estas ciudades fueron construidas en el siglo X por los ibadíes, una secta musulmana ascética que sufría persecución.
Cada ciudad se alza sobre una colina rocosa y tiene una mezquita en su punto más elevado. El minarete de la mezquita sirve también como torre de vigilancia, mientras que la mezquita misma funciona como fortaleza defensiva, con un arsenal y un granero. Las viviendas particulares se distribuyen a su alrededor en círculos concéntricos y toda la ciudad está rodeada por una muralla. Los palmerales plantados entre las distintas poblaciones forman un oasis artificial.

Fieles al ideal ibadí de la sencillez, todas las casas siguen el mismo diseño sólido y uniforme: dos plantas rectangulares y construcción con bloques de piedra caliza, yeso y madera de palma. Sus gruesos muros mantienen el calor fuera durante el día y conservan el calor durante las frías noches del desierto.
Según la tradición local, en el siglo XIV los ibadíes trajeron cuatro familias judías desde Djerba, una isla situada frente a las costas de Túnez, para que trabajaran como artesanos del metal y joyeros. Con el tiempo llegaron otras familias.
Una vista de Ghardaïa en la actualidad (Daggett.fr, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons)
Como ocurría en cualquier país musulmán de la época, los judíos eran considerados dhimmíes, es decir, súbditos protegidos pero de segunda categoría, sometidos a numerosas restricciones. Debían llevar turbantes y prendas exteriores negras, tenían prohibido montar a caballo o en burro y debían caminar descalzos.
Los judíos vivían en la Mellah, el barrio judío separado del resto de la ciudad. No podían construir edificios por encima de cierta altura ni tener puertas o terrazas orientadas hacia las viviendas musulmanas. El Dr. Nagel describió así:(1)
"La Mellah tenía calles muy estrechas y solo dos eran lo suficientemente anchas para permitir el paso de un carro o de un automóvil. También había túneles, algunos cortos y uno especialmente largo, oscuro y estrecho. Las paredes de este túnel estaban reforzadas con los escombros de casas mucho más antiguas... Había pequeñas plazas dispersas por todo el barrio, algunas con pozos de agua. La sinagoga principal, situada en la calle Jerusalem, no estaba en una plaza, sino arriba de una de las calles más estrechas".
A pesar de estas dificultades, los judíos se veían atraídos a Ghardaïa por una razón importante: allí gozaban de plena libertad para practicar su religión y participar en el comercio, algo que no podía darse por descontado en los países vecinos.
La comunidad judía de Ghardaïa permaneció pequeña y muy unida durante toda su existencia. Aunque mantenía contactos ocasionales con otras comunidades judías, vivía en gran medida aislada y todos los matrimonios se celebraban dentro del propio grupo. Con el paso de los siglos desarrollaron ciertas características físicas particulares (como tener el cráneo más alargado y una tendencia a tener cabello rubio o pelirrojo) además de costumbres completamente propias.
En 1954, el antropólogo estadounidense Lloyd Cabot Briggs y la enfermera Norina Lami Guède estudiaron esta comunidad, visitando a las familias en sus hogares y observando celebraciones y ceremonias del ciclo de la vida.
Algunas de las tradiciones documentadas resultan familiares para cualquier judío, como la circuncisión. Otras eran exclusivas de Ghardaïa, siendo la más elaborada la ceremonia del kittab, que marcaba el ingreso de un niño de cinco años en los estudios religiosos.
Ciudades fortificadas del Valle de M'Zab
La ceremonia se desarrollaba durante varias semanas. Primero, los padres se visitaban mutuamente para desayunar juntos compartiendo dátiles y suero de leche. Veinte días después, las familias se reunían alrededor de una bandeja de madera llena de dátiles y maníes cubierta por un paño blanco. Cada invitado tomaba unas tijeras y hacía un pequeño corte en la tela.
Una semana más tarde tenía lugar un gran banquete, seguido de varios días de preparativos. Las manos y los pies de los niños se teñían de color naranja con henna; después recibían un baño, un corte de pelo y plegarias especiales. Cada niño vestía una amplia túnica blanca de algodón confeccionada precisamente con la tela que los invitados habían cortado. El borde irregular era recortado y, en la espalda, se bordaba una mano con hilo de seda de colores junto a la inscripción hebrea: "Larga vida y paz".
Sobre la túnica se colocaba un abrigo bordado con hilos de oro o plata, una cadena de plata con amuletos y marcas de hollín dibujadas sobre la frente con aceite de oliva perfumado.
Finalmente se enrollaba un elaborado turbante alrededor de un pequeño fez de terciopelo. El turbante, de entre dos y dos metros y medio de longitud, incluía la tira de tela recortada de la túnica del kittab, prolongada con otras tiras procedentes, idealmente, de prendas que hubieran pertenecido a las abuelas o incluso a antepasadas más antiguas de los niños. Cuanto más antiguas fueran, mejor.
Después, cada niño era sentado en un sillón y se le entregaba una espada. Padres y familiares se acercaban para besar su turbante y entregarle un regalo.
Al día siguiente, los padres llevaban a sus hijos a la sinagoga, donde "cada padre tomaba a su hijo en brazos y lo subía a la plataforma situada junto al muro del fondo, debajo de las Tablas de la Ley... En tres ocasiones todos los hombres entonaban una fuerte oración al unísono, dirigida por el gran rabino, tras lo cual las mujeres respondían con un agudo ulular de celebración".(2)
Durante siglos, la vida judía en Ghardaïa apenas cambió. Esa situación comenzó a modificarse con la colonización francesa en el siglo XIX. Francia tomó el control de las regiones costeras del norte de Argelia y fue avanzando paulatinamente hacia el sur, anexando el valle del M'zab en 1882.
El mercado en la plaza principal, Ghardaïa, Argelia (Wikipedia, Peterfitzgerald)
Las autoridades francesas consideraban a la población autóctona como ciudadanos de segunda clase que necesitaban ser "regenerados", es decir, recibir una reeducación destinada a convertirlos en auténticos franceses modernos. Hasta completar ese proceso no obtendrían la ciudadanía francesa ni la plenitud de los derechos civiles.
La mayoría de la población nativa era musulmana, aunque existía una importante minoría judía, especialmente en Argel, Orán y Constantina. El gobierno francés debatió qué debía hacerse con los judíos argelinos.
En aquella época los judíos de Francia ya habían sido emancipados. En 1870, el Decreto Crémieux concedió la ciudadanía francesa a los judíos de Argelia, lo que provocó el resentimiento de muchos musulmanes locales, que seguían conservando su condición jurídica inferior como indígenas. Sin embargo, incluso después de la anexión del M'zab en 1882, los judíos de esa región quedaron excluidos del decreto. La explicación oficial fue la distancia respecto a la administración civil del norte de Argelia, ya que el territorio sahariano recién incorporado permanecía bajo administración militar. Pero la correspondencia privada entre funcionarios franceses revela otros motivos: algunos temían provocar el descontento de la población musulmana local, mientras que otros simplemente consideraban que los judíos del Sahara eran demasiado "primitivos" como para preocuparse por ellos.
Bajo la administración militar francesa, tanto los judíos como los ibadíes conservaron plena autonomía en asuntos relacionados con nacimientos, matrimonios, defunciones y herencias. Del mismo modo que los asuntos civiles musulmanes eran resueltos por un cadí (juez islámico), los asuntos civiles judíos quedaban bajo la autoridad del rabino, cuyo poder era reconocido oficialmente por Francia.
En términos generales, el dominio francés introdujo mejoras importantes. Se abolieron las restricciones propias del estatuto de dhimmí. Las puertas de la Mellah dejaron de estar cerradas. Los judíos ya no tuvieron que vestir ropa distintiva, obtuvieron mayor libertad de movimiento y pudieron adquirir tierras fuera del abarrotado barrio judío. Compraron huertos y pozos situados más allá de las murallas.
Los judíos del M'zab también comenzaron a viajar al norte de Argelia, donde conocieron de primera mano lo que significaba disfrutar plenamente de la ciudadanía francesa. Ellos también la deseaban. Presentaron peticiones en 1892, 1919 y nuevamente en 1932. Todas fueron rechazadas.
Durante la primera mitad del siglo XX, los judíos del M'zab conservaron su modo de vida tradicional mientras intentaban parecer cada vez más franceses a los ojos de las autoridades. Enviaban a sus hijos a escuelas públicas francesas, donde aprendían no solo el idioma, sino también los ideales franceses de libertad e igualdad.
Un fuerte en el desierto del Sahara con una bandera francesa. Biblioteca del Congreso, dominio público, vía Wikimedia Commons
A pesar de su condición jurídica de ciudadanos de segunda clase, la mayoría de los judíos del M'zab se sentían seguros bajo el dominio francés. Algunas familias aprovecharon la nueva libertad de movimiento para emigrar a la Tierra de Israel, entonces bajo el Mandato Británico, pero la mayoría permaneció allí.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la vida de la comunidad judía del M'zab transcurrió en gran medida con normalidad, incluso cuando los judíos del norte de Argelia perdieron la ciudadanía bajo el régimen de Vichy y miles de ellos fueron deportados a campos de trabajo.
Al terminar la guerra, cuando los judíos del norte de Argelia recuperaron la ciudadanía, los del M'zab esperaban que les ocurriera lo mismo. No fue así. Desilusionados, muchos comenzaron a trasladarse al norte de Argelia o al recién creado Estado de Israel.
En la década de 1950, el descubrimiento de importantes reservas de petróleo y gas en el Sahara impulsó un rápido desarrollo económico en el M'zab: se construyeron nuevas carreteras, edificios públicos y un hospital, y aumentó la presencia del ejército y de la policía franceses para proteger esas nuevas instalaciones. Tanto los ibadíes como los judíos acogieron favorablemente estos cambios. Como minorías, en general preferían el dominio francés al de la mayoría musulmana argelina, siempre que los franceses no interfirieran en su modo de vida tradicional.
La mayoría musulmana, sin embargo, tenía una opinión muy distinta. Deseaba la independencia y estaba dispuesta a luchar por ella. En 1954 comenzó la Guerra de Independencia de Argelia. Durante los ocho años siguientes, el país quedó sumido en un conflicto armado.
Mujeres musulmanas en Ghardaïa, Argelia (Wikipedia, Stefan Krasowski)
Ni los judíos ni los ibadíes tomaron partido, pero eso no los protegió. Algunos insurgentes consideraban que los judíos colaboraban con los franceses y, por lo tanto, eran objetivos legítimos. La existencia del estado de Israel y sus conflictos con los países árabes vecinos intensificaron la hostilidad hacia los judíos locales, independientemente de que tuvieran o no alguna relación personal con Israel. En toda Argelia, los judíos fueron blanco de ataques antisemitas. En Ghardaïa, en particular, mujeres y jóvenes judíos sufrían acoso en las calles, y una granada fue lanzada contra un popular café frecuentado por judíos.
A medida que la guerra se prolongaba, aumentaban el temor y el deterioro de la situación económica. Cada vez más familias emigraban a Israel.
Eventualmente Francia reconoció que no podría conservar el norte de Argelia, aunque esperaba mantener el control del Sahara y de sus recursos naturales. Para reforzar su dominio, reorganizó la administración y puso el M'zab bajo administración civil en lugar de militar. Esa medida eliminó el último argumento para negar la ciudadanía francesa a los judíos del M'zab. En 1961, finalmente la obtuvieron.
Un año después, Argelia declaró su independencia. Mientras las fuerzas francesas se preparaban para retirarse, toda la comunidad judía de Ghardaïa aprovechó la ciudadanía francesa recién adquirida para emigrar a Francia. A fines de junio de 1962 ya no quedaba un solo judío en Ghardaïa. Hoy todo lo que queda como testimonio es una sinagoga en ruinas y un cementerio judío.
Los descendientes de la comunidad judía de Ghardaïa en la actualidad
Hoy, los descendientes de los judíos del M'zab viven principalmente en Israel y Francia. En Guivat Shmuel, Israel, existe una sinagoga que sigue la tradición litúrgica del M'zab y donde la comunidad continúa observando algunas de sus costumbres singulares. En otros lugares, los descendientes se han integrado en las comunidades judías existentes, manteniendo un profundo compromiso con su fe y con la preservación de su patrimonio cultural.
NOTAS:
(1) Nagel, Ronald L. Jews of the Sahara. Einstein Journal of Biology & Medicine, 2004, Vol 21, Issue 1, p. 25.
(2) Briggs, Lloyd Cabot; Guède, Norina Lami. No more for ever: a Saharan Jewish town, with appendices on physical anthropology, demography and social structure. Cambridge: Peabody Museum, 1964.
FUENTES:
Nagel, Ronald L. Jews of the Sahara. Einstein Journal of Biology & Medicine, 2004, Vol 21, Issue 1, p. 25.
M'Zab Valley, UNESCO World Heritage Convention website, available at https://whc.unesco.org/en/list/188/, accessed on November 18, 2024.
CATALDI, GIANCARLO, et al. “The Town of Ghardaïa in M’zab, Algeria: Between Tradition and Modernity.” Traditional Dwellings and Settlements Review, vol. 7, no. 2, 1996, pp. 63–74. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/41757198. Accessed 18 Nov. 2024.
Briggs, Lloyd Cabot; Guède, Norina Lami. No more for ever: a Saharan Jewish town, with appendices on physical anthropology, demography and social structure. Cambridge: Peabody Museum, 1964.
Abrevaya Stein Sarah. Saharan Jews and the Fate of French Algeria. Chicago, University of Chicago Press, 2015.
Wall, Rebecca. (2014). The Jews of the Desert: Colonialism, Zionism, and the Jews of the Algerian M'zab, 1882-1962. University of Michigan.
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