La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


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Durante 2.700 años guardaron el Shabat, circuncidaron a sus hijos y rezaron en dirección a Jerusalem — en las selvas de la India. Ahora están regresando a casa.
Para un visitante extranjero, es una escena magnífica. De hecho, al cerrar los ojos y escuchar al jazán (cantor) recitar la repetición de la Amidá, es fácil olvidar que uno está en una sinagoga en el noreste de la India, en lugar de en Londres, Nueva York o Tel Aviv.
Bnei Menashé en Churachanpur Manipur
La historia de los Bnei Menashé es verdaderamente impresionante, una que casi desafía toda explicación racional. A pesar de haber estado aislados del resto del judaísmo mundial durante más de 2.700 años, lograron preservar su herencia judía, manteniendo siempre el sueño de regresar a Sion.
Alrededor de 7.000 Bnei Menashé residen actualmente en los estados indios de Mizoram y Manipur, a lo largo de la frontera con Birmania y Bangladesh. Su tradición, transmitida de generación en generación, es que descienden de la tribu israelita perdida de Menashé, que fue exiliada de la Tierra de Israel por el imperio asirio en el año 723 AEC.
Mientras deambulaban en la diáspora, los Bnei Menashé observaron el Shabat, practicaron la circuncisión al octavo día, mantuvieron las leyes de kashrut y cumplieron meticulosamente las normas de pureza familiar. Incluso establecieron ciudades de refugio, donde las personas que habían matado accidentalmente podían huir, tal como lo prescribe la Torá.
La evidencia de la antigua conexión de los Bnei Menashé con el pueblo judío es abundante. En una visita a la comunidad en la India, me reuní con un anciano Bnei Menashé llamado Iosi, un residente de 69 años de Aizawl, capital del estado de Mizoram, donde muchos de los Bnei Menashé viven actualmente.
Dos de los tíos de Hualngo sirvieron como sacerdotes del pueblo y, hablando a través de un intérprete, ofreció una descripción detallada de las ceremonias que realizaban. Sus tíos, dijo, vestían prendas blancas antes de llevar a cabo ritos de sacrificio, incluyendo una con cuerdas colgando de sus cuatro esquinas, que recuerda al talit con arba kanfot (el manto ritual de plegarias de cuatro puntas) usado por los judíos.
En primavera, en la época de Pésaj, celebraban un festival anual de liberación sacrificando un animal, pero no antes de untar su sangre en las puertas de las casas, tal como hicieron los israelitas durante el Éxodo de Egipto. De hecho, según Hualngo, existía la norma de que los sacerdotes debían retirar cuidadosamente la carne de los huesos del animal sin romper ninguno de ellos, tal como instruye la Biblia respecto al sacrificio de Pésaj (Éxodo 12:46).
Luego, en una escena notable, Hualngo procedió a entonar una de las plegarias que sus tíos solían recitar durante la ceremonia de sacrificio. Las palabras de la canción, y su origen bíblico, son inconfundibles: Téraj, Abraham, Itzjak, Iaakov, el Mar Rojo, Mará y Shiló (sitio del antiguo tabernáculo y capital de las tribus del norte de Israel hasta la conquista asiria).
Esta antigua plegaria de los Bnei Menashé, conocida como “El Canto de Miriam”, guarda paralelismos con el relato bíblico del Éxodo de Egipto:
“Tuvimos que cruzar el Mar Rojo, nuestros enemigos nos perseguían con carros, el mar los tragó a todos como si fueran carne. Somos guiados por la nube durante el día y por el fuego durante la noche. Tomen esas aves como alimento y beban agua que brota de la roca”.
Para los habitantes locales de Mizoram, no hay duda sobre el origen de los Bnei Menashé. Lal Thlamuana, de 45 años, un cristiano devoto que es propietario y director de la escuela local Home Mission, no tiene ninguna duda sobre el origen israelita de los mizos (el nombre local de la tribu de la que provienen los Bnei Menashé).
“Incluso los mizos cristianos creen que los Bnei Menashé son descendientes de Israel”, afirma, y procede a explicar varias costumbres y tradiciones antiguas de la comunidad, como la circuncisión de los recién nacidos al octavo día, el matrimonio por levirato y estrictas leyes relacionadas con la menstruación, todas sorprendentemente similares a la ley judía.
Los colonizadores británicos, señala Thlamuana, se referían al pueblo mizo como Lushei, una mala pronunciación de Lu Se, que significa “Diez Tribus”. Según los Bnei Menashé, sus antepasados emigraron hacia el sur desde China para escapar de la persecución, estableciéndose en Birmania y luego desplazándose hacia el oeste hasta lo que hoy son Mizoram y Manipur en la India.
No pasó mucho tiempo antes de que los misioneros lograran convertir a la mayor parte de la población de Mizoram. Pero algunos no se convirtieron.
Hace un siglo, cuando los misioneros británicos llegaron por primera vez al noreste de la India, se sorprendieron al descubrir que las tribus locales adoraban a un solo Dios, estaban familiarizadas con muchas historias de la Biblia y practicaban una forma de judaísmo bíblico. No pasó mucho tiempo antes de que los misioneros lograran convertir a la mayoría de la población de Mizoram. Sin embargo, muchos de ellos (tanto cristianos como miembros de otras tribus) continuaron preservando con orgullo la tradición de que descienden de los antiguos israelitas.
Algunos, sin embargo, no se convirtieron y permanecieron fieles a las costumbres de sus antepasados. De hecho, en las últimas décadas, los Bnei Menashé han construido decenas de sinagogas en todo el noreste de la India, y tres veces al día se vuelven fervorosamente en oración, con la mirada dirigida hacia Sion.
Durante la última década, en gran medida gracias a Shavei Israel (www.shavei.org), la organización que presido, unos 1.700 Bnei Menashé se han trasladado a Israel, donde han pasado por una conversión formal al judaísmo por parte del Gran Rabinato de Israel, con el fin de eliminar cualquier duda sobre su estatus personal.
En marzo del 2005, tras dirigirme al Gran Rabino Sefaradí de Israel, Shlomo Amar, y pedirle que estudiara la comunidad y sus orígenes, el Gran Rabino reconoció formalmente a los Bnei Menashé como “descendientes del pueblo judío” y accedió a facilitar su retorno.
En septiembre del 2005, Rav Amar envió un tribunal rabínico a la India, que convirtió a 218 Bnei Menashé en Mizoram nuevamente al judaísmo, y en noviembre de 2006 todos hicieron aliá hacia Galilea, en el norte de Israel. Un grupo adicional de 230 Bnei Menashé de Manipur hizo aliá en el 2007, completando el proceso de conversión una vez que llegaron a Israel. Parte del grupo se estableció en la ciudad de Nazaret Illit, mientras que el resto se instaló en Karmiel. En los últimos años, dos estudiosos Bnei Menashé han recibido ordenación rabínica, mientras que otro es un escriba religioso certificado cuyos trabajos incluyen hermosos rollos de Ester. En el verano del 2006, más de una docena de jóvenes Bnei Menashé sirvieron como soldados en el frente en Líbano y Gaza.
Michael Freund con un niño Bnei Menashé en India
Quienes aún permanecen en la India continúan profundizando en el conocimiento y la práctica judía, y cientos de Bnei Menashé estudian actualmente en uno de los tres centros educativos que Shavei Israel ha establecido para ellos en Mizoram y Manipur. Pacientemente, esperan el día en que el gobierno de Israel les permita hacer aliá y reunirse con sus amigos y familiares que ya viven en el estado judío.
Para Tzvi Khaute, líder de la comunidad Bnei Menashé en Israel, la separación de su familia en la India no ha sido fácil. Aunque ha vivido en Israel durante diez años y se ha integrado con éxito en el país, todavía siente una profunda nostalgia por sus familiares cercanos que permanecen en India.
Desde muy joven, Khaute siempre supo que, por ser judío, era diferente.
Kaute es uno de seis hermanos, el menor de ellos sirve en el ejército indio. Tiene un primo que es jefe del departamento de inteligencia de la policía en su estado natal de Manipur, y otro primo que fue ministro del gobierno. De niño, al crecer en Churachandpur, Khaute recuerda que no prestaba demasiada atención a la tradición judía.
Como la mayoría de los niños, estaba más interesado en jugar al fútbol con sus amigos y rendir bien en la escuela. Sin embargo, incluso desde muy pequeño, siempre supo que por ser judío era distinto. “Mi abuelo, que era el sacerdote principal del pueblo, nos decía que vivir en la India era solo un paso temporal, y que nosotros, los Bnei Menashé, éramos diferentes del resto del país —política, social y étnicamente”, recuerda Khaute.
Su familia le inculcó un profundo orgullo por sus raíces como Bnei Menashé y, al crecer, comenzó a interesarse más por su herencia.
Observó rituales que más tarde comprendería que eran en muchos aspectos paralelos a la práctica judía moderna. “El Shabat siempre se respetaba como día de descanso”, dice. “Nunca mezclábamos leche y carne, y el pollo y el ganado eran sacrificados por el sacerdote de la comunidad”.
Otras costumbres de los Bnei Menashé que recuerda incluyen una forma de brit milá (circuncisión) seguida de un banquete comunitario; un período de duelo de 30 días (en lugar de los siete habituales en la tradición judía); el diezmo de una décima parte de la producción agrícola para sostener a la clase sacerdotal; y una estricta prohibición de matrimonios mixtos.
La comunidad anhelaba Sion, pero “pensábamos que Sion estaba en el cielo. No sabíamos que era real”, dice Khaute. Tras la creación del Estado de Israel, los Bnei Menashé comenzaron su lucha por llegar a la Tierra Prometida. “La primera carta oficial fue enviada en nombre de los Bnei Menashé a (la entonces primera ministra) Golda Meir en 1974. Escribimos: ‘Somos judíos. Queremos volver a casa’. Pero no recibimos respuesta”.
“Pensábamos que Sion estaba en el cielo. No sabíamos que era real.”
Tras su llegada a Israel hace diez años, Khaute comenzó a trabajar en invernaderos en el pueblo de Sussia. Pero no trabajaba directamente la tierra: con un título en economía de la prestigiosa Universidad de Nueva Delhi, se desempeñó como estadista del invernadero. Para profundizar su conocimiento del judaísmo, también estudió Torá durante seis años a tiempo parcial en la ieshivá Majón Meir en Jerusalem.
Los abuelos de Khaute (quienes influyeron en su despertar judío inicial) fallecieron hace más de diez años sin haber cumplido su sueño de llegar a la Tierra Prometida. Sin embargo, él confía que el resto de su familia y su comunidad pronto podrán hacer aliá. “Rezamos y esperamos por ellos todos los días”, afirma.
La historia de los Bnei Menashé es un testimonio del poder de la historia y la memoria judía. Los Bnei Menashé se aferraron a su identidad a pesar de 27 siglos de dispersión, sin olvidar nunca quiénes son ni de dónde vienen, mientras alimentaban el sueño de que algún día regresarían. Su historia es nuestra historia, y subraya la fe y la resiliencia de nuestro pueblo incluso en las circunstancias más difíciles. Que lleguen a su destino pronto y sin demora.
Este artículo apareció originalmente en www.asianjewishlife.org
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Sumamente interesante el artículos de los miembros de la Tribu Bnei Menashé en La India. Espero que muy pronto puedan hacer aliah todos los miembros que lo deseen. Ya encontramos una Tribu más de las 10 Tribus perdidas de Israel. Am Israel Jai, aunque viva aislado. Bienvenidos a casa.
Qué historia más bonita y alucinante a la vez.
Me ha encantado.