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Ver a través de lentes de color

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Shlaj (Números 13-15 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

No se suponía que debía ocurrir de esa manera. Enviaron a un grupo para explorar la Tierra Prometida, supuestamente para traer un brillante informe que pondría a los israelitas rumbo a la Tierra de Israel. Pero el informe fue devastador y el pueblo se lo tomó de la peor forma posible. En vez de prepararse para entrar a la Tierra, ahora se vieron forzados a prepararse para una nueva realidad: en el futuro cercano tendrían una existencia nómade y el objetivo final quedó fuera de su alcance.

Pero cuando la desilusionante historia de los espías llega a su fin, la Torá sigue adelante e imparte nuevas leyes en una aparente “vuelta a la normalidad”.

La interacción entre la narrativa y la ley en el libro de Bamidbar es fascinante. En general, todo el libro es una narración (a diferencia de Vaikrá, que casi no tiene narración y principalmente consiste en leyes). Sin embargo, las leyes que aparecen en Bamidbar no están allí al azar, simplemente para romper la narración. Las leyes de Bamidbar parecen ser parte de la historia y, en ciertos casos, brindan elucidación y entendimiento. Esto es lo que ocurre con la ley que encontramos a continuación del episodio de los espías:

Dios habló a Moshé para decir: "Háblale al pueblo de Israel y diles: Cuando entren a la tierra que les entrego… (Bamidbar 15:1-2).

El mensaje es inequívoco: a pesar del retroceso, no todo está perdido. Dios sigue adelante y habla del día en que termine el castigo. A pesar del pecado de los espías y de la participación del pueblo en ese pecado, no perdimos la Tierra de Israel; ella continúa siendo nuestra tierra patria. Incluso al sufrir las consecuencias de su falta de fe, al tener que deambular por el desierto, la Tierra de Israel continúa siendo su patrimonio. El mensaje continúa:

Traerán una ofrenda ígnea a Dios, una ofrenda de ascensión, sacrificio de expresión de voto o de ofrenda voluntaria, o en sus festividades designadas, para hacer fragancia placentera a Hashem, ya sea del ganado bovino u ovino (Bamidbar 15:3).

A pesar de lo desoladora que es su situación presente, Dios les asegura que un día tendrán un Templo en Israel en el que celebrarán, llevarán ofrendas y se comportarán de una forma que será placentera para Él. A continuación, la Torá provee información muy específica respecto a esas futuras ofrendas, que incluirán trigo, aceite de oliva y libaciones de vino (15:4-5).

La lista de las ofrendas no nos sorprende. La Tierra de Israel es descripta como una tierra que mana leche y miel, así como “una tierra de trigo, cebada, uvas, trigo y granadas, una tierra de aceite-aceitunas y miel (dátiles)” (Devarim 8:8). De hecho, cuando los espías llegaron a Israel, “cortaron una rama y un racimo de uvas, que dos hombres cargaban con una percha, y trajeron de las granadas y de los higos” (Bamidbar 13:23). Cuando volvieron con el informe sobre sus hallazgos, traían el fruto de la tierra: “Llegamos a la tierra adonde nos enviaste, ciertamente es una tierra que mana leche y miel, y este es su fruto” (Bamidbar 13:27).

Los espías vieron las uvas de Israel y llevaron de regreso grandes racimos, de hecho, tan grandes que dos personas debían transportar un solo racimo. ¿Debería haberles sorprendido que los habitantes locales, cuya dieta consistía en los frutos gigantescos de la tierra, también fueran enormes? Su conclusión debió haber sido que la Tierra de Israel realmente era un lugar maravilloso. El pueblo debería haberse entusiasmado ante la idea de que también ellos muy pronto vivirían de la abundancia casi mágica de la Tierra Prometida, y que sus propios hijos serían grandes y fuertes. Pero en cambio, los espías sólo vieron la realidad física que captaron sus ojos y no dieron importancia a los aspectos espirituales de la tierra y a su conexión con ella. Fueron culpables de ver el futuro a través de las lentes del presente y del pasado.

Quizás este sea el mensaje subyacente de las leyes que siguen inmediatamente a continuación del episodio de los espías. La lección que Dios enseña con estas leyes es profunda: el futuro que tenemos por delante no se parece en absoluto a la realidad del presente. Es un futuro impregnado de santidad y espiritualidad, sin las fronteras de las estructuras físicas y mundanas que limitan la realidad presente. Dios les dice: “Miren hacia el futuro, vean una existencia de santidad”. Las ofrendas que llevarán en la Tierra Santa son de vino, no de las uvas en su forma actual. Los espías sólo vieron el “aquí y ahora”, la realidad física conocida en el presente. Ellos perdieron de vista el poder que tiene la santidad para transformar la realidad mundana en algo mucho mayor. Al igual que el vino, esa realidad futura requiere un proceso, hace falta tiempo y paciencia, fe y confianza. Este es el mensaje que Dios imparte con estas leyes. Los enfoca en una nueva perspectiva del futuro.

Los espías vieron uvas, se alarmaron por el enorme tamaño de los frutos y se aterrorizaron por las personas gigantes. En cambio, Dios les enseña a poner su mirada en el futuro y ver el vino y el servicio sagrado en el Beit Hamikdash. Si los espías hubieran visto el potencial y no sólo la "realidad", nunca hubiesen pecado. Si hubieran visto la santidad y no sólo lo mundano, la permanencia de los israelitas en el desierto habría sido mucho más breve. Si hubieran conservado su fe en la capacidad de Dios para crear una nueva realidad, diferente a todo lo que habían vivido en el pasado, se hubiesen embarcado de inmediato en el breve camino para concretar esa nueva realidad. En cambio tuvieron que embarcarse en un largo y difícil proceso de maduración en el desierto.

La lección de la yuxtaposición de estas leyes con el episodio de los espías es tan relevante en la actualidad como lo fue para la generación del desierto. ¿Qué vemos cuando miramos? ¿Vemos la "realidad", que es simplemente crear en nuestra mente una imagen del pasado y llamarla "futuro"? ¿O vemos el futuro como un potencial? La lección de estos versículos es justamente esta: ver el futuro a través de lentes sintonizados con la santidad nos permite ver una realidad completamente diferente.



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