Vio la cara del terrorista… pero algo la protegió

11/09/2025

3 min de lectura

Un atajo la puso en la línea de fuego. Ella cree que una elección le salvó la vida.

En la mañana del 8 de septiembre de 2025, dos terroristas comenzaron a disparar desde una parada de autobús en el Cruce de Ramot en Jerusalem. Trágicamente, seis personas fueron asesinadas y 21 resultaron heridas. Mi amiga estaba justo en el medio.

Esa mañana, ella se dirigía a una clase de gimnasia y, a último momento, decidió llevar dinero con ella para donarlo a una organización israelí de voluntarios que apoya a víctimas de ataques terroristas y otras emergencias. Normalmente ella hace sus donaciones por Internet, pero recordó que el esposo de su instructora recauda fondos para este grupo y pensó que sería aún más significativo dar la donación en persona ese día.

Así que, justo antes de salir, metió el dinero en su bolso y condujo hacia Jerusalem. Al acercarse a la ciudad, notó mucho tráfico y eligió tomar un atajo por Ramot.

Este es el mensaje que dejó en mi teléfono unas horas después del ataque:

Hoy conducía hacia el gimnasio y había tanto tráfico que tomé otro camino porque no se movía en absoluto. Entonces entré a Ramot para evitarlo. Mientras manejaba vi a un árabe muy cerca de mi auto que estaba vestido como mecánico de autobuses. Recuerdo que por alguna razón pensé que se veía realmente fuera de lugar, pero no sé por qué lo pensé. Simplemente se veía muy sospechoso y muy aterrador. Por un momento pensé que era una locura que alguien así estuviera a cargo de revisar el autobús.

Vi a un conductor de autobús parado en la acera y, de repente, la gente comenzó a correr como loca en todas direcciones con expresiones de terror en sus rostros. Nunca había visto gente tan asustada en mi vida. Estaba muy confundida, lo único que se me ocurrió fue: ‘¡Dios mío! Probablemente hay una sirena y no puedo oírla dentro del auto’. Así que bajé la ventanilla, y escuché disparos, muchísimos disparos.

Todavía no entendí lo que pasaba. Fue como: ‘¿Disparos?’ Entonces me di vuelta con la ventanilla aún abierta y vi a ese hombre parado allí disparando a la izquierda, a la derecha, al centro. Me miró, porque estaba en el auto justo frente a él. Me tomó un momento darme cuenta de que estaba mirando directamente a la cara del terrorista.

Así que comencé a zigzaguear entre los coches, pasé un semáforo en rojo, seguí conduciendo, conduciendo, conduciendo y luego escuché ambulancias y patrullas llegando de todas partes.

Llegué al gimnasio, y tenía el donativo que quería darle a mi profesora. Normalmente, cuando hay algún tipo de campaña de tzedaká, mis hijos me ayudan a donar en línea. Pero había pensado: ‘El esposo de mi profesora está a cargo de esta campaña, ¿por qué no darle el dinero a ella hoy en clase?’ Entonces entendí que por esa pequeñísima decisión que había tomado esa mañana, en lugar de ser sólo otra conductora intentando llegar al gimnasio, había sido una mensajera, un shelíaj mitzvá, llevando tzedaká para víctimas de ataques terroristas. Realmente creo que eso fue lo que me salvó la vida esta mañana.

En las plegarias de las Altas Fiestas, decimos que hay tres cosas que nos dan mérito para el año venidero: la tefilá (plegaria), la tzedaká (caridad) y la teshuvá (arrepentimiento). Ellas pueden cambiarlo todo.

Todavía se me eriza la piel cuando pienso en mi amiga conduciendo directo hacia ese ataque terrorista, bajando la ventanilla de su coche y mirando la cara del terrorista mientras él disparaba en todas direcciones.

Y está es la parte en la que no dejo de pensar: ¡después ella siguió conduciendo hasta el gimnasio! Continuó con su misión de entregar la donación que había puesto en su bolso esa mañana. No se fue directo a casa a calmarse como la mayoría lo habría hecho. En cambio, siguió adelante hasta que esa pequeñísima decisión que había tomado antes de salir esa mañana se convirtió en otra decisión: ver el milagro que le había ocurrido gracias al mérito de lo que estaba intentando dar a los demás.

Cada día enfrentamos muchas decisiones y algunas parecen poco trascendentes en ese momento. ¿Donamos a una caridad en línea más tarde o damos lo que podamos ahora mismo? ¿Aplazamos pedir perdón hasta mañana o levantamos el teléfono hoy?

No fue sólo la donación en el bolso de mi amiga lo que la salvó cuando ella condujo hacia el ataque terrorista. Fue su decisión, antes de salir de la casa esa mañana, de hacer lo que podía con lo que tenía, tan pronto como fuera posible.

Todos tenemos el poder de tomar estas pequeñas decisiones cada día, decisiones que pueden cambiarlo todo en cualquier momento. Que nuestras decisiones nos protejan a nosotros y a toda la nación judía, y que merezcamos un nuevo año lleno de paz, salud y bendición.

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Gabriel
Gabriel
10 meses hace

Esto es lo que yo llamo un milagro.

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