Vivir para todo el mundo

01/01/2026

3 min de lectura

Vaiejí (Génesis 47:28-50:26 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

En la porción de esta semana, Iaakov está en su lecho de muerte y les dice a sus hijos: "Reúnanse, y les diré lo que sucederá al final de los días" (Génesis 49:1). Sin embargo, esta información nunca se revela. En su lugar, Iaakov bendice a cada uno de sus hijos, y no se vuelve a mencionar la visión profética que prometió revelar.

Según Rashí, la Presencia Divina se apartó de Iaakov cuando estaba a punto de decirles a sus hijos lo que ocurriría al final de los días. Dado que Iaakov no podía profetizar sin la ayuda Divina, él bendijo a sus hijos. Pero ¿por qué la Presencia Divina se retiraría de Iaakov precisamente en ese momento?

Rav Naftalí de Rupshitz sugiere que cuando Iaakov miró hacia el futuro, vio todo el dolor que el pueblo judío tendría que soportar hasta el fin de los tiempos, y esto lo entristeció tanto que la Presencia Divina lo abandonó. El Talmud enseña (Shabat 30b) que la tristeza impide que una persona pueda recibir profecía. Por lo tanto, cuando Iaakov se vio abrumado de dolor por el pueblo judío, ya no tuvo claridad sobre los acontecimientos futuros.

Esto nos enseña una poderosa lección sobre lo que significa sentir el dolor de los demás.

Un relato sobre Rav Levi Itzjak de Berditchov es ilustrativo. Rav Levi Itzjak visitó una vez a una persona enferma que estaba muy preocupada por si recibiría un lugar en el Mundo Venidero. Al escuchar la preocupación del hombre, Rav Levi Itzjak llamó a algunos de sus alumnos para que actuaran como testigos y, a continuación, redactó un documento transfiriendo al hombre enfermo su propia porción en el Mundo Venidero. Sus alumnos firmaron el documento y, pocos momentos después, el hombre falleció.

Los alumnos quedaron conmocionados por el comportamiento de su rabino y le preguntaron por qué había actuado de esa manera. Rav Levi Itzjak respondió: "Hacer que un judío que sufre se sienta tranquilo y en paz, aunque sea por un solo instante, vale más que todo el Mundo Venidero".

(Es posible que la recompensa que Rav Levi Itzjak recibió por este gran acto de compasión superara con creces la recompensa que firmó a favor del hombre moribundo).

LOS TRES MUNDOS

Estos ejemplos muestran que las personas sagradas no viven para sí mismas; viven para los demás. Vemos esto en la Torá cuando afirma: "Y Iaakov vivió en la tierra de Egipto" (Génesis 47:28). El Méshej Jojmá explica que Iaakov no vivió en la tierra de Egipto solo por su propio bien; su “vida” fue para todos. Su preocupación por los demás, incluidos los egipcios, afectó al mundo entero, ya que en aquel momento todo el mundo dependía de Egipto para su provisión de alimentos. Así, la total falta de egocentrismo de Iaakov tuvo un impacto positivo en el mundo entero.

Vemos esto también en el versículo en el que Iaakov le dice a Iosef: "Te doy un shjem MÁS QUE A TUS HERMANOS" (Génesis 48:22). ¿Cuál es el significado de la palabra shjem? A un nivel literal, significa "porción". Rashi entiende que se refiere a la ciudad de Shejem, que Iaakov describe como conquistada con su espada y su arco.

Onkelos, en su traducción aramea, define "mi espada y mi arco" como "mi plegaria y mis súplicas".

De acuerdo con Rabí Najmán de Breslov (Likutei Moharán), estas plegarias tuvieron efecto en los tres mundos: el mundo inferior (shafel), en el que vivimos; el mundo intermedio (cojavim), del espacio exterior y las galaxias; y el mundo más elevado (malajim), que es el ámbito de los ángeles. El acrónimo de estas tres palabras hebreas (SH-afel, C-ochavim, M-alajim) forma la palabra SHJEM. (la letra kaf a veces se pronuncia j).

Vemos nuevamente que Iaakov no vivió solo para sí mismo o para su familia. No rezó únicamente en su propio favor ni solo en favor de las personas y ciudades de su entorno inmediato. Iaakov rezó por el acrónimo de Shjem: por todos, en los tres mundos.

Al concluir el Libro del Génesis, debemos reflexionar sobre las lecciones que este nos enseña. Una y otra vez vemos un énfasis en la empatía hacia los demás: desplazar el foco de nuestras preocupaciones individuales y egocéntricas para ser lo más sensibles posible a las necesidades ajenas. Nuestros patriarcas y matriarcas ejemplifican esta cualidad. Es un fundamento necesario, un prerrequisito que debe integrarse en el carácter nacional judío antes de que podamos apreciar la redención del Libro del Éxodo.

Que podamos integrar esta lección en nuestras propias vidas y seamos bendecidos con desarrollar unidad, compañerismo y compasión unos por otros, para que merezcamos la redención final, pronto en nuestros días.

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