Wicked II, el odio a los judíos y la lucha contra la intolerancia

25/11/2025

6 min de lectura

La secuela más oscura destaca la maquinaria de la demonización y la necesidad de coraje moral.

Wicked: por siempre (O Wicked: Parte II) parece menos una secuela y más una señal de advertencia. Después de que el año pasado la película Wicked usara Oz para reflejar los primeros indicios del fascismo, Jon M. Chu regresa con un capítulo más oscuro y agudo que muestra cómo una sociedad puede ser llevada a la crueldad con un rumor, un chivo expiatorio y un “compromiso razonable” a la vez. Esta es la película que necesitamos ahora porque expone los peligros de caminar dormidos hacia el extremismo, la intolerancia y el odio.

Sin revelar ningún spoiler, Wicked: Por Siempre sigue a Elphaba y Glinda en sus trayectorias radicalmente diferentes. Elphaba es una hechicera de piel verde con un corazón de oro que siempre intenta hacer lo correcto. A pesar de sus buenas intenciones, es ampliamente odiada por su apariencia. Cada acción que realiza recibe la peor interpretación posible. La gente la difama constantemente, a veces distorsionando sus palabras reales y otras veces mintiendo directamente, para presentarla como una “bruja malvada”.

El destino de Glinda es muy diferente: ampliamente considerada buena, sus palabras y acciones se perciben de la manera más generosa posible.

Estas dos reputaciones polarizadas son fomentadas por el ineficaz Mago de Oz y la astuta Madame Morrible, que lo incita. Buscando controlar Oz con mano de hierro, ambos conspiran para infundir miedo en la población, designando una creciente lista de criaturas como enemigos contra los cuales los ciudadanos de Oz pueden unirse. En la primera película Wicked, los ciudadanos de Oz fueron incitados a odiar y encarcelar a los animales mágicos parlantes que vivían entre ellos. En Wicked: por siempre, la lista de supuestos enemigos de Oz se expande. La más odiada de todas es Elphaba, presentada como un monstruo que supuestamente quiere destruir todo Oz.

El director Chu reconoce la pertinencia de Wicked: por siempre y su representación del Mago, un “líder carismático que manipula a una comunidad haciéndole creer que Elphaba es malvada solo por defender a un grupo marginado de la sociedad…”. En una escena, Chu incluso recrea un baile de la película de 1940 El Gran Dictador, protagonizada por Charlie Chaplin como un dictador al estilo Hitler que juega y baila con un globo inflable. El Oz de esta película es un lugar oscuro y temeroso donde la gente tiene la “cabeza tan vacía”, como se queja un personaje, que “creerá cualquier cosa”. A medida que el Mago cínico de Oz explota su miedo y su incapacidad de pensar por sí mismos, es fácil identificarse con el miedo y la intolerancia representados en la película.

La creciente intolerancia

Tomemos los desacuerdos políticos. En los Estados Unidos, los votantes son cada vez más propensos a ver a las personas con opiniones políticas diferentes no como actores bien intencionados con puntos de vista distintos, sino como personas malvadas, estúpidas e indignas de confianza. Una encuesta reciente encontró que en 2016 casi la mitad (47%) de los republicanos y más de un tercio (35%) de los demócratas consideraban inmorales a las personas que votaban por el otro partido. En 2024, un sorprendente 72% de los republicanos y 63% de los demócratas sostenían esa opinión.

La intolerancia también está cada vez más presente en los campus universitarios. Una encuesta del 2025 encontró que más de un tercio (34%) de los estudiantes universitarios estadounidenses opinan que es aceptable usar violencia para impedir que alguien con opiniones diferentes hable en el campus; 72% cree que es aceptable gritar para silenciar a un orador que no les gusta. Más de un cuarto (28%) dice mantener sus opiniones para sí mismos durante las discusiones en clase por miedo a ser etiquetados como malos o malvados por sus puntos de vista.

En Gran Bretaña, la mayoría de los estudiantes cree que algunos oradores deberían ser prohibidos por completo en los campus universitarios. Al igual que los habitantes de Oz, quienes desafían nuestras creencias preconcebidas no son personas con las que debatir, sino que son como Elphaba, de alguna manera la encarnación del mal, para ser temidos y evitados.

Wicked y el antisemitismo

Mientras Wicked: por siempre se estrenó en todo el mundo, mostrando el creciente odio de Oz hacia Elphaba, la intolerancia hacia los judíos se estaba filtrando a las calles de la vida real.

El 19 de noviembre del 2025, manifestantes se congregaron frente a la Sinagoga Park East en Manhattan. La sinagoga realizaba un evento informativo para congregantes que consideraban mudarse a Israel. Los manifestantes gritaban en la calle, coreando: “Resistencia, nos haces sentir orgullosos, elimina a otro colono”, “De Nueva York a Gaza, globalicen la Intifada” y “Muerte a las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel)”. Un organizador explicó a los periodistas: “Necesitamos asustarlos”.

Rav Arthur Schneier, que trabaja en la sinagoga, dijo que la multitud le recordaba a la Kristallnacht, la ola de violencia de dos días en noviembre de 1938 cuando judíos y sinagogas fueron atacados en Alemania y Austria. Sin embargo, el evento recibió poca condena. La policía afuera de la sinagoga se negó a intervenir. El alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, se negó a condenar los cánticos o incluso a llamarlos antisemitas, y criticó a la sinagoga por realizar el evento, afirmando incorrectamente que violaba la “ley internacional”. El domingo 23 de noviembre, una multitud similar se dirigió a la sinagoga St. John’s Wood en Londres, pidiendo la destrucción de Israel y proyectando en las paredes “tierra robada aquí”. Como en Nueva York, la policía se mantuvo al margen y no intervino, excepto para evitar que algunos judíos caminaran entre la multitud y accedieran al evento.

Al día siguiente, frente a la concurrida Union Station en Washington DC, un grupo de actores enmascarados representó el libelo de sangre antijudío, la falsa afirmación de que los judíos desean la sangre de niños no judíos. Mientras cientos de personas pasaban o se detenían a mirar y tomar fotos, los actores, con máscaras del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente estadounidense Donald Trump, el expresidente Joe Biden, el secretario de Estado Marco Rubio y el exsecretario Antony Blinken, se alimentaban de partes de cuerpos falsas y sangrientas. Miembros infantiles ensangrentados yacían sobre la mesa. Los actores bebían de copas que parecían contener sangre humana y se limpiaban los rostros enmascarados con banderas israelíes.

Un cartel prominente decía que los hombres celebraban un “Acción de Gracias israelí”, con “miembros de niños de Gaza”, “órganos robados”, “piel cosechada ilegalmente” y “sangre derramada de Gaza”. Nadie detuvo al grupo; pocas personas parecieron ofenderse o molestarse por la escandalosa exhibición.

No es sorprendente esta indiferencia: encuestas recientes muestran que un gran número de personas están dispuestas a creer lo peor sobre los judíos. Una encuesta de 2025 encontró que el 40% de los jóvenes menores de 35 años en todo el mundo cree que “los judíos son responsables de la mayoría de las guerras del mundo”. Es una afirmación absurda, pero que está ganando terreno.

Las personas que viven en sociedades donde es común demonizar a otros, como los ciudadanos de Oz, son más propensas a aceptar calumnias antijudías. La disposición a demonizar a quienes no piensan como uno es un factor clave en el aumento del antisemitismo. Cuando se enseña o incentiva a sentir odio hacia los oponentes, el antisemitismo inevitablemente crece.

Una solución judía

El judaísmo advierte contra la difamación histriónica que caracteriza las películas Wicked y el actual odio hacia judíos y otros chivos expiatorios: “Con justicia juzgarás a tu prójimo. No serás chismoso entre tu pueblo” (Levítico 19:15-16). Es muy fácil insultar y demonizar a quienes no están de acuerdo contigo. La sabiduría judía insta a controlar esos impulsos y tomarse tiempo para pensar antes de hablar.

Con tanto contenido extremista en las redes sociales y en el discurso público, puede ser difícil saber cómo comenzar a frenar el tsunami de indignación y odio. Aquí cinco formas de empezar:

  1. Deja el teléfono. Altos niveles de uso de redes sociales se asocian con opiniones más extremas o llenas de odio. Las conversaciones en persona fomentan una comunicación más saludable y menor nivel de indignación.
  2. Lee un libro. En temas como Israel u otros asuntos importantes, tener una base sólida de conocimiento ayuda a protegerse de puntos de vista extremistas y sesgados. Leer libros o artículos sobre Israel y otros temas permite adquirir perspectiva y una base de conocimiento sólida.
  3. Interactúa con alguien diferente a ti. No temas escuchar opiniones con las que no estés de acuerdo, siempre que la persona esté dispuesta a tener una conversación respetuosa y equilibrada. Aprende al escuchar opiniones distintas a la tuya.
  4. Sé consciente de quién te escucha. Como padres, es fácil caer en discursos negativos sin darse cuenta de que los hijos aprenden de todo lo que decimos. Expresando opiniones de manera respetuosa y mesurada, es más probable influir positivamente en otros.
  5. Está dispuesto a alejarte. Cuando una conversación se calienta o se vuelve irrespetuosa, lo mejor para tu salud mental es alejarse y no participar. Ya sea en persona o en línea, es importante saber cuándo detenerse y concentrar tu energía en otra cosa.

Wicked: por siempre nos desafía a notar el momento que estamos viviendo. Nos pregunta si seguiremos delegando nuestro juicio a consignas, multitudes y mentirosos carismáticos, o si recuperaremos el coraje moral para ver a un ser humano en lugar de un titular. La insistencia del judaísmo en la justicia, la moderación y el rechazo a la difamación no es anticuada en una era de indignación; es una sabiduría necesaria para sociedades libres. Si el odio se vuelve más fuerte, la decencia debe volverse más valiente. Habla con cuidado, aprende profundamente y desafía la demonización dondequiera que aparezca.

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