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Valores Intransables

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23/08/2009 | por Rosie Einhorn y Sherry Zimmerman

Ella quiere una familia judía, pero se enamoró de un joven no-judío. Ahora es el momento de tomar la gran decisión.

Queridas Rosie y Sherry,

Soy una mujer judía soltera, de casi 30 años. A pesar de que no me considero religiosa, siento fuertemente que mis hijos, si es que alguna vez tengo, deberían ser criados como judíos. Mis padres son muy inflexibles en relación a mis salidas con un hombre que no es judío y no hay forma de que ellos transen. De hecho, en el pasado, cuando he salido con no-judíos, ellos han sido muy enfáticos en su desaprobación y sobre la inminente ruina que enfrentaría nuestra relación si nos casáramos.

Tomando en cuenta todas estas cosas, terminé un noviazgo muy serio con un joven católico hace algunos años porque él quería que nos casáramos. Fue una de las experiencias más dolorosas de mi vida. La superé y desde ese entonces he tratado de salir sólo con judíos para evitar futuros sufrimientos y tormentos. Sin embargo, hay cosas que pasan en esta vida sobre las que no tenemos control. Recientemente, empecé a salir con un joven católico. Sentíamos atracción uno por el otro hace algún tiempo, pero nunca hicimos nada al respecto porque él estaba consciente de mis aprehensiones sobre salir con no-judíos. Finalmente, cuando no podíamos soportarlo más, floreció un noviazgo.

Esta se ha convertido rápidamente en la mejor experiencia sentimental de la que yo haya sido parte. Este hombre es maravilloso. Es alguien con quien podría pasar fácilmente mi vida, si no fuera por mi preocupación sobre nuestras diferencias religiosas. Él es todo lo que yo siempre he deseado en una pareja, excepto por una cosa (su religión). Esta única cosa también es algo sobre lo que no tenemos control.

Mi dilema es: no veo posible que mi familia lo vaya aceptar en algún momento de buena gana. De hecho ni siquiera saben que estamos involucrados porque tengo miedo de decirles. Sé que no van a estar de acuerdo y que van a tratar de hacer todo lo que esté en sus manos para disuadirme de continuar con él.

Puedo entender sus motivaciones, porque yo también espero poder criar a mis hijos de una determinada manera. Y no creo que podría tener a mis hijos celebrando fiestas católicas y sentirme bien con eso. He discutido todas estas preocupaciones con el hombre con el que salgo y él parece dispuesto a transar, pero no a convertirse.

Mi pregunta es: ¿Creen que vale la pena ir contra los deseos de mi familia y seguir saliendo con este hombre? O ¿Debiera terminar la relación ahora antes de que se haga más profunda? Puedo defender los dos lados de la situación. Creo que sólo necesito escuchar la opinión de alguien completamente imparcial (no una amiga o un familiar) sobre este tema.

¿Es el amor suficiente para hacer funcionar una relación entre dos personas de diferente religión? Estoy completamente atormentada. El sólo pensamiento de dejar ir a este hombre me está matando, pero temo que debo hacerlo.

Joanne

Querida Joanne,

Vamos a ser muy sinceras contigo y parte de esa honestidad es hacer que entiendas que no somos tan objetivas sobre la situación como te gustaría que fuéramos. Eso dado que sentimos muy fuertemente que los judíos deben casarse con judíos. De acuerdo a la ley judía, es prohibido que un judío se case con un no-judío, esto queda claro en la Biblia, Deuteronomio 7:3. No es porque el judaísmo es racista (claramente no, dado que cualquier ser humano puede convertirse al judaísmo), sino porque el pueblo judío es una especie valiosa que ofrece profundos dividendos. Los valores que el mundo civilizado da por sentados – el monoteísmo, ama a tu prójimo como a ti mismo, paz en la tierra, justicia para todos, educación universal, que todos los hombres son creados iguales, la dignidad del individuo, lo precioso de la vida – todos provienen de la Torá. Este es un impacto enorme y nosotros lo logramos bajo las condiciones más adversas.

Esto no significa que nosotras seamos menos comprensivas de tu difícil situación. De hecho creemos que esto nos permite ser más empáticas, porque entendemos cuán angustiada estás entre tu deseo de tener una casa judía y tu atracción a este hombre no-judío.

Ninguna de nosotras cree que el “amor lo conquista todo”. Años de experiencia como terapeuta y como abogado de divorcios han reforzado esta creencia. Hemos visto, una y otra vez, que una de las fuerzas cohesionantes en el matrimonio son las metas comunes de la pareja. Las parejas que no comparten metas similares empiezan con un gran golpe en su contra y con el paso del tiempo las diferencias generalmente se hacen más pronunciadas. Quieres educar a tus hijos como judíos. El hombre que amas no comparte esta meta y a pesar de que está dispuesto a hacer algunas concesiones, ustedes dos están muy lejos el uno del otro en este aspecto.

Nosotras apoyamos la negociación y el compromiso como una forma de resolver la mayoría de los dilemas que las parejas enfrentan. Esto se debe a que la mayoría de los temas que se pueden ver comprometidos son temas donde uno de los dos no tiene una posición tan fuerte como el otro y puede hacer concesiones sin sentir que está traicionando sus propios valores. O, en el caso de una pareja que ya lleva un tiempo casada, el tira y afloja entre ellos en un gran tema puede ser la forma en la que cada uno de ellos afirma, “Nuestro matrimonio es nuestra prioridad”.

Sin embargo, no animamos a una persona que está pensando en matrimonio a empezar una vida juntos transando uno o más de sus valores básicos – por ejemplo uno tan importante y central para un individuo como la religión y la forma como criar a los hijos. Nunca va a ser feliz con su decisión y en la mayoría de los casos esto va a desgastar su sentido de integridad personal así como la relación con su esposo.

Esther Perel, una terapeuta que aconseja a parejas de diferente religión, dice en la New York Magazine: “La diferencia no es solamente entre Moisés y Cristo. Se trata de temas de dinero, sexo, educación, prácticas educacionales, comida, relaciones familiares, estilos de expresión de las emociones, temas de autonomía – todos esos temas están culturalmente implantados”.

Como puedes intuir, la tensión que se genera tampoco es justa para los futuros hijos. Los psicólogos reportan que muchos niños de “religión dual” expresan una gran rabia hacia sus padres por haberlos puesto en la mitad de un tema que ellos no fueron capaces de resolver. Cuando una persona debe elegir una religión por sobre la otra, siempre hay un sentido inconsciente de elegir a un padre sobre el otro.

Nos parece que esta es la razón por la que tú y este hombre están en este callejón sin salida. Ninguno de ustedes está dispuesto a transar tan significativamente sus valores básicos. Y ninguno de ustedes debería hacerlo. Por favor, créenos cuando decimos que una y otra vez hemos visto gente que trata, y que a largo plazo no funciona.

Como regla, no nos gusta decirles a nuestros lectores qué hacer. Nos piden consejo y tratamos de darles la información y apoyo que necesitan para tomar sus propias decisiones. Pensamos que deberías aguantar el dolor de un rompimiento ahora, antes de que hayas invertido más en tu noviazgo. No estamos diciendo esto simplemente porque no queremos verte casándote con un no-judío. Decimos esto basado en nuestra experiencia trabajando en el centro de los matrimonios y los divorcios, por las razones que ya hemos mencionado.

Si decides dejar de salir con él, sabemos que será muy difícil y doloroso para ti y que te tomará algún tiempo superarlo. Suena trillado decir que la vida no es siempre fácil. Esperamos que, en el largo plazo, te sientas feliz con esa decisión y que seas capaz de seguir adelante camino a un matrimonio exitoso con un hombre judío.

Nos gustaría decir una cosa más antes de terminar y esperamos que no lo tomes de la forma incorrecta. En el principio de tu carta hablas sobre no poder controlar ciertos aspectos de tu vida. Lo más probable es que la atracción inicial que sentiste hacia este hombre estaba más allá de tu control. Sin embargo, tú tomaste la decisión de actuar de acuerdo a tus sentimientos y empezaste un noviazgo. Entendemos lo difícil que fue para ti tomar esa decisión, pero el hecho es que sin importar cuán angustiada estuvieras con el dilema de salir con un no-judío o de seguir tus sentimientos, fue una decisión consciente. Desafortunadamente, dado que tus sentimientos se han profundizado con el tiempo, indudablemente ahora te sientes más angustiada de lo que estabas antes de que los dos siguieran sus sentimientos.

No estamos diciendo esto para hacerte sentir mal o para culparte por tu situación. Sin embargo, creemos que es importante dejar claro que tu situación no fue algo que simplemente “ocurrió”. Una vez que reconozcas esto, te sentirás más capaz de guiar tus propias decisiones en el futuro.

Rosie y Sherry




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