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La conexión entre el ajo y los judíos

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20/01/2022 | por Yvette Alt Miller

Hace muchos años que el ajo se asocia con la vida y la cocina judía.

El ajo, una planta originaria de Asia central, es valorada por su delicioso sabor. Desde los tiempos bíblicos, los judíos amaban el ajo y también se lo consideró un alimento judío durante gran parte de la historia. Aquí hay seis hechos judíos poco conocidos sobre este alimento.

Anhelar el ajo de Egipto

El ajo era tan valorado por los cocineros egipcios que en las cámaras funerarias se encontraron restos de bulbos de ajo. Estos estaban destinados a que los disfrutaran los nobles egipcios en el más allá.

Después de partir de Egipto, los esclavos judíos ahora liberados seguían anhelando el ajo. "Recordamos el pescado que comíamos en Egipto", se quejaron los israelitas con Moshé cuando estaban en el desierto rumbo a Israel: "…los pepinos, las sandías, el puerro, las cebollas y los ajos" (Números 11:5).

El ajo, un ingrediente clave para la comida del Shabat

En la antigüedad, el ajo era una parte fundamental de la celebración del Shabat. El Talmud dedica varios pasajes a hablar del ajo, explicando que ocupaba un lugar clave en las comidas del Shabat. "¿Con qué nos deleitamos en el día de Shabat?", pregunta el Talmud, y registra la respuesta de Rav Iehudá, hijo de Rav Shmuel bar Sheilat, quien recordó las palabras del Rabino de su maestro: "Con un plato de remolacha, un pescado grande y cabezas de ajo" (Talmud, Shabat 11b). En otra parte, el Talmud se refiere a los judíos que celebran el Shabat como "los que comen ajo", a tal grado se identificaban las comidas del Shabat con este fragante vegetal (Talmud, Nedarim 31a).

Los Sabios judíos adjudicaron cualidades importantes al ajo: "Satisface, calienta (el cuerpo), provoca que resplandezca el semblante… algunos dicen que también infunde amor en quienes lo comen y quita de ellos la envidia" (Bava Kama 82a).

Hace mucho tiempo que el ajo se asocia con el romance, a pesar de su fuerte olor, y el Talmud también describe al ajo como una manera de propiciar sentimientos de amor. En particular, una comida de Shabat que contiene ajo es descrita como una manera de crear una atmósfera romántica entre marido y mujer. (Un estudio del 2016 parece corroborar esto, al revelar que "el olor de las personas después de una dosis mayor de ajo se evaluó como significativamente más agradable y atractivo…". Los autores del estudio postularon que esto puede deberse a que los efectos positivos que tiene el ajo sobre la salud vuelven a las personas más atractivas).

El ajo como un alimento "judío"

La historiadora culinaria Claudia Roden explica que "los sefaradim tienen una reputación como amantes de los vegetales incluso para los estándares mediterráneos". Los judíos que vivían en la región mediterránea eran asociados con el uso de vegetales en sus comidas, incluyendo el ajo. De hecho, el ajo era tan popular en los platos judíos que comenzó a ser considerado un alimento "judío". Claudia Roden explica que "los judíos siempre fueron conocidos como consumidores de ajo y cebolla". "En Estambul, cuando los judíos se salvaron de la plaga durante una epidemia terrible, dijeron que el virus no penetró al área judía debido al olor a ajo". Los judíos colgaban bulbos de ajo fuera de sus puertas para protegerse de la plaga como un talismán y una señal de buena suerte.

En algunas comunidades musulmanas desaconsejaban y despreciaban comer ajo. Por lo tanto, el uso del ajo dividía las costumbres culinarias judías y musulmanas, incluso en las áreas donde judíos y musulmanes vivían muy cerca los unos de los otros.

Gil Marks, otro historiador culinario, observó que "históricamente, agregar ajo estaba entre los toques típicos judíos para realzar las recetas locales. En muchas culturas, la presencia de ajo marcaba un plato como judío". Roden señala que guisar carne y verduras en una salsa de cebollas y tomates se consideró durante mucho tiempo como una forma de cocina judía por excelencia. Agregar ajo era una forma común de agregar más sabor a los guisos judíos.

El poeta hebreo italiano medieval Immanuel ben Salomón de Roma, también conocido como Manuelo, escribió un poema cómico a fines del siglo XIII llamado "De los hambrientos, alabanza", en el que describió el papel del ajo en la alimentación judía con términos extravagantes: "Porque el redentor del corazón es la cebolla… el ajo, el puerro, mi paz… El ajo es la flor de la tierra…"

Las "comunidades de ajo" judías en Alemania

Cabezas de ajo, una bolsa con dinero y el distintivo amarillo como las insignias de un judío de la época del renacimiento de la ciudad de Worms (Wiki Commons: Thesaurus Picturarum of Marcus zum Lamm, 3 de Marzo 1544 – 13 de febrero 1606.)

En el medioevo, las áreas alemanas que rodeaban a las ciudades de Speyer, Worms y Mainz contaban con grandes y vibrantes comunidades judías. Una sigla popular para estas áreas estaba formada por las primeras letras de los nombres de cada ciudad: S, W (que en hebreo se escribe con una doble vav, que suena como "u") y M, formando la palabra hebrea shum, ajo. El área era conocida como Kehilat Shum, la comunidad shum, o ajo en hebreo.

Los judíos alemanes estaban tan identificados con el ajo que algunas imágenes antisemitas que quedaron de la Edad Media y del Renacimiento representan a los judíos sosteniendo bulbos de ajo. Algunas de estas imágenes antijudías muestran a un judío sosteniendo en una mano un bulbo de ajo y en la otra mano una bolsa con dinero.

El ajo y el peligro de la inquisición española

Para 1490, los judíos estaban tan asociados con el consumo del ajo que durante la inquisición española el mero hecho de comer ajo podía despertar sospechas e identificar a los judíos para ser torturados y asesinados. Andrew Bernáldez era el capellán del arzobispado de Sevilla durante la inquisición y escribió sobre la persecución de los judíos de la que él fue testigo en su "Historia de los reyes católicos". Allí, el describe escalofriantemente cómo el hecho de comer ajo podía llegar a señalar a alguien como judío.

El odio de Bernáldez hace que incluso hoy en día sea difícil leer su prosa. "Así como los herejes y los judíos siempre han huido de las doctrinas cristianas, también han huido siempre de las costumbres cristianas. Ellos… nunca pierden la costumbre judía de comer la basura de cebollas y ajos fritos en aceite…". El sacerdote señaló que el olor a ajo era algo que podía identificar a un hogar como perteneciente a judíos. Incluso los judíos que públicamente pretendían ser cristianos continuaron comiendo ajo, lo que Bernáldez consideró que era una evidencia de que los judíos continuaban practicando su religión en secreto y, por lo tanto, estaban sujetos a la violencia de la inquisición.

El ajo y la buena suerte

En algunas comunidades judías, el ajo se asociaba con la buena suerte y una forma de evitar el mal. Entre los judíos sefaradíes, el ajo se asociaba con una protección contra el mal de ojo. En ladino, el idioma tradicional de los judíos sefaradíes, la palabra ajo es similar a la palabra ojo. Después de elogiar a alguien, se acostumbraba a protegerlo del mal de ojo (que se pensaba que traía mala suerte) diciendo al ajo ke se la vaiga – que vaya (que sea absorbido) por el ajo".

En algunas comunidades sefaradíes, acostumbraban a poner un bulbo de ajo en una almohada cerca de un bebé en su brit milá, y regalaban dientes de ajo a los huéspedes en el pidión haben del bebé (una ceremonia que se hace para el primogénito varón).

En ídish, el rol prominente del ajo en la cultura judía quedó reflejado en el dicho az men est nisht kein knobl, shrink men nit – si no comes ajo, no olerás mal. Esto significa que si no haces nada malo, no tendrás que ocultar nada.





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