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Tornado en Oklahoma

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22/05/2013 | por Debbie Gutfreund

Cuando no hay palabras, hay lágrimas.

Nunca olvidaré la primera vez que mi hija vio a una persona indigente durmiendo en una caja de cartón en la acera en Manhattan. Estábamos apuradas para encontrarnos con amigos en un restaurante, y yo estaba abriéndome camino a través de las multitudes de peatones cuando sentí a mi hija tirar de mi brazo.

"Mami, mira. Este hombre necesita ayuda. ¡Él está durmiendo en una caja! ¡Tenemos que parar! Tenemos que darle algo para comer. O algo de dinero. O ambas".

Yo no me detuve. Balbuceé algo sobre que hay cientos de personas indigentes durmiendo en harapos en cada esquina de la ciudad. No podemos alimentarlos a todos. No podemos detenernos cada vez que vemos uno. Estábamos tarde.

Caminé más rápidamente y le dije que no se quedara mirándolos fijamente. Pero ella no podía despegar sus ojos cada vez que pasábamos al lado de otra persona indigente en el siguiente par de cuadras. Para cuando llegamos al restaurante, mi hija estaba casi llorando. Yo intenté explicarle que había refugios, comedores de beneficencia y formas en las que podíamos ayudar sin detenernos cada vez que veíamos a alguien pidiendo dinero.

Pero las lágrimas caían por sus mejillas de todas formas. "Estoy tan triste por ellos. ¿Por qué algunas personas tienen que vivir así?".

Yo no tenía una respuesta, pero repentinamente, quería llorar con mi hija. ¿En qué momento perdí mi habilidad de sentir el dolor de otra persona? ¿En qué momento empecé a desviar mi mirada para no ver el sufrimiento?

A veces no hay palabras. Pero hay lágrimas. Cuando el dolor y la devastación van más allá de lo que podemos comprender, puede que no seamos capaces de decir nada. Puede que no seamos capaces de hacer nada. Pero podemos sentir el dolor del otro. Puede que no tengamos palabras, pero aún tenemos lágrimas.

El tornado que azotó a Oklahoma nos deja sin palabras. La tormenta se extendió a lo largo de casi 30 kilómetros con vientos de más de 340 km/h que arrasaron el pueblo de Moore, Oklahoma, arrasando con las casas, un hospital y dos escuelas primarias. Al menos 24 personas fallecieron incluyendo 9 niños y se espera que este número aumente a medida que los equipos de rescate buscan sobrevivientes. Más de cien personas han sido sacadas con vida de los escombros. La escuela primaria Plaza Towers fue completamente arrasada, y padres caminaron kilómetros a través de los escombros del pueblo para buscar a sus hijos que estaban siendo sacados de los escombros. Voluntarios del barrio y padres formaron una línea para ayudar a pasar a los niños rescatados de un par de brazos a otro hasta que todos los niños sobrevivientes habían sido llevados a un centro de distribución transitorio armado en un estacionamiento cercano.

Una de las maestras de sexto grado en la escuela primaria Plaza Tower heroicamente se acostó sobre sus estudiantes para protegerlos de los escombros. "Yo estaba en una caseta de baño con algunos niños y la caseta empezó a derrumbarse, así que me acosté sobre ellos. Nunca pensé que iba a morir. Todo el tiempo solamente seguía gritándoles a ellos "Vamos a estar bien, vamos a estar bien, yo los estoy protegiendo". Todos los estudiantes de Rhonda Crosswhite están ahora a salvo, y sus padres acreditan la sobreviviencia de sus hijos al increíble valor de su maestra.

Hubo reuniones llenas de lágrimas en las escuelas primarias mientras los padres buscaban frenéticamente a sus hijos y lloraban incontrolablemente una vez que los encontraban. Para los padres cuyos hijos no sobrevivieron, la noche fue interminable mientras corrían por los escombros en pánico, aferrándose a sus últimos vestigios de esperanza hasta que los cuerpos fueron encontrados. Cuadras enteras de la ciudad fueron destruidas quedando irreconocibles. Automóviles fueron lanzados en contra de árboles y algunos quedaron apilados encima de otros. Las casas fueron reducidas a astillas de madera en cosa de segundos. No hay electricidad y no hay agua. Aún hay cientos de personas desaparecidas mientras los equipos de rescate intentan despejar los escombros y atender a los heridos.

Una familia de cuatro integrantes, incluyendo un pequeño bebé, sucumbió en su casa mientras intentaban buscar refugio en su congelador.

Los videos y fotografías de esta devastadora tormenta nos dejan a todos sin palabras. Las miles de personas que ahora están sin hogar. Los cientos de personas que no pueden encontrar a sus seres queridos. Los padres que perdieron a sus hijos. El pueblo que ha sido reducido a una irreconocible pila de escombros. Quizás no somos capaces de correr y ayudar. Quizás no somos capaces de detenernos en cada esquina. Pero podemos sentir el dolor de la pérdida. Podemos detenernos por un momento y considerar la enormidad de la devastación.

No hay respuestas. Pero hay lágrimas. Nuestros corazones están con el pueblo de Moore, Oklahoma mientras ellos luchan para salir adelante. Rezamos que pronto se encuentren más sobrevivientes, y rezamos por la recuperación de los heridos. Que sus casas, sus escuelas, y sus hospitales sean reconstruidos rápidamente y que puedan encontrar consuelo para sus pérdidas. No desviemos la mirada de aquellos que están sufriendo incluso si no hay nada que podamos hacer, aparte de llorar por ellos. Incluso si es sólo por un momento. No podemos perder ese sentido de compasión que hizo a mi hija parar en seco en las calles de Manhattan. No podemos olvidarnos de sentir el dolor de aquellos que ya no tienen techo sobre sus cabezas mientras nosotros nos sentamos cómodamente en nuestros hogares.

En una situación donde no hay palabras, hay un corazón humano. Podemos sentir, hacer duelo y quebrarnos cuando nos enfrentamos a una devastación tan grande. E incluso cuando eso es lo único que tenemos para dar, a veces eso es exactamente lo que aquellos que están sufriendo más necesitan.




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