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El Intruso

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20/12/2009 | por Sara Yoheved Rigler

Incluso el sufrimiento nos puede acercar a Dios.

“Aquellos fueron momentos increíbles, momentos exaltados. Fueron momentos de cercanía indescriptible a Dios. Si alguien me ofreciera todo su dinero a cambio del amor que yo experimenté entonces, yo despreciaría su oferta. Fue el regalo más grandioso que recibí en mi vida. Me cambió; cambió completamente mi existencia”.

El lector puede pensar que la joven mujer que disfrutó esta experiencia espiritual beatífica estaba sentada en posición de meditación en un sereno escenario natural – en la cima de una montaña o al lado del océano. En realidad, ella estaba recostada en el suelo de un autobús durante un ataque terrorista.

En la mañana del martes 16 de julio de 2002, Yehudis Weinber de 22 años, una mujer Jasídica madre de un bebé de 14 meses, dejó su hogar en la ciudad de Emmanuel. Ella tomó un autobús a Bnei-Barak para hacer una prueba en una escuela para profesores. Después de haber completado la prueba, ella tomó el autobús de vuelta a Emmanuel. Cincuenta pasajeros estaban a bordo del fortificado autobús antibalas.

Un minuto y medio antes de llegar a la entrada de Emanuel, una explosión sacudió el autobús. Había detonado una bomba plantada en el camino que no pretendía destruir el autobús, sino detenerlo. Entonces los terroristas, ubicados en una colina encima del camino, fueron capaces de dirigir el fuego de sus armas automáticas por una rendija en la carrocería del autobús - las ventanas de ventilación de 15 centímetros de alto que estaban a lo largo del autobús, encima de las ventanas antibalas. Los terroristas dispararon cientos de balas en contra del autobús durante 15 minutos, matando a diez pasajeros e hiriendo a docenas más, antes de que las fuerzas de defensa israelíes pudieran detenerlos.

Yehudis Weinberg trató de refugiarse en el suelo del autobús, pero ya estaba lleno de cuerpos vivos y muertos. Ella fue alcanzada por siete balas. Una bala perforó una arteria mayor en su pierna izquierda. Como ella relata:

Decidí no pensar en la herida, ni en la sangre que estaba perdiendo, ni cuando llegarían los rescatistas, ni por qué las fuerzas de seguridad aún no habían matado a los terroristas. Dije el Salmo 61, palabra por palabra, letra por letra, con una devoción tan profunda como el océano. Yo había leído en un libro que la bendición “todo existe por Su palabra” cancela los decretos malvados, por eso comencé a recitar esas palabras cientos de veces… Muy rápido me di cuenta por qué esta bendición cancela los decretos malvados. Las palabras afirman que Dios está observándome. Él determina exactamente lo que sucederá. Yo estoy completamente en Sus manos, como un infante protegido en el regazo de su madre. Yo voy a experimentar sólo los eventos que Él decida que yo debo experimentar. Y Él me ama con un amor tan fuerte que es imposible describirlo con palabras.

El primer rescatista en llegar a la escena era un médico de las fuerzas de defensa israelíes llamado Eitan. Eitan no sabe cómo ingresó al autobús; “Después del estallido, las puertas estaban trabadas. No podíamos entrar a través de las puertas, y no podíamos entrar a través de las ventanas blindadas. La ventana angosta de arriba al final del autobús estaba hecha añicos, así es que salté por ese espacio. Es imposible que un adulto quepa a través de ese pequeño espacio. Parecía imposible que yo pudiera entrar por ahí, pero de alguna manera lo hice”.

La que vio Eitan fue la visión más aterrorizadora que él había visto en más de 20 años de experiencia. Un especialista en múltiples incidentes con víctimas, Eitan estaba bien entrenado en el principio que dice que los casos más urgentes no son los que están clamando por ayuda. Él siempre obedece la regla de acercarse primero a aquellos que están en silencio.

Esta vez, sin embargo, cuando escuchó a Yehudis gritando, “¡Ayuda! ¡No puedo respirar!”. Eitan inexplicablemente fue hacia ella primero. Él vio la sangre brotando de la herida en su pierna izquierda, e inmediatamente detuvo el sangrado.

En el hospital, los médicos determinaron que si el sangrado hubiese continuado sólo unos cuantos segundos, Yehudis hubiese muerto. Así como estaba, ella tuvo que recibir casi ocho litros de sangre.

La Vida Satisfactoria

 Yo solía temerle al sufrimiento. No me refiero sólo al sufrimiento devastador de una enfermedad o de una pérdida. Si mi computador funcionaba mal, si una blusa nueva se manchaba, si una lata de atún se caía de la repisa de la despensa y rompía mi tazón de cerámica favorito hecho a mano, eso era suficiente para arruinar mi día – o por lo menos mi hora. No sólo me irritaba por el tiempo, el dinero y el esfuerzo que tomaría arreglar el problema, sino que yo me irritaba y me resentía por el hecho de que algo que nunca debió ocurrir, ocurría.

Éstos eran intrusos que ofendían mi sentido de cómo deberían ser las cosas. ¿Cómo se atreven ellos a invadir mi vida?

De acuerdo a mi visión del mundo, se supone que la vida debería girar como una máquina bien aceitada, lo que yo llamo la “vida satisfactoria”:

  • Mientras manejo por el bulevar, me tocan sólo luces verdes en los semáforos.
  • Voy atrasada en mi camino a entregar un paquete importante, pero llego al correo cinco minutos antes de cierren, no cinco minutos después, justo cinco minutos antes.
  • Necesito dos huevos para hornear un pastel para Shabat el jueves en la noche y se me acabaron los huevos, mi vecina todavía está despierta y los tiene.

La "vida satisfactoria" no significa tranquilidad. Yo estaba dispuesta a trabajar, incluso trabajar muy duro, para que todo funcionara perfectamente. ¿Pero una dificultad? ¿Un malfuncionamiento? ¿Un quiebre total? Éstos eran intrusos que ofendían mi sentido de cómo deberían ser las cosas. ¿Cómo se atreven ellos a invadir mi vida?

Luego una tranquila tarde de miércoles, caminé hacia la oficina del Dr. Cohen a buscar el resultado de mi biopsia, y salí con un diagnóstico de cáncer. A lo largo de las siguientes semanas de pruebas y tratamiento, tres cosas eran claras como un cristal para mí:

  1. Este tumor había sido enviado por Dios.
  2. Este tumor era un regalo del amor de Dios.
  3. Este tumor era una invitación de Dios hacia mí para cambiar en forma profunda.

Ninguno de estos puntos fue producto de filosofar o teologizar. Yo sólo lo sabía con claridad total. La Cábala habla del "despertar desde abajo"; refiriéndose a nuestros propios prodigiosos esfuerzos por acercarnos a Dios, y del "despertar desde arriba"; cuando Dios, inmerecidamente, se acerca a nosotros. El amor envolvente de Dios que Yehudis Weinberg sintió mientras estaba herida en el suelo del autobús, lo que ella repetidamente describía como "el mayor regalo que alguna vez recibió en su vida," era sólo un "despertar desde arriba".

Este influjo de apoyo Divino explica por qué yo, qué no podía soportar graciosamente ser despertada tarde en la noche por una llamada telefónica equivocada, me sentía periódicamente, durante las semanas que estaba enfrentando una enfermedad que atentaba contra mi vida, serena, elevada, y con una claridad espiritual privilegiada. Estaba alucinada con el amor de Dios.

Al final de mi tratamiento, no sólo me libré del cáncer, sino que también me libré de mi perspectiva equivocada del mundo.

Al final de mi tratamiento, no sólo me libré del cáncer, sino que también me libré de mi perspectiva equivocada del mundo. Si el cáncer era un regalo del amor de Dios ¿Qué hay de una falla del computador? ¿Una mancha en mi blusa nueva? ¿Un tazón quebrado? Si el cáncer fue una oportunidad de oro para crecer espiritualmente, entonces la falla en el computador debería ser una oportunidad de plata, y la mancha debería ser una oportunidad de bronce.

Me di cuenta cuánta energía había derrochado temiendo y resistiendo el sufrimiento, yo era adicta a la "vida satisfactoria". Es como si cada experiencia desafiante tuviera dos componentes: el dolor en si mismo y nuestro temor/rechazo del dolor. Este segundo factor puede multiplicar el primer factor muchas veces.

Por ejemplo, el temor que a menudo precede a una cita para tapar una caries puede causar días de aprehensión y nerviosismo. Un vez que uno está sentado en la silla del dentista, el dolor de la inyección de Novocaína por sí misma dura menos de unos pocos segundos, mientras que la incomodidad del taladro guarda directa proporción con el nivel de tensión del paciente.

Mi experiencia con el cáncer me enseñó a dejar de cerrar de golpe la puerta en contra del sufrimiento, desesperadamente tratando de bloquearlo con una armería de cerrojos. Una vez que el sufrimiento estaba de pie en mi sala de estar, me di cuenta que él tenía algo para enseñarme.

Comencé a ver que el sufrimiento – tanto grandes aflicciones como irritaciones menores – no era un intruso en la vida, sino que mejor dicho, era el invitado personal de Dios. Y este invitado venía con un propósito.

Lo Que Aprendí de mi Carrera de Hockey 

Cuando era pequeña, debo haber sido la joven más atlética de Nueva Jersey. Pero durante mi primer año en la secundaria, tuve un momento de gloria.

Yo me había unido al equipo de hockey sobre pasto de estudiantes de primer año. (Ellos tomaban a cualquier persona, sin pruebas). Yo estuve la mayor parte de la temporada en el banco, pero una tarde, cuando nuestro equipo jugaba contra el equipo de hockey de estudiantes de primer año de otra escuela, la entrenadora me puso en el juego. Por un golpe de suerte, comencé a manejar mi palo de hockey con verdadera destreza. Incluso marqué dos goles.

La entrenadora estaba agradablemente sorprendida. "Usted realmente está en llamas esta tarde señorita", ella me dijo incrédulamente. Ella decidió ponerme en el juego del equipo universitario menor que inmediatamente seguía a nuestro juego de estudiantes de primer año.

Yo me sentía como Popeye después de sus dosis de espinaca. ¡De repente yo era una estrella de hockey! Me sumergí en el juego con un vigor que yo nunca supe que tenía. Yo manejé la pelota con mi palo de hockey y avancé decididamente. Con habilidad golpeé la pelota y di directamente en el blanco. ¡Yo era una campeona!

Pero, ¿por qué está celebrando el otro equipo? ¿Por qué gritan mis compañeros? ¿Y por qué la entrenadora se agarra su cabeza con consternación?

Yo había golpeado la pelota en el sentido contrario y había marcado un gol para el equipo adversario.

Aquella vez aprendí que más importante que jugar bien el juego es identificar cuál es el objetivo correcto.

Siempre hay sólo un objetivo principal: tener una relación con Dios.

Parece simplista, pero este era exactamente el defecto en la cosmovisión de mi época pre-cáncer. Al principio de un día laboral, pensaba que el objetivo era tener un día productivo en el trabajo. Cuando compraba una nueva blusa, pensaba que el objetivo era verse agradable y ordenada. Cuando me compraba mi taza de cerámica hecha a mano, pensaba que el objetivo era utilizarla para beber cientos de tazas de té de hierbas durante los próximos años.

El judaísmo enseña que siempre hay sólo un objetivo principal: tener una relación con Dios. Como la última línea del Shemá declara inequívocamente: "Yo soy el Señor, tú Dios, que te sacó de la Tierra de Egipto, para ser un Dios para ti".

El Éxodo entero - las plagas, la división del mar, en efecto, todo el sufrimiento de la esclavitud egipcia que precedió al Éxodo – tenía un solo objetivo: establecer nuestra relación personal con Dios.

Éste es el objetivo. A veces este objetivo requiere el drama cósmico del Éxodo. A veces aquella intensa cariñosa relación puede desarrollarse a través del horror de un ataque terrorista, como el que Yehudis Weinberg experimentó. A veces podemos acercarnos más a Dios a través del cáncer. A veces por una falla del computador. A veces por un tazón quebrado.

Todo, todo, en la vida es un invitado personal de Dios. Todo puede servir para acercarnos a Dios.




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