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Hemos perdido a Rav Zejariá Wallerstein

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03/05/2022 | por Breindy Lazor

A través de su propio dolor y de sus dificultades, y con su amor genuino por cada persona, Rav Wallerstein iluminó nuestro propio camino para construir una relación con Dios.

Me cuesta aceptar que hemos perdido a Rav Zejariá Wallerstein, un gran hombre que estaba en las trincheras para ayudarnos a muchos a navegar la adolescencia y los primeros años de adultez. Durante años, mientras estaba soltera, fui a las clases de Rav Wallerstein los miércoles a la noche en Ohr Naava. Cada semana, Rav Wallerstein habló de algo actual y relevante.

Desde la adicción al teléfono celular a la adicción a las gaseosas, desde las citas hasta las drogas, Rav Wallerstein hablaba con un candor que era directo, pero siempre respetuoso; y un tono que era exactamente tan duro o tan suave como era necesario en el momento. Él llegaba a nuestros corazones compartiendo sus propios desafíos y dejándonos saber que podía entendernos debido a lo que él mismo había vivido. Ya fuera su dificultad con escuchar música inapropiada, llegar a aceptar que a personas buenas les ocurren cosas malas o enfrentar el dolor de que su abuela con Alzheimer no lo reconociera, él nos permitió saber que era humano y nos entendía.

A través de su propio dolor y de sus dificultades, o más probablemente a causa de ello, Rav Wallerstein fue capaz de iluminar nuestro propio camino para construir una relación con Dios.

Durante esos años en que luché con mis problemas que parecían ser tan pesados y dolorosos, aprendí de Rav Wallerstein cómo conectarme con Dios a través y con mi enojo, mi confusión o mi preocupación. Rav Wallerstein me enseñó mucho con su apertura, su profundo entendimiento y su compasión por los adolescentes y los adultos jóvenes. Y de forma indirecta, aprendí de él muchas más cosas que sigo implementando en mi vida. El impacto que tuvo sobre mí es difícil de cuantificar, porque es demasiado abarcador.

Gracias a Rav Wallerstein, reevalué y trabajé sobre mi relación con Dios durante muchos años, mientras buscaba a mi alma gemela.

Gracias a Rav Wallerstein, reconocí rápidamente cuando salí con alguien cuyos objetivos de vida no eran compatibles con los míos, y supe que nuestra relación estaría condenada al fracaso si continuábamos adelante.

Gracias a Rav Wallerstein, comprendí que necesitaba asegurarme que mi futuro esposo realmente diera prioridad al judaísmo y que no se limitara simplemente a cumplir con los movimientos externos.

Gracias a Rav Wallerstein, cuando vi a mi propia abuela sufrir de Alzheimer, incapaz de reconocerme, recordé que él había experimentado lo mismo y sentí una pequeña medida de consuelo.

Gracias a Rav Wallerstein, cuando me encontré en un lugar extraño, varada en una estación que no esperaba, elegí reconocer que debía haber una razón para estar allí y me esforcé por crear algo positivo a partir de cada experiencia.

Gracias a Rav Wallerstein, aprendí que Dios anhela tener una relación conmigo, por lo que cada noche le agradezco verbalmente y le digo que lo amo.

De no haber sido por Rav Wallerstein, no sería la persona que soy hoy. No tendría la vida ni la familia que tengo ahora, ni los valores y principios judíos que guían mi vida.

Las palabras de Rav Wallerstein siempre tenían un tono resuelto y que no daban lugar a la discusión, superpuestas con preocupación y amor genuino por el pueblo judío. Uno podía sentir ese amor emanar de todo su ser. No me cabe ninguna duda de que su alma seguirá suplicando por nosotros con el mismo vigor, determinación y firmeza, pidiendo nuestra redención final. Que sea muy pronto, en nuestros días.



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