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Lecciones para quienes constantemente posponemos lo que tenemos que hacer

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09/03/2022 | por Emuna Braverman

¿Acaso el reloj se mueve más rápido o más lento de lo que piensas?

“Los días son cortos y la tarea es mucha”, declara Rabí Tarfón en Pirkei Avot. ¿Qué significa esto? A veces lo último que parece ser un día es corto (¡en especial cuando tenemos en casa muchos niños pequeños debido al Covid o a un día de nieve!). De hecho, más a menudo la gente dice que los días son largos y los años son cortos. Algunos días parecen no acabar nunca, pero los años pasan volando.

Con mi esposo estábamos conversando sobre su maestro de 5to grado… ¡y entonces nos dimos cuenta que estábamos hablando de un evento que ocurrió hace 52 años! Esos años por cierto pasaron muy rápido.

Una de nuestras actividades favoritas en la tarde de Shabat es mirar álbumes de fotos de cuando nuestros hijos eran pequeños. Eso les da a los niños la oportunidad de reírse de cómo nos vestíamos, los cortes de pelo, lo que sea. Pero además de la diversión, no podemos dejar de reflexionar sobre lo rápido que pasó el tiempo. ¡No parece que fue hace tanto tiempo que las madres de los bebés eran los bebés!

Con “los días son cortos y la tarea es mucha”, creo que Rabí Tarfón nos enseñó que la vida de una persona pasa más rápido de lo que nos damos cuenta. Pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo, nos damos vuelta y de repente tenemos… ¡64 años! Si esto llegó tan rápido, presumiblemente también otras cosas lo harán. Nos vamos a dar vuelta y, si Dios quiere, tendremos 74 y 84. ¡Ay!

Es un poco intimidante. Es un poco abrumador. Además, la tarea es mucha. Hay mucho que hacer.

Por lo tanto, si aún no lo hemos hecho, tenemos que empezar… ¡Ahora! Digamos, ayer. Literalmente, no hay tiempo que perder.

Cualquier cosa que deseemos aprender, cualquier aspecto que queramos desarrollar, cualquier conexión que queramos entablar con la familia, los amigos y con Dios, el momento es ahora.

Este es un pensamiento aleccionador. Especialmente si tenemos la costumbre de posponer siempre las cosas. Y todos lo hacemos en ciertas áreas. Especialmente en las más complicadas. Las más difíciles. Las que requieren un mayor esfuerzo.

“La tarea es mucha”. Nunca lograremos hacer todo: no todo el aprendizaje, ni todo el crecimiento, ni todos los cambios. Es tentador ni siquiera tomarnos la molestia de intentarlo.

Rabí Tarfón parece haber anticipado esta reacción, porque en su siguiente declaración en Pirkei Avot nos recuerda que no depende de nosotros completar la tarea, sino tan sólo de comenzarla. En vez de preocuparnos porque nunca acabaremos, y por lo tanto para qué molestarse en empezar, sólo debemos comenzar. Invertir esfuerzo e intentarlo.

Existe el riesgo de ver la amplitud de la tarea y paralizarse. Pero eso sería un desperdicio, en realidad una tragedia. No está en nuestras manos asegurar el final de un proyecto, llegar a concretar nuestras metas. Pero sí depende de nosotros comenzar, actuar, hacer el esfuerzo.

El tiempo se acaba. Los días en verdad pasan volando. Y tenemos una gran tarea por delante. No podemos perder la oportunidad. No queremos perderla. Nunca es demasiado tarde para aprender, para crecer, para conectarse. Como dijo Hilel: “Si no ahora, ¿cuándo?”




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