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Nuestras vidas están llenas de esperas interminables

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11/11/2021 | por Emuna Braverman

Esperar, esperar y esperar. ¿Cómo soportarlo sin volvernos locos?

Pasamos mucho tiempo esperando… Esperando ser grandes (¡y después desear que no hubiera ocurrido tan rápido!); esperando para pasar de la primaria a la secundaria; esperando recibir nuestra licencia de conducir y el sabor de la independencia; esperando ser aceptados en la universidad y luego graduarnos y conseguir nuestro primer empleo; esperando encontrar la persona correcta para casarnos y luego casarnos; esperando para tener hijos y luego ver todo el proceso comenzar nuevamente desde nuestra perspectiva: esperar que ellos duerman toda la noche (esperando poder dormir nosotros toda la noche. ¡Yo sigo esperando!); esperando que dejen de usar los pañales, que se les caiga su primer diente, que vayan a la escuela y así continúa.

La espera es constante e interminable. Ahora mismo, entre otras cosas, estoy esperando que se venda mi casa en Los Ángeles (¿algún interesado?) y que mi casa en Nueva Jersey esté lista. Estoy esperando ser vacunada y que está odiada enfermedad desaparezca. Estoy esperando que algunos de mis hijos tengan bebés y que otros encuentren sus compañeros de vida, que algunos encuentren empleo y otros una casa nueva.

Siempre hay algo por lo que estamos esperando, y ni siquiera mencioné la espera más larga de todas, la espera por el Mashíaj y la Redención final.

Dado que esperar parece ser una parte inevitable de la vida, debemos encontrar una forma de enfrentarnos con la espera. No podemos simplemente desear que desaparezca. No podemos poner nuestras vidas en pausa mientras esperamos que ocurra un evento en particular o llegar a un hito específico.

¿Cómo podemos sobrevivir a esta espera sin volvernos locos?

Pienso que la respuesta más importante es la aceptación. Si nos decimos a nosotros mismos que no deberíamos tener que esperar, que nuestras necesidades deberían ser satisfechas de forma instantánea, que nuestras vidas deberían ir más rápido y que las oportunidades deberían llegarnos mágicamente, entonces viviremos en un estado constante de frustración y decepción.

Si nos decimos que la espera es simplemente parte de la vida, si recordamos el viejo dicho que repetían nuestras madres: “Lo bueno se hace esperar”, entonces podremos pasar nuestros días –y nuestros desafíos– con mayor tranquilidad.

Es fácil decirlo… No se a ustedes, ¡pero a mi definitivamente se me está haciendo difícil esta situación de espera! Cuando mis hijos son solteros, me resulta difícil esperar a que se comprometan, cuando están comprometidos es un desafío esperar hasta que se casan, cuando están casados, es difícil esperar hasta que tengan un bebé, y luego esos nueve meses… ¿Qué puedo decir? ¡Nunca acaba!

Pero también reconozco que esa no es una forma de vida (¡y si no lo reconozco, mi esposo amablemente me lo recuerda!). Cada día, cada momento es sumamente valioso. No quiero desperdiciarlos enfocándome en el futuro en vez del presente. Por lo tanto, por milésima vez (pero quien está contando), voy a respirar profundo e intentar mantenerme en el "aquí y ahora". Me voy a enfocar en lo bueno que hay en mi vida en este momento, no el bien anticipado o futuro, y por eso voy a agradecerle a Dios.

Si logro expresar mi gratitud por este mismo momento, puedo mantener controlada la ansiedad por el futuro y disfrutar del presente. Tengo que intentarlo; ¡este momento es demasiado valioso para desperdiciarlo!




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