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Feng Shan Ho: un héroe que salvó a miles de judíos

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26/12/2021 | por Yvette Alt Miller

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Cónsul General de China en Viena ayudó a los judíos de Austria.

El 12 de marzo de 1938, la Alemania nazi anexó Austria en lo que se conoce como el Anschluss. Esta unión marcó el comienzo de un reinado de terror para los 200.000 judíos de Austria.

Los judíos de Austria intentaron desesperadamente salir del país, pero encontraron obstáculos insuperables. El régimen nazi insistió que los judíos sólo podían salir si poseían una visa de entrada a otro país. A pesar del terrible peligro en que estaban los judíos austríacos y alemanes, una nación tras otra fue cerrando sus puertas a los desesperados refugiados judíos.

La fría indiferencia del mundo ante la desesperación judía tuvo su máxima expresión en un gran encuentro internacional que tuvo lugar en Evian, Francia, en julio de 1938. La Conferencia de Evian selló el destino de millones de judíos europeos: los líderes de los 32 países más grandes declararon su apoyo a los judíos perseguidos, pero les dieron la espalda cuando tuvieron que ofrecer ayuda material. Cada uno de estos importantes países se negó a emitir grandes cantidades de visas de entrada.

Para el gobierno nazi la Conferencia de Evian fue una victoria. A pesar de protestar contra la demonización de los judíos por parte de los nazis y de que sistemáticamente los despojaran de sus derechos, las naciones del mundo se mostraron reacias a abrir sus puertas a los judíos. Las cuotas de visas de entrada se mantuvieron deliberadamente bajas y muchos diplomáticos incluso se negaron a llenar para los judíos la cuota de visas que sus países permitían.

Pero hubo un diplomático extranjero que se negó a mantenerse pasivo y decidió ayudar a los judíos de Austria emitiendo las valiosas visas de entrada que les permitieron escapar: el Dr. Feng Shan Ho, Cónsul General de China en Viena.

Ho Feng Shan, el “Schindler chino” que salvó a miles de judíos – Jewish Business News

En 1938, Dr. Ho era un sofisticado diplomático de 38 años. A pesar de haber crecido como un huérfano pobre en el campo de China, el dinamismo y la brillantez del Dr. Ho lo impulsaron a buscar una educación y a sobresalir en la escuela. Él completó su doctorado en Alemania, hablaba varios idiomas y tenía un amplio círculo de amigos en Viena, entre ellos muchos judíos.

En 1938, Dr. Ho comenzó a emitir visas para los judíos, permitiéndoles entrar a la ciudad de Shangai. Algunos de los judíos que él ayudó efectivamente viajaron a Shangai, pero Dr. Ho otorgó las visas a los judíos sin que le importara a dónde tenían la intención de viajar. Muchos planearon viajar a Canadá, a las Filipinas o la Tierra de Israel. Dr. Ho sabía que cada visa que emitía aseguraba que un judío pudiera escapar de Austria.

En 1938, Eric Goldstaub tenía 17 años y visitó 50 consulados en Viena rogando visas de entrada que permitieran escapar a su familia. En cada consulado lo rechazaron. Finalmente fue al consulado chino, en donde Dr. Ho emitió 20 visas que permitieron que toda la familia de Eric pudiera escapar del país. Otra judía vienesa, Lilith-Sylvia Doron, recordó que Dr. Ho solía visitar la casa de su familia frecuentemente. “El aseguraba que gracias a su estatus diplomático, los nazis no se atreverían a hacernos daño… Ho continuó visitando nuestra casa de forma permanentemente para protegernos de los nazis”.

Las acciones del Dr. Ho para ayudar a los judíos de Austria despertaron sospechas. Su supervisor directo era el embajador Chen Jie, quien representaba a China en Berlín. El embajador Jie manifestaba abiertamente su deseo de fortalecer lazos entre Alemania y China y le ordenó a Dr. Ho que dejara de emitir visas. Pero Dr. Ho se negó a aceptar esta orden directa y en cambio redobló la cantidad de visas que permitían salvar vidas.

Muy pronto Dr. Ho tuvo que enfrentar otro obstáculo. El edificio que albergaba al consulado de China en Viena era propiedad de un judío y los nazis confiscaron el edificio y desalojaron al consulado. Rápidamente Dr. Ho rentó una nueva oficina con su propio dinero para poder seguir emitiendo visas y salvar vidas.

Para noviembre de 1938, se sabía que Dr. Ho y el consulado chino en Viena eran el último recurso que les quedaba a los judíos. El 9 y 10 de noviembre, Alemania y Austria se vieron convulsionadas con violentos pogromos antijudíos. Una multitud salió a la calle, incendiaron la mayoría de las sinagogas de Viena, saquearon los negocios de judíos y atacaron a los judíos en las calles. Miles de judíos fueron enviados a los campos de concentración de Buchenwald y Dachau. A sus familias les dijeron que podían ser liberados si les conseguían visas o permisos de viaje a otros países.

Cada día había largas filas esperando afuera del consulado chino. Guerda Gottfried Kraus recuerda que estaba parada en una de esas filas y vieron que el auto de Dr. Ho se acercaba al consulado. Ella y su esposo corrieron hacia el auto de Dr. Ho y su esposo le arrojó por la ventanilla su aplicación para la visa. “Aparentemente el Cónsul General recibió el formulario, porque después lo llamaron y recibió las visas”, recordó Guerda años más tarde. Guerda y su esposo pudieron salir de Austria y eventualmente se asentaron en Canadá, todo gracias a Dr. Ho.

Monto y Manli, los hijos de Ho Feng Shan, exhiben sus diplomas de “Justo de las naciones” en Yad Vashem, Jerusalem

En 1940 sancionaron a Dr. Ho por desafiar a sus superiores y le ordenaron partir de Viena. Él tuvo una larga y variada carrera diplomática y nunca habló sobre sus actividades para ayudar a los judíos durante la guerra. Sus hijos sólo se enteraron de sus acciones después de su muerte, en 1997.

Dado que Dr. Ho nunca le contó a nadie cuántos judíos salvó, es imposible saber el verdadero alcance de su heroísmo durante la guerra. Los historiadores señalan que una visa emitida por Dr. Ho tiene un número de serie de casi 4.000. Actualmente se estima que Dr. Ho salvó la vida de varios miles de judíos austriacos.

Manli, la hija de Dr. Ho, dijo: “Es completamente acorde con su forma de ser. Esa era la clase de persona que era mi padre, con muchos principios, sincero y una gran integridad”.

En el año 2000, Yad Vashem otorgó al Dr. Feng Shan Ho el título de "Justo de las naciones, por su coraje humanitario al emitir visas chinas a los judíos de Viena a pesar de las órdenes contrarias de su supervisor”.

 





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