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Ideas judías revolucionarias que formaron la base de la civilización occidental

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02/11/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

Ideas fascinantes del famoso autor Thomas Cahill, quien falleció esta semana.

Thomas Cahill, el popular escritor de historia, falleció a los 82 años. Cahill se vio catapultado a la fama con su libro más vendido: Cómo los irlandeses salvaron la civilización, el primero de "Bisagras de la historia", una futura serie de siete volúmenes (escribió seis) relatando los momentos formativos de la civilización occidental.

En los círculos judíos Cahill es más conocido por su aclamado y exitoso segundo libro de la serie: El legado de los judíos: El modo en que una tribu de nómadas del desierto cambió el modo de pensar y sentir de Occidente.

De hecho, su libro fue un regalo para los judíos, ya que llevó a la audiencia general una valoración conmovedora e intelectualmente estimulante de los revolucionarios valores e ideas judíos que se convirtieron en la base de la civilización occidental. El libro brinda una inyección de orgullo judío con esteroides.

Cahill escribió:

"Los judíos dieron comienzo a todo, y con "todo" me refiero a muchas de las cosas que nos importan, los valores subyacentes que nos mueven a todos, judíos y gentiles, creyentes y ateos. Sin los judíos veríamos el mundo con otros ojos, escucharíamos con otros oídos, incluso sentiríamos con otros sentimientos. Y estableceríamos un curso diferente para nuestras vidas… Su visión del mundo se ha convertido en una parte tan importante de lo que somos que en este momento incluso podríamos considerar que fue escrita en nuestras células como un código genético".

Aquí hay algunos pensamientos y citas inspiradoras del libro de Cahill que describen parte de los legados de los judíos.

1. La perspectiva judía del tiempo

Todas las evidencias apuntan a que hubo, en el pensamiento religioso más antiguo, una visión del cosmos profundamente cíclica. Las suposiciones que el hombre primitivo hizo sobre el mundo eran, en todos sus elementos esenciales, muy poco diferentes a las suposiciones que harían de una manera más elaborada sociedades posteriores y más sofisticadas, como Grecia e India. Como dijo Henri-Charles Puech sobre el pensamiento griego en su obra clásica El hombre y el tiempo:

"Ningún evento es único, nada se representa sólo una vez…; todo evento que fue realizado, se representa y se representará perpetuamente; los mismos individuos han aparecido, aparecen y aparecerán en cada vuelta del círculo".

Cahill escribe cómo la vida era vista como parte de un ciclo interminable de nacimiento y muerte. La humanidad se consideraba estancada en un ciclo repetitivo interminable, incapaz de liberarse y cambiar su futuro. Era como estar estancado en un círculo constante de películas de Marvel, una secuela tras otra. En última instancia, nada de lo que hacemos importa.

Con la revelación de la Torá, los judíos comenzamos a ver el tiempo de otra forma. El tiempo no es circular, es linear, con una narrativa que tiene un comienzo, un medio y un triunfante final al cual está destinada la humanidad. Y cada generación, cada persona, contribuye a escribir y dar forma a la historia, con el propósito de hacer que el mundo sea un lugar mejor. Podemos progresar y movernos hacia adelante, y todo lo que hacemos tiene importancia.

Cahill escribió:

"Dado que el tiempo ya no es cíclico sino que va en una dirección y es irreversible, la historia personal ahora es posible y una vida individual puede tener valor… Los judíos fueron el primer pueblo que se liberó de ese círculo, para encontrar una nueva forma de pensar y experimentar, una nueva manera de entender y sentir al mundo, tanto que podemos decir con justicia que a ellos pertenece la única idea nueva que los seres humanos tuvieron en toda la historia".

Este concepto judío del tiempo como un drama en desarrollo que lleva a un destino final, está encapsulado en la palabra hebrea para tiempo: zman. La raíz de la palabra hebrea zman es zamen, que significa manifestar o "producir". El tiempo es una "invitación" (en hebreo hazmaná, que viene de la misma palabra), o "prepararse y aprontarse" (mizuman) para el futuro. Somos participantes activos en la configuración de nuestro destino.

2. Las ramificaciones de que Dios sea Uno

Cahill describe las ramificaciones de la revolucionaria idea de Abraham: el monoteísmo. Allí hay mucho que decir. Esta es la primera mitad de la cita:

"Los judíos fueron el primer pueblo que desarrolló una perspectiva integrada de la vida y de sus obligaciones. En vez de imaginar las demandas de la ley y las demandas de la sabiduría como reinos discretos (tal como los sumerios, los egipcios y los griegos), ellos imaginaron que toda la vida, al haber surgido del Autor de la vida, estaba gobernada por una misma perspectiva. Lo material y lo espiritual, lo intelectual y lo moral eran una misma cosa: "Escucha, Oh Israel, YHVH es nuestro Dios, YHVH es Uno". La gran fórmula no es que hay un Dios, sino que Dios es Uno".

Los judíos trajeron al mundo el concepto de un Ser Infinito que es la fuente de toda la creación. Dios no sólo es el Creador, Él es quien mantiene continuamente todo lo que existe. Así como la singularidad del ADN de una persona impregna cada partícula de su cuerpo, todo es una expresión del único "Autor de la vida".

Esta "perspectiva simple" que Cahill menciona resulta en una visión unificada del reino material y del reino espiritual. A diferencia de otras religiones que consideran que los dos están en constante conflicto, con lo físico contaminado por el mal y alejándonos de la dimensión espiritual, el judaísmo ve el mundo de manera holística: todo emana de una única Fuente Eterna. El mundo físico nos brinda la oportunidad de usarlo sabiamente y elevarlo, dando como resultado una vida repleta de santidad.

Dios no está sólo en la sinagoga y en los textos espirituales. Él está en la cocina y en el dormitorio. La espiritualidad no se alcanza alejándose a una montaña, aislándose del resto del mundo, con el celibato y rechazando lo material. Sólo al sumergirnos en lo físico y aceptar el desafío de usarlo para un propósito superior, uno se vuelve espiritual. El judaísmo rechaza la idea de la dualidad.

Cahill continúa su cita, llevando a un fascinante entendimiento del judaísmo y la ciencia:

"De este entendimiento surgirán no sólo las preferencias integradoras y universalistas de la filosofía occidental, sino también la posibilidad de la ciencia moderna. Porque la vida no es una serie de experiencias discretas, influenciadas por diversas fuerzas. No vivimos en un universo fragmentado, controlado por dioses volubles y guerreros. Como canta Bob Dylan: 'Toca las campanas, dulce Marta, por el hijo del pobre. Toquen las campanas para que el mundo sepa que Dios es Uno'. Dios y el hijo del hombre pobre van juntos. Debido a que Dios es Uno, la vida es un continuum moral y la realidad tiene sentido".

Dado que toda la vida surge de una fuente integrada, nada es aleatorio o disparatado. En el universo hay orden, y cuanto más profundizamos, mayor sincronicidad podemos encontrar en sus fundamentos. Unidad significa que hay un sentido de la realidad; se la puede estudiar y comprender. La ciencia no está en conflicto con la religión; es otro prisma  a través del cual podemos percibir el intrincado orden y diseño de la vida.

En las palabras del ganador del premio Nobel, Dr. Roald Hoffmann: "Yo creo que la ciencia y la tradición religiosa judía comparten esto: la convicción de que este mundo es muy real y tangible, que el mundo y los actos de los seres humanos tienen importancia, y que podemos encontrar un orden. Esta perspectiva compartida es mucho sobre lo cual se puede construir".

Cahill describe muchos otros legados de los judíos: la igualdad ante la ley, el valor sagrado de la vida humana, la creencia en un Dios afectuoso y benevolente, el Shabat, el imperativo de efectuar actos de bondad… valores básicos que el mundo hoy en día da por obvios, y por los cuales muchos detestan dar crédito a los judíos.

Como escribió Cahill: "Nuestra historia está repleta de ejemplos de aquellos que se negaron a ver lo que son realmente los judíos; quienes —por ceguera intelectual, chauvinismo racial, xenofobia o simplemente maldad— fueron incapaces de dar lo que le corresponde a esta tribu excéntrica, a esta banda de vagabundos, a esta raza de nómadas que son los progenitores del Mundo Occidental".




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